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Red Internacional
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Diputados. Derrota de Milei en el Congreso: cayó la ley ómnibus y su destino es incierto

Este martes tras salir rechazados varios artículos que complicaron la delegación de facultades, el gobierno tuvo que volver a foja cero para evitar una derrota mayor. Festejos en calle: las movilizaciones ganan confianza y van por la caída del DNU.

Jesica Calcagno

Jesica Calcagno @Jesi_mc

Miércoles 7 de febrero de 2024 03:14

Todavía los diputados y diputadas trataban de entender el naufragio de la Ley ómnibus, y en el Palacio retumban los festejos de la calle cuando llegó la noticia de que había caído. Cacerolas y bocinazos inundaron los pasillos del Congreso. La bronca está creciendo, y los tarifazos en el transporte que empezaron a regir este mismo martes dieron más motivos para una nueva concentración frente al Congreso. Las protestas tuvieron un rol central, se extendieron en muchas ciudades del país y mostraron esa otra mitad que no eligió a este gobierno. Están dispuestos a enfrentar el plan de ajuste de Milei y empezó a multiplicarse el comentario “ahora vamos por tirar el DNU”. "¿A dónde está que no se ve esa famosa CGT?" o "paro, paro paro, paro general" fueron cantos que se popularizaron, apuntando a las conducciones sindicales para que den continuidad a las medidas de lucha. Es que para enfrentar todo el plan económico, un paro y una movilización no alcanzan.

Este martes fue convocada la sesión que tenía que votar artículo por artículo. Apenas pudieron votar los primeros 6, y el oficialismo tuvo que proponer que vuelva a comisiones para evitarse una derrota mayor de la que estaba sufriendo. La decisión implica que pierde validez hasta la aprobación en general del viernes pasado. El tratamiento tendría que volver a empezar….si es que el gobierno puede.

El gobierno arrancó festejando al inicio la aprobación de la declaración de emergencias y la delegación de facultades (en 6 áreas: económica, financiera, administrativa, energética, tarifaria y seguridad). En ambos casos salió con 134 votos a favor. Pero ya algo olía mal cuando el cordobés García Aresca estuvo entre los votos negativos para la delegación de facultades.

Todo lo que vino después se tornó una pesadilla para La Libertad Avanza: al momento de ir a los artículos con las bases de las delegaciones, empezó a perder las votaciones. De esa forma, las facultades delegadas en materia energética, administrativa (que hacen a las reformas del estado) y de seguridad quedaban caídas. Los votos negativos empezaron a crecer: llegaron a un pico de 154. Un número que superó en 20 las voluntades que logró reunir el gobierno en los primeros artículos, y 10 más de las que aprobaron la ley en general el martes pasado (con 144 afirmativos). Fue entonces cuando Miguel Ángel Pichetto lanzó al oficialismo “les encanta seguir perdiendo, traten de ver cómo receptar algunas propuestas y ganar”. Entre risas que estallaron en el recinto, finalmente el oficialismo pidió un cuarto intermedio. El artículo que debía continuar en la votación era el de las privatizaciones, que se venía hundiendo en el pantano de las negociaciones. El panorama era cada vez más negro para La Libertad Avanza.

La decisión de volver el debate a comisiones se tomó con la presencia de Santiago Caputo, asesor presidencial, en el despacho de Martín Menem. Tanto el oficialismo como los bloques llamados dialoguistas a esa altura solo tenían una certeza: que si continuaban iba a ser peor la derrota del gobierno.

Como veníamos informando, las negociaciones entre el gobierno, las provincias y los bloques colaboracionistas estaban trabadas centralmente en tres puntos: la coparticipación del impuesto país, el fondo de garantía de sustentabilidad y las privatizaciones. Simplificado: una disputa por la caja por un lado, y por otro para hacer valer su propio rol como “dadores de gobernabilidad” en el Congreso. En el caso de las privatizaciones, la UCR y Hacemos Coalición Federal estaban dispuestos a votar algunos paquetes de empresas públicas a privatizar (aunque tenían algunas diferencias de cuáles sí y cuáles no al interior de sus bloques), pero a condición de que haya “controles” de ambas Cámaras.

Unión por la Patria, el Frente de Izquierda, el Partido Socialista de Santa Fe y la cordobesa Natalia de la Sota fueron quienes rechazaron de plano el conjunto del proyecto y lo venían haciendo público. En el caso de la bancada de los 5 diputados y diputadas de la izquierda fueron la cara de la oposición en el recinto y en la calle, acompañando todas las protestas.

La seguidilla de rechazos en la votación en particular fue una forma de los bloques dialoguistas y las provincias de aleccionar al gobierno de Javier Milei. Demostrarle que los necesita si quiere avanzar con su plan, y que nada es gratis. La movida en el recinto para juntar los votos negativos fue encabezada por los cordobeses que responden al gobernador Llaryora, el que más venía tensionando las negociaciones. No solo para hacerse de más recursos para su provincia: también le es redituable mostrarse “marcándole la cancha” al Poder Ejecutivo de Buenos Aires.

Quienes se mantuvieron firmes hasta el final apoyando a La Libertad Avanza fueron el PRO, Pichetto y López Murphy, y los 3 tucumanos ex Unión por la Patria que responder al gobernador Jaldo.

Del otro lado, llegaron a votar en contra en uno de los artículos hasta el bloque de dos diputadas de Carolina Píparo, que se contaban entre las aliadas firmes del oficialismo. Aportaron lo suyo también en la derrota del gobierno 2 diputados que responden a gobernadores del PRO pero están en el bloque de Pichetto. Fue el caso de Agost Carreño (cordobés que reporta a Rogelio Frigerio) y Jorge Ávila de Chubut (que lo hace al gobernador Nacho Torres). Hasta Massot, Monzó y Randazzo aportaron con su rechazo en algunas votaciones. En la UCR, los negativos comenzaron siendo tibiamente entre 4 y 6, y escalaron a 20 rechazos hacia el final de la fallida sesión. Fue como una ola que fue creciendo cuando se expuso más crudamente la debilidad de un gobierno que se mantenía intransigente en algunos puntos de la negociación con los pies en el aire.

En La Libertad Avanza reinaba la frustración y el enojo, que intentaron sobrellevar lanzando acusaciones a los bloques que cinco minutos antes eran sus aliados. Al tuit de la cuenta oficialista que difundió un “la traición se paga cara”, se sumaron las declaraciones del presidente de su bloque Oscar Zago que acusó a los dialoguistas de “no cumplir con los compromisos” mientras se retraba del Palacio. En la misma línea respondió la cuenta de la “Oficina del Presidente” mediante un comunicado: acusó a los gobernadores de “destruir la ley artículo por artículo”. Además anunció que “no vamos a seguir discutiendo con quienes exigen mantener sus privilegios”.

Los gobernadores de Juntos por el Cambio respondieron con un “yo no fui”, expresando nuevamente -por si no quedó claro- su predisposición a colaborar con el gobierno de Milei y “darle todas las herramientas”. Desde la UCR pidieron más diálogo. El gobernador Llaryora llamó al “consenso y respeto mutuo”.

Fueron los cruces de la jornada para disputar el balance de un fracaso, que los enchastró a todos. Al PRO por ubicarse como vocero directo para defender toda la ley. La UCR y Hacemos Coalición Federal por jugarse a colaborar con la ley esperando que el Poder Ejecutivo los reconozca como actores principales y no de reparto de la gobernabilidad. Milei por llevarse la derrota de una ley que presentó como “fundacional”. Un fracaso compartido, aunque nadie le quiera poner el cascabel.

Hubo tres hechos determinantes en la rosca para este desenlace. Uno, reconocido desde las propias filas de la UCR: la decisión del gobierno intervenir este lunes los medios públicos. Lo tomaron como una provocación de Milei, en medio de la tensa negociación por las privatizaciones incluidas en la Ley ómnibus. “Si le votábamos el artículo 5 era una convalidación de esa decisión” confiaron desde el radicalismo en referencia al artículo que contenía las bases de la delegación de facultades en materia administrativa (reforma del estado). Otro hecho relevante fue la amenaza que lanzó el gobierno de que si le imponían la coparticipación del impuesto PAIS en la sesión, Milei iba a vetarlo. Un mensaje que estaba dirigido especialmente al gobernador Llaryora y sus alfiles parlamentarios que utilizaban esa carta para presionar a que le den una parte del Fondo de Garantías de Sustentabilidad para su caja previsional. El tercero, el operativo con fuerzas federales de Patricia Bullrich en las afueras del Congreso que terminó con disparos en los ojos, periodistas heridos y balas de goma, abrió un manto de dudas entre los bloques que terminó por voltear la base de la delegación de facultades en materia de seguridad. La ministra también recibió denuncias por violar normas internacionales de Derechos Humanos y deberá dar explicaciones.

El resultado de la ley ómnibus es una derrota para Milei no solamente en el plano legislativo. Quedaron heridas figuras claves del gabinete del presidente. Guillermo Francos por la infinidad de veces que fue desautorizado por el Poder Ejecutivo en las negociaciones por la ley, malhiriendo los vínculos con los gobernadores. Bullrich quedó cuestionada por sus operativos represivos. Luis Caputo por borrarse de las negociaciones, apareciendo una vez para hacer el anuncio de la eliminación del capítulo fiscal y recién este martes para hablar con gobernadores por la ley que terminó en un fracaso.

Un gobierno que quedó debilitado con su primera derrota en el Congreso, el efecto del ajuste en los bolsillos, un Milei con una popularidad cuesta abajo, una calle empoderada. En apenas dos meses, se empiezan a conjugar muchos factores para una tormenta perfecta.


Jesica Calcagno

Nació en Buenos Aires en 1984. Licenciada y profesora en Sociología (UBA). Acreditada en el Congreso.

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