La fecha establecida por la ONU en 1972 encuentra al planeta padeciendo los efectos del cambio climático causado por la voracidad capitalista.
Valeria Foglia @valeriafgl
Domingo 5 de junio de 2016 10:10
Hoy se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, establecido por la ONU en 1972 y que este año tiene como tema “la lucha contra el comercio ilícito de fauna y flora silvestres”, que coloca en peligro de extinción a elefantes, rinocerontes y tigres, entre otras especies. Precisamente por este motivo, Angola será el país anfitrión y organizador de las actividades para difundir y concientizar contra este comercio ilegal de fauna. También habrá manifestaciones y eventos en otras partes del mundo.
Este nuevo Día Mundial del Medio Ambiente no es uno más: se da en el marco de la agudización, con impacto cada vez más notorio, del fenómeno conocido como cambio climático, que tiene entre sus principales características el calentamiento global, la inestabilidad cada vez mayor del clima (tormentas más violentas, por ejemplo) y la prolongación de las sequías. Sin ir más lejos, marzo de 2016 fue el mes más caluroso de la historia, a la vez que fueron noticia las inundaciones en el Litoral argentino, en Brasil y en varios puntos del globo, como ahora en París, y las crisis del agua y el aire.
Otra evidencia de los efectos del cambio climático es el derretimiento del permafrost en Siberia (con la consiguiente liberación de gases de efecto invernadero muy nocivos, como el metano), que ocasionaría, con el aumento del nivel del mar que trae aparejado, la desaparición de países como Bangladesh y varias islas del Pacífico. En ambientes especializados ya se habla de que los próximos refugiados lo serán por causas climáticas.
Más allá de encuentros diplomáticos entre jefes de Estado, como las llamadas cumbres climáticas, la mayoría de los Gobiernos no ha realizado compromisos sustanciales para reducir y controlar las emisiones industriales de gases de efecto invernadero, responsables en gran medida del calentamiento global que amenaza la propia continuidad del planeta. En Argentina, el propio Macri y Cambiemos se embanderan con la cuestión medioambiental para señalar, finalmente, que se trata de una responsabilidad de todos, es decir, en última instancia, de los individuos, y no de un sistema depredador, organizado para acumular ganancias sin importar costos a nivel de recursos naturales y humanos. Para muestra bastan las concesiones a Monsanto y Barrick Gold en Argentina y a nivel mundial.
Como se señaló en este diario, “el cambio climático como consecuencia del uso de combustibles fósiles, la degradación de los suelos, la pérdida de ecosistemas debido a la tala inmoderada y a la ganadería extensiva, la sobreexplotación de la minería, la contaminación de los océanos y la caza inmoderada de especies silvestres (algunas veces incluso con fines de exterminio) son solo algunas de las consecuencias que ha dejado este modo de producción. No cabe duda de que en la actualidad el capitalismo está ocasionando esta enorme crisis ecológica”.