El desempleo, las suspensiones y los descuentos, son parte de un escenario a nivel mundial, que viene recayendo sobre las y los trabajadores ¿cómo se viene expresando en Arica?
Viernes 22 de mayo de 2020
Los pronósticos mundiales son claros. El desempleo a nivel mundial subirá considerablemente entre 2020 y 2021. A pesar de que hace unos años se vio un leve descenso en las cifras de desempleo, para este año se prevé que la cifra de desempleados aumenta en números absolutos, de los 187,7 millones que existían en 2019 a 190,3 millones, que en relación al crecimiento demográfico se mantendrá en el 5,4%.
Mientras que en Chile, el desempleo ha llegado a 8,2%, en el primer trimestre de este año (enero-marzo). Siendo este, su mayor nivel en 10 años. Significando un incremento de 1,0 puntos porcentuales respecto a igual período del año anterior.
Son cifras bastantes desalentadoras, donde hemos podido ver como las consecuencias van aflorando y golpeando a los sectores más precarizados.
Trabajadores y pobladores intentan enfrentar esta crisis con medidas como las ollas comunes. Aún así, las últimas manifestaciones en la comuna de El Bosque han dejado demostrado que frente a una crisis sanitaria y económica como esta, la situación es insostenible.
La situación en la región de Arica y Parinacota
Según el último censo del año 2017, la ciudad de Arica tiene una población de 221.354 habitantes. Del total de la población, los sujetos entre las edades de 22 a 65 años y más, representan a la población productiva, o sea, todos aquellos que en su mayoría podrían trabajar, esto a equivale 146.004 personas, que son el 66% de la población total aproximadamente.
Según los últimos datos entregados por el INE en el último trimestre del año pasado, los ocupados en la región eran 74.381. El resto de los sujetos productivos desocupados alcanza la cifra de 71.623 personas que se encuentran sin trabajo actualmente en la región, que representan el 49,1% de los sujetos productivos de Arica.
Siendo una situación absolutamente preocupante, considerando como se vienen agravando las condiciones en este último tiempo donde la crisis se hace cada vez más evidente.
El 15 de abril, luego del anuncio de gobierno, de la miserable “ley de protección al empleo”, comenzó en la ciudad el proceso oficial de registro para que las empresas pudiesen acogerse a esta ley.
Irónicamente, casi como un premio, también anunciaban que de esta forma podrían acceder a las prestaciones y complementos del Seguro de Cesantía, o sea, las y los trabajadores tendrían hacer uso de sus propios dineros, teniendo en cuenta, que muchas de las empresas que se acogieron a esta ley, tienen ganancias millonarias, pudiendo pagarles a las y los trabajadores, aún así, prefirieron que fueran las y los mismos trabajadores los que cargaran con las consecuencias de esta crisis sanitaria.
En concreto, 800 empresas se acogieron a esta ley en la región. Lo que terminó traduciendo la suspensión de 4600 trabajadores y trabajadoras, que en la actualidad quedaron sin su fuente de trabajo.
Sumado a las últimas suspensiones, más los números de desocupados antes de la pandemia, este número aumenta a 76.223 personas desocupadas. Representando un 52,21% de personas desocupadas, o sea, más de la mitad de los sujetos productivos en la región, actualmente se encuentran sin contratos de trabajo formales.
Si los niveles de desempleo ya eran preocupantes antes de la crisis, hoy la situación se vuelve crítica. Teniendo en cuenta que dentro de estas cifras no están considerados todos aquellos trabajadores y trabajadoras que tienen trabajos informales o lo que comúnmente se llama el trabajo “en negro”. Que acogen principalmente a los sectores más precarizados, trabajadores independientes y migrantes. Planteando la posibilidad de que estas cifras son más altas.
La desocupación, el hambre y la pandemia avanzan ¿Cuáles son las opciones para la clase trabajadora?
Mientras que hace dos semanas Piñera insistía en imponer una “normalidad” que solo buscaba reactivar la economía, el desempleo y el hambre avanzan, así como también las consecuencias del virus, que terminan golpeando a los de siempre, al pueblo trabajador.
Cuando el gobierno sigue implementando medidas que sólo empujan a la clase trabajadora y a las familias obreras y populares a la miseria.
Reaparece el problema del hambre, mientras algunos intentan hacerlo ver como algo nuevo, donde las expresiones de las manifestaciones como la de la comuna de El Bosque, son producto directo de la política de la “ley de suspensiones”. Mostrando que a los empresarios no les tiembla la mano al momento de resguardar sus ganancias, tomando en cuenta los cientos de trabajadores y trabajadoras informales que no pueden generar ingresos por la pandemia.
Permiten los despidos, proponen las suspensiones de los salarios y entregan un burlesco bono de 65 mil pesos por carga, ofreciendo canastas familiares, que son totalmente insuficientes.
Por otro lado, las canastas familiares que se entregaran a nivel nacional, no se entregaran en la ciudad. Esto muestra nuevamente la realidad de unas de las ciudades más postergadas en Chile, y que según el último presupuesto nacional, seria el más bajo de todos.
Hemos podido ver diferentes muestras de que las y los trabajadores están dispuestos a levantar la resistencia a los golpes del gobierno que de la mano de los empresarios no dudan un segundo en arremeter contra la clase trabajadora. Los mineros de la mina Guanaco y Franke, que hoy están en huelga, son expresión de la resistencia obrera que se enfrentan a la brutal represión de la policía.
Debemos pensar la alianza de la clase trabajadora con los pobladores en unidad imparable frente a los ataques del gobierno. Necesitamos impulsar de conjunto un programa de emergencia que imponga un impuesto extraordinario a las grandes empresas, para que de esta forma podamos financiar un salario igual o mayor a la canasta familiar de 500 mil pesos para todos los trabajadores e informales.
Es necesario poder levantar un gran movimiento en contra de los despidos. Hasta el momento la CUT no ha levantado ningún tipo de resistencia a los ataques que ha dado el gobierno. A nivel nacional se debe impulsar una coordinación nacional contra los despidos, las suspensiones y las rebajas salariales, con el objetivo de levantar un gran paro nacional de todos los sectores no esenciales en la producción. La bronca y el hambre se acumulan día tras día, debemos seguir el ejemplo de las y los trabajadores que vienen levantando la resistencia a estos golpes.
La magnitud de la fuerza de la clase trabajadora quedó demostrada desde el estallido social, donde el 12 de Noviembre, trabajadores y trabajadoras, mostraron su poder en las calles, paralizando sectores estratégicos como puertos y mineras, lo que empujó que los partidos tradicionales desde la derecha hasta la ex Concertación, incluso con el Partido Comunista y el Frente Amplio votarán un “pacto por la paz” con el que buscaron diluir todas esas fuerzas.
Las cartas están puestas sobre la mesa. El hambre y el desempleo avanzan, las vidas que se apagan son las de los más pobres. Nuestras familias van primero, no permitamos ni un despidos más en manos de la avaricia empresarial.
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