En un nuevo golpe del gobierno contra los trabajadores de la educación, la semana pasada fueron despojados de sus horas de servicio los maestros con código 23.
Arturo Méndez Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Viernes 26 de agosto de 2016
Previo a que se generalizara la liquidación de derechos en el magisterio a través de la imposición de la reforma educativa, la precarización de las condiciones laborales en el sector ya venía avanzando a través de la creación de plazas temporales, como aquellas signadas con códigos 23, 95 y 97.
Nueva medida represiva
La dinámica de la lucha magisterial contra la reforma educativa muestra que la única forma de abrir el camino para imponer nuestras demandas es mediante un cambio en la relación de fuerzas con el gobierno.
Así, vimos cómo el movimiento democrático nacional e internacional que se produjo luego de la masacre de Nochixtlán el 19 de junio, obligó al gobierno a sentarse a negociar luego de un año de haber roto todo diálogo con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación; posteriormente, el despertar del movimiento magisterial y popular en la Ciudad de México fue determinante para la reapertura del diálogo tras haberse suspendido por falta de acuerdos.
Por el contrario, en momentos en que el movimiento ha mostrado retrocesos, estos han sido aprovechados por el gobierno para dar nuevos golpes, como el desalojo paramilitar del bloqueo magisterial en la carretera Tuxtla-San Cristóbal el 20 de julio.
De igual forma, con el regreso a las escuelas a partir del 15 de agosto, el desgaste que se expresa en el movimiento ha sido visto por el gobierno como una oportunidad para una nueva embestida, esta vez, contra uno de los sectores más vulnerables del magisterio, los maestros contratados con código 23.
A la calle sin miramientos
En la semana del 15 al 19 de agosto, los maestros con código 23 se llevaron una desagradable sorpresa al llegar a sus escuelas: sin previo aviso, fueron notificados de que no se les había otorgado prórroga para seguir laborando con ese nombramiento.
En muchos casos, las horas perdidas por los maestros representan la mitad o más de sus ingresos, pues conservan horas con otro código; y en muchos otros, la falta de prórroga significa la pérdida de su precario trabajo y de todo su ingreso.
Así, sin más, las autoridades educativas tomaron la decisión de dejar en la calle a un importante número de docentes (y sus familias), o de mermar significativamente sus percepciones salariales.
Las horas arrebatadas a los maestros con código 23 serán destinadas a los de nuevo ingreso quienes, a su vez, entran al servicio ya bajo las reglas impuestas por la reforma educativa, es decir, con condiciones precarias de trabajo y sin invertir ni un solo centavo a la educación pública.
Si tocan a unos, nos tocan a todos
El desplazamiento de maestros con código 23 forma parte del avance de la reforma educativa y del ataque contra los derechos laborales de todos los trabajadores de la educación.
Por ello, es indispensable que junto a mantener en alto la demanda de abrogación de la reforma, fortalezcamos la solidaridad y la unidad de nuestras filas exigiendo la restitución de las horas de servicio a los maestros con código 23 como parte de las demandas por las que luchamos.
Si bien la Asamblea de Coordinación de la Sección 10 convocó a un mitin frente a la Sub-dirección de personal de la Administración Federal de Servicios Educativos (en Nazas) para exigir que se reintegren las horas a los maestros desplazados, la dirección de la CNTE debería tomar esta demanda de forma centralizada y como parte del plan de lucha nacional para derrotar la reforma educativa.