Cada 20 de septiembre se conmemora la sanción de la Ley 4.349 que dio origen a la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones. Uno de los sectores más vulnerados en una realidad de pobreza, ajuste y desidia.
Sábado 23 de septiembre de 2017

Fiesta, un poco de tango y folclore. Quizás alguna obra de teatro y algún recitado, entre sanguchitos, gaseosas y mate. Los que puedan acercarse a un centro de jubilados o sean llevados, serán parte de los agasajos por el día del jubilado.
Sin embargo gran parte de las personas que forman el universo de la vejez en Argentina no pueden pensar en festejos. La gran mayoría cobra la jubilación mínima, hoy en $7.246, cuando la canasta básica se ubica en $17 mil aproximadamente. No hace falta ser un erudito para darse cuenta de que la plata no alcanza para cubrir de forma mínima los gastos del mes. Ahí acechan los créditos personales, buitres del bolsillo, que los convierten en deudores eternos de la avaricia ajena.
Una obra social cada vez más desangrada, siendo una de las cajas más apetitosas para los funcionarios de turno. No sólo reducen la posibilidad de obtener la cobertura necesaria, sino que suman cada vez más requisitos para justificar la miseria en que se encuentran y así acceder al beneficio y no morir en el intento. Aunque muchos sí mueren porque PAMI llega tarde o nunca llega.
Viudas, viudos, discapacitados que fueron y son ninguneados, absurda y cruelmente con medidas de revisión y/o suspensión de sus beneficios desempolvadas del viejo baúl menemista.
Medidas escritas y borradas como si la vida no valiera nada. Claro, para ellos la vida de los pobres viejos no vale nada.
¿Cuántos de los que hoy cargan en su espalda esta realidad de desocupación, precarización y ajuste llegarán a jubilarse?
Se habla de reforma previsional, de aumentar la edad jubilatoria porque se vive más, como si vivir fuera un castigo: vivir más, producir más.
Cuerpos rotos, cansados y desgastados, frágiles. Sumidos en la indiferencia de los poderosos, blanco de sus tijeras ajustadoras.
Día del jubilado. Nada que festejar.