Trabajadoras y trabajadores denuncian despidos y suspensiones. La crisis podría dejar sin empleo a 24,7 millones de personas en el mundo. El aumento de la desocupación puede ser un factor disciplinador para bajar salarios. Pero también hay respuestas obreras a la crisis.

Mónica Arancibia @monidi12
Miércoles 1ro de abril de 2020 22:14
El coronavirus ya comenzó a impactar en la economía global con consecuencias profundas que aún se desconoce su nivel de alcance y su duración. ¿Recuperación en V, depresión y crecimiento, o en L, una recuperación lenta? Los escenarios son inciertos aunque repiten varios especialistas que será una crisis más grave que la del 2008. A pesar de las incógnitas, ya es una comparación nefasta para los trabajadores que fueron los más castigados durante esa recesión.
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En Argentina ya se conocieron los primeros despidos como en Techint (1.450 despidos); Grupo Mirgor (740); Revista Pronto (más de 100); Hoyts (70) y la lista podría seguir. Según un informe de la consultora Analytica, unos 12,1 millones de personas, están en riesgo de perder sus empleos por la crisis. De ese grupo hay un subgrupo de “muy alto riesgo”, unos 5,5 millones de personas que en su mayoría son trabajadores informales, monotributistas y autónomos.
El gobierno argentino decretó la prohibición de despidos y suspensiones por el plazo de 60 días, pero no es retroactivo y no exige la reincorporación de los despedidos previo al 31 de marzo.
A nivel global la situación también es grave. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que la pérdida de empleos para la clase trabajadora en edad activa podría alcanzar los 24,7 millones en un escenario malo. De ser así, la merma de puestos de trabajo superaría al desempleo ocurrido en la crisis del 2008 (22 millones).
Salarios más bajos
¿Qué sucederá si hay más desocupados? Los empresarios lo utilizarán para extorsionar a los trabajadores que tienen empleo para que acepten reducciones salariales o peores condiciones laborales, o jornadas laborales más largas.
En Argentina, la burocracia que dirige el Smata aceptó suspensiones de los trabajadores de las automotrices para evitar despidos con un recorte salarial de 25 %. Latam también redujo salarios hasta 50 % para no despedir.
Marx denominó ejército industrial de reserva a la fuerza de trabajo desempleada o semiempleada, que es una parte indispensable del mecanismo social del capitalismo. El capital crea permanentemente un ejército de reserva al que utiliza en los momentos de auge o ante las necesidades de nuevas ramas y que además opera impulsando a la baja el precio de la fuerza de trabajo. Es decir, que su existencia opera limitando el crecimiento de los salarios en los momentos de auge y facilita su caída en momentos de crisis.
La sobrepoblación obrera relativa o el ejército industrial de reserva existe de varias maneras. Marx explica en El Capital que todo obrero la integra durante el período en que está semiocupado o desocupado por completo. “Sus condiciones de vida descienden por debajo del nivel medio normal de la clase obrera y es esto, precisamente, lo que convierte a esa categoría en base amplia para ciertos ramos de explotación del capital. El máximo de tiempo de trabajo y el mínimo de salario la caracterizan”, añade Marx.
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Si la crisis se profundiza y se dispara la desocupación, sube la capacidad instalada ociosa, podrían actuar como factores de disciplinamiento sobre los salarios.
El geógrafo David Harvey advirtió que “las perturbaciones que se produjeron en las cadenas de valor de las empresas y en ciertos sectores resultaron ser más sistémicas y sustanciales de lo que se pensaba originalmente. El efecto a largo plazo puede consistir en acortar o diversificar las cadenas de suministro y, al mismo tiempo, avanzar hacia formas de producción que requieran menos mano de obra (con enormes repercusiones en el empleo) y una mayor dependencia de los sistemas de producción con inteligencia artificial”. ¿La crisis permitirá a los capitalistas imponer una reforma laboral en el mundo? Los avances tecnológicos en vez de permitir que trabajemos todos y menos horas llevaría a establecer jornadas laborales más extenuantes para millones de trabajadoras y trabajadores.
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Un mundo inestable
En esta crisis surgen nuevos ataques a la clase trabajadora, pero no hay que perder de vista que a nivel internacional comenzó un ciclo de luchas y revueltas en respuesta a la desigualdad y al deterioro de las condiciones de vida de los últimos años. En ese marco, también comienzan las respuestas obreras ante la pandemia.
Los trabajadores de General Electric reclamaron en las instalaciones en Lynn, Massachusetts y en la sede corporativa en Boston porque la empresa recibió un rescate millonario y planea despedir a miles de trabajadores. Los trabajadores reclaman que reconviertan la producción para realizar respiradores. En Italia hubo un paro general donde pararon importantes sectores de la industria como metalúrgica, industria papelera, textil y química.
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La empresa recuperada Madygraf en Argentina reconvirtió su producción para elaborar mascarillas y alcohol en gel, la recuperada Textil Neuqúen está produciendo barbijos para el sistema de salud.
¿En esta crisis los capitalistas podrán propinar una derrota a la clase trabajadora e imponer peores condiciones laborales? La situación aún está abierta.
El capitalismo vuelve a mostrar su decadencia. Es necesario pelear por un plan de otra clase, que incluya la centralización de todo el sistema de salud, reconversión de empresas, la toma de toda fábrica o establecimiento que despida o cierre de ser puesta a producir o brindar servicios, entre otras.
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Mónica Arancibia
Nacida en Bs. As. en 1984. Es economista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas. Coedita la sección de Economía de La Izquierda Diario.