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LA PRECARIZACIÓN DE LA VIDA. Diez historias detrás del tarifazo y la “pobreza energética”

Este miércoles en el Congreso Nicolás del Caño denunció las consecuencias brutales del tarifazo: el hombre que camina 30 cuadras para seguir comprándole el alfajor a su hijo, el obrero azucarero ya no le compra ropa a su nieto, las madres que cuentan historias de la llamada “pobreza energética”.

Lucho Aguilar

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2

Domingo 8 de abril de 2018 15:09

“Me llegó 1200 pesos de luz. Encima estoy despedido del ingenio y mi esposa trabaja en la Municipalidad. No nos alcanza para nada. No le vamos a poder comprar más ropa para mi nietito que va al jardín”.

Fabián es obrero azucarero y lo despidieron en noviembre de La Esperanza, en Jujuy. Su historia es una de las tantas que se pierden entre los números del tarifazo. De los 40, 100, los 1000%. Historias de sueldos que ya no alcanzan, de “gustos” que hay que olvidar y de angustias adelantadas por un invierno que “puede ser peor”.

“Mis hijos ya no pueden comer un yogurt”

Paola vive en Morón y trabaja como tercerizada en el Ferrocarril Sarmiento. En su casa pagaban 600 de luz, el último mes les llegó 2500 pesos. “Pensá que como trabajadora precarizada mi sueldo es bajo, tengo dos hijos y soy jefa de hogar. Vivimos con mi mamá, porque es imposible cubrir todos los gastos sola, así que los comparto con ella y mi hermana, que también es jefa de hogar con tres hijos. Hace varios meses que no nos alcanza la plata para todo el mes, con deudas que no puedo pagar y, para colmo, a punto de perder el trabajo. Te cambia la vida. Por ejemplo nuestra alimentación: los chicos ya no pueden comerse un yogur”.

“Te cambia la vida”: quienes más sufren el golpe de la inflación y en particular estos tarifazos, son casi siempre las mujeres

“Te cambia la vida”. Quienes más sufren el golpe de la inflación y en particular estos tarifazos, son casi siempre las mujeres. Según estudios internacionales, las familias “monoparentales”, encabezadas por madres en el 80% de los casos, son quienes tienen más posibilidades de sufrir “pobreza energética”. Lo mismo las mujeres de más de 65 años.

Cada vez más pobres

El término pobreza energética comenzó a usarse hace algunos años en Europa y define “la situación que sufren los hogares que son incapaces de pagar los servicios mínimos de energía que satisfagan sus necesidades domésticas básicas o que se ven obligados a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar las facturas energéticas de sus viviendas”.

Por ejemplo, que destinan más del 10% de sus ingresos a pagar los servicios mínimos. Como Fabián o Paola.

Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) el 52% de la población del Gran Buenos Aires se encontraba en situación de pobreza energética a finales de 2017. Según el Observatorio de la Energía (OETEC), en este momento existen en la Ciudad de Buenos Aires unas 470.000 personas en esa situación, un 15,5% de la población. Pero el número aumentará cuando se termine de aplicar el tarifazo.

¿Se imaginan en las provincias más pobres?

Las consecuencias no son solo para la economía familiar. Es la vida misma. Un estudio afirma que esta situación trae aparejada un mayor riesgo a muchas enfermedades respiratorias, cardiovasculares y mentales.

Desde Jujuy a la Patagonia

Norma es parte de la Comisión de mujeres de La Esperanza. Junto a sus compañeros vienen enfrentando los despidos. Vive en el lote Arrayanal como muchos obreros del ingenio, con su familia. Son 6. “El aumento nos pega fuerte en el bolsillo. Como además el Ingenio paga con retraso, corren los intereses y nos afecta muchísimo”. María vive en un hogar de 4 personas y trabaja haciendo comida. “El año pasado pagamos de luz y agua 800 y ahora 2300 es mucho. Como está la situación el ingenio no se puede vender mucho. Saco para comer por lo menos”. Abel también vive en el mismo pueblo, pero es docente. “La realidad con el tarifazo es muy mala. De luz me vino ahora $ 1100. Y el aumento de la nafta también incide en la canasta familiar y el transporte”.

En Jujuy la mitad de la población es pobre. En 2017, según datos oficiales, un empleado público cobraba 11.000 pesos promedio. Mientras el gobernador Morales y el presidente Macri aseguran que la provincia será "potencia mundial de energía solar", en 2017 la demanda de gas por redes de los jujeños cayó un 8%. La gente prefiere pasar frío o dejar de hacer cosas para poder comer, para decirlo sencillo.

En el Sur la situación es igual. Con las cigüeñas y los equipos sacando millones de metros cúbicos de petróleo y gas ante sus ojos, son cada vez más los que pasan frío. O hambre para pagar las boletas.

María vive en Plottier, sola. “El tarifazo me pegó como a todos, difícil y doloroso. Me llegó casi 900 pesos de luz y de agua 1750 la última vez. Tengo que estar cuidándome todo el tiempo de apagar y encender, con la incertidumbre de si voy a poder pagar las facturas que me vengan”. Julia vive en Neuquén y “hay días que tenía que elegir entre las fotocopias la comida o la nafta, porque mi compañero tenía que viajar a laburar en el campo. Igual no nos alcanza”.

En la Patagonia donde se saquea el oro negro, son cada vez más los que pasan frío; o hambre para pagar las boletas

En Neuquén hay alrededor de 100 mil personas que no tienen acceso a la red de gas, ahí cerquita de “Vaca Muerta”. Tienen que consumir entre 4 y 6 garrafas mensuales para cocinar y bañarse. La garrafa social aumentó de 130 a 185 pesos; si la conseguís.

En Chubut y Santa Cruz, aunque sus tierras han sido entregadas a las grandes petroleras, el consumo de gas de las familias bajó un 6% en los últimos años.

“Cada vez trabajamos más y nunca alcanza”

Lucía vive en Villa Sapito, Lanús Este, con su familia. “El tarifazo me pegó muy mal. De luz pagaba 150 pesos ahora pago 1000; de gas pagaba 80 pesos y ahora 420, de agua 100 pesos y ahora 400. Mi vida cotidiana se ve afectada, hoy tengo cero capacidad de ahorro”. Vanina es docente en Morón, tiene dos hijos. “De luz me acuerdo que pagábamos unos $200 y ahora se fue a más de 1500. Y el agua eran $15, hoy son más de $300. Una locura. El sueldo no sube y es imposible soportar tanto aumento. Las juntadas con amigos son cada vez más espaciadas. Cada vez trabajamos más y nunca alcanza”.

En el conurbano bonaerense, tras las promocionadas gestiones de Daniel Scioli y María Eugenia Vidal, el 51,8% de su población no tiene red cloacal, el 35,9% no tiene acceso a la red de gas natural y el 24,4% carece de agua corriente. La mitad de la población sufre de “pobreza energética”.

En otras provincias, como el Noreste, los números son mucho peores.

¿Cómo hace un jubilado que cobra 7.500 pesos para no morirse de frío? ¿Cómo hace una madre con dos chicos para pagar facturas de 2000 pesos?

Para Ezequiel, trabajador despedido de la metalúrgica Stockl, “los aumentos de los servicios van en ascensor y los salarios suben por las escaleras. No podes planear proyectos”. Te cambia la vida de hoy. Y la de mañana. Además, las empresas se llevan sus superganancias afuera, como el ministro de Energía, y las inversiones también van por la escalera. Como sentencia Leo, también metalúrgico: “encima los servicios son malos: la luz sufre de cortes constantes y el agua tiene un sabor horrible”.

María vive en Laferrere y aunque no la despidieron del Hospital Posadas, ya le está cambiando la vida. “El tarifazo me cuesta mucho, desde lo familiar con muchas restricciones desde alimenticias hasta cambios de hábitos, costumbres, ajustando quizás en cosas básicas de la canasta tanto alimenticia como social”.

Lo que pasa en el conurbano bonaerense es parecido a lo que pasa en el Gran Rosario. Un joven metalúrgico que prefiere no dar el nombre para conservar su trabajo en Electrolux, siente que “en casa el tarifazo nos pegó mal, nos hizo reducir muchas cosas e igual no llegamos a fin de mes. Te sentís mal porque no podemos darle ni un gustito a nuestro hijos”.

Te sentís mal porque no podemos darle ni un gustito a nuestro hijos

“Conflicto de intereses”

Mientras Fabian y Paola miran la boleta, el ministro Juan José Aranguren mira su celular. Desde allí sigue el rendimiento de los 84 millones de pesos que tiene invertidos en el exterior.

El hombre es toda una expresión de la clase social que nos gobierna. Fue gerente de Shell durante años. Desde 2017 “resignó tu tiempo y los beneficios de la actividad privada”, según lo elogia el Presidente, para ocupar el Ministerio de Energía. En realidad, su misión ahora es más “generosa”. No solo su empresa se ha beneficiado, ya ha otorgado 15 aumentos de combustible a todas las empresas del sector. Lo llaman “conflicto de intereses”. Tras ese eufemismo, el hombre se encarga de llevar adelanto un brutal saqueo de los bolsillos de la población y otro saqueo de los recursos naturales, en beneficio de su clase social.

Para tener una idea, Transportadora Gas del Sur en 2017 ganó $2.793 millones y Metrogas $774 millones. Entre las eléctricas, Transener ganó $2.375 millones en 2017 y Edenor $691 millones.

¿Se imaginan cuánto ganarán cuanto terminen de impactar las tarifas de 2018?

Aranguren es, además, un hombre muy cínico. Asegura que el objetivo del aumento de tarifas " es un esfuerzo mayor de la población para tener más energía y que sea más barato". La “revolución energética” saldrá del bolsillo del pueblo trabajador. Aunque cueste muchas vidas…

Nuestras vidas, sus ganancias

Hace poco se conoció en televisión la historia del hombre que, desde el aumento del transporte, caminaba unas 30 cuadras para ahorrarse el primer colectivo y poder seguir comprándole el alfajor a sus pibes. Es como la historia de Fabián que ya no puede comprarles ropa a sus nietos en Jujuy. O Paola que se lamenta de lo que tiene que privarle a sus hijos.

Es solo el reflejo de un drama que viven millones, aquí y en el mundo. Y que llega a costarles la vida. Según la Organización Mundial de la Salud, la pobreza energética aumenta un 30% la mortalidad estacional en invierno. Estudios oficiales demostraron en Gran Bretaña que, por cada grado de caída de la temperatura, en invierno morían 8.000 personas más. Entre 2014 y 2015, tras los tarifazos, fallecieron allí 45 mil personas por causas evitables ligadas a la “pobreza energética”.

Justamente en Inglaterra, pero hace muchos años, Federico Engels definía los crímenes sociales. Aquellos en los que la clase que tiene el poder “quita a millares de seres humanos los medios de existencia indispensables, imponiéndoles otras condiciones de vida, de modo que les resulta imposible subsistir, cuando ella los obliga por el brazo poderoso de la ley a permanecer en esa situación hasta que sobrevenga la muerte (…) Entonces lo que se comete es un crimen, muy parecido al cometido por un individuo, salvo que en este caso es más disimulado, más pérfido”.

Cuando se le quita a millares de seres humanos los medios de existencia indispensables, entonces lo que se comete es un crimen (Federico Engels)

Hace pocos días le gestión de Mauricio Macri fue condenada por la muerte de Luis, un bebé de 45 días. Su familia había quedado en la calle en pleno invierno. El GCBA solo tuvo que pagar 100.000 pesos, la mitad del sueldo del presidente o el ministro Aranguren.

Al frío, el hambre, los cambios en nuestras vidas y la de nuestras familias, a la precarización de la vida, nos llevan los negocios de una clase social que gobierna para sí misma y sus socios multinacionales. O con millonarios subsidios, entrega de los recursos, falta de obras y corrupción, como la gestión anterior.

Por eso, como plantea el Frente de Izquierda, hay que anular los tarifazos, abrir los libros contables de las privatizadas y nacionalizar todo el sistema energético, para poner en marcha un plan de obras públicas para satisfacer las necesidades sociales. Todo esto solo puede ser gestionado por las únicas manos limpias, las de los trabajadores. Nuestras vidas valen más que sus ganancias: hay que organizarse contra este sistema social que nos condena al hambre, el frío y la miseria.


Lucho Aguilar

Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.

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