Massa como nuevo ministro de Economía junto al anuncio de medidas de ajuste hicieron cerrar filas a la casi totalidad del Frente de Todos, incluyendo al kirchnerismo, para realizar el ajuste. La crisis con la renuncia de Guzmán y la corrida cambiaria demostró que no había un plan alternativo ni intención de darle otro rumbo al gobierno por parte de Cristina.

Larisa Pérez Abogada @Larisaperez_
Jueves 4 de agosto de 2022 20:46

Días de especulaciones y ansiedad por el nuevo “superministro” Massa terminaron, por ahora, con varios anuncios de medidas económicas. La noticia que más quedó resonando entre las y los trabajadores es el aumento de la tarifa de luz y gas para 9 millones de personas, incluso poniendo un límite de consumo energético a quienes habían pedido mantenerlo mediante la segmentación.
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El plan hasta el nuevo anuncio, era la segmentación para retirar los subsidios a un sector que “pudiera pagar” la tarifa plena, y mantenerlo a quienes lo necesiten, implementándose en los meses que bajara el frío, o sea cuando hay menos consumo, y así se sintiera menos en el bolsillo. El secretario de Energía, Darío Martínez, de pertenencia kirchnerista y encargado de este plan, es ahora uno de los funcionarios que quedó bajo el mando del nuevo “superministro” Massa. Lo acompañan Federico Basualdo, subsecretario de Energía Eléctrica y Federico Bernal, interventor del Enargas. Aunque hay rumores sobre si Martínez continuará en su puesto o será reemplazado, ya que no fue confirmado todavía, al momento de anunciar los nuevos tarifazos no solo seguía en su puesto, sino que no se escuchó ninguna objeción al plan. Es decir, el kirchnerismo está quedando como responsable en aplicar el ajuste de Massa en las tarifas que afectan principalmente a los hogares de las y los trabajadores.
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“Hay que discutir política, no personas” decía Cristinaen el acto desde El Calafate, el pasado 8 de julio. El último, hasta ahora, de varios actos que venía realizando para explicar su visión de la economía y las diferencias que tenía con las decisiones de Alberto Fernández, y centralmente con su ministro de Economía, Martín Guzmán. Diferencias que nunca terminaron de estar enunciadas con propuestas concretas sobre qué haría diferente con la política económica y social o, dicho de otra forma, nunca dijo cómo era eso de pagarle al FMI sin hacer ajuste, o “negociar mejor”, como supuestamente criticó parte del bloque kirchnerista al no votar el acuerdo en el Congreso.
Desde la expresión en las urnas del desencanto con el Gobierno por el ajuste que venía realizando, en las elecciones primarias del 2021, por meses el kirchnerismo estuvo intentando preservarse de esa pérdida de apoyo entre los sectores populares. Mantener sus cargos y responsabilidades en el gobierno, pero al mismo tiempo diferenciarse, era una operación digna del mejor equilibrista pero que se venía complicando más y más.
La interna del Frente de Todos tuvo distintos picos de crisis: el cambio de Gabinete luego de las elecciones primarias en 2021, la renuncia de Máximo Kirchner como jefe del bloque de diputados oficialistas, la crítica de algunos diputados y senadores al acuerdo negociado con el FMI en marzo, las pujas por los funcionarios y el plan de aumentos en la energía, y finalmente, el acto donde Cristina hablaba de su reunión con Melconian y su visión de la economía bimonetaria, mientras Guzmán daba el portazo.
La renuncia del exministro dejó al desnudo algo que se venía intentando disimular: no había propuesta alternativa al plan de ajuste acordado con el FMI. Frente a la corrida cambiaria, la presión devaluatoria de los agroexportadores y especuladores financieros y la remarcación de precios sin control, el kirchnerismo termina con todos sus funcionarios saludando al nuevo ministro “nacido el 4 de julio” Sergio Massa y con él, respaldando a sus anuncios de más ajuste. "Todos unidos más que nunca" fue la frase que eligió Wado de Pedro para sintetizar su saludo.
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Hoy quedan en evidencia que tanto las críticas como las enunciaciones generales que venía haciendo la vicepresidenta en sus actos, no solo no son contrarias, sino que son compatibles al camino elegido por el Frente de Todos.
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Fue Cristina quien primero dijo “paz social” para contener los reclamos populares, y antes de eso dirigió parte de sus discursos aproponer que se revisen los planes sociales, inclinando a sacarle el control a las organizaciones, haciéndose eco de la agenda derechista y terminando por habilitar una avanzada de persecución y criminalización sobre los movimientos sociales. Ahora Massa confirma que las universidades auditarán a quienes reciben planes y si no cumplen requisitos, se los sacan. Fue precisamente desde un sector de los movimientos sociales el único lugar desde donde emitieron críticas a los anuncios del nuevo ministro.
Además, fue quien marcó un rumbo de conciliación con el poder económico. La frase “discutir políticas y no personas” fue para reivindicar el discurso de Wado de Pedro -ministro de Interior y dirigente de La Cámpora- con empresarios en el Cicyp donde convocó a Juntos por el Cambio a consensuar un modelo de país. Allí el mensaje más importante fue la intención de acordar con los grandes empresarios e incluso dejando abierto a incluir la oposición.
Las críticas a quienes fugan capitales, a los problemas de la economía bimonetaria, y al acuerdo negociado por Guzmán con el FMI, que fueron parte de sus discursos en distintos momentos, quedaron para el cajón de los recuerdos. Sin haber enunciado nunca cómo sería, por ejemplo, una “mejor negociación con el FMI” o qué medidas tomar con los que fugan dólares. Ahora el kirchnerismo cierra filas detrás de cumplir las metas del FMI, pedir más endeudamiento externo, acordar con los agroexportadores. Una doble vara mientras se ajusta el gasto público aumentando las tarifas de los servicios de luz, gas y agua, recortando planes sociales, congelando la planta de empleados públicos, y sosteniendo una inflación que cada día aumenta la pobreza y la indigencia en la que viven millones en el país.
La unidad, después de meses, todos juntos ajustarán, con Massa.