Docentes de distintos niveles educativos nos reunimos para intercambiar preocupaciones, pero principalmente ideas para enfrentar las adversidades en tiempos de COVID-19 y definimos lanzar una iniciativa para que concluya ya administrativamente el ciclo escolar.
Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Miércoles 6 de mayo de 2020
Firma la Petición para que concluya ya el ciclo escolar aquí.
La crisis sanitaria en nuestro país ha dejado hasta la fecha más de 2 mil decesos y cerca de 25 mil contagios confirmados -de acuerdo a datos oficiales-. Además, las familias mexicanas enfrentan las criminales medidas de los patrones que han dejado en el desamparo a cientos de miles de trabajadores despedidos o suspendidos sin recibir pago.
Frente a este escenario adverso, decenas de docentes de la Agrupación Nuestra Clase, del colectivo Educación Especial Hoy y otras maestras y maestros independientes, recientemente tuvimos una reunión virtual para intercambiar sobre los problemas que enfrentamos hoy quienes ejercemos la bella labor de la docencia. Tomó peso particular las condiciones por las que están atravesando nuestros alumnos y sus familias y las dificultades de todos frente al programa “aprende en casa” y la educación a distancia.
Educación en tiempos de coronavirus
En todos los niveles y subsistemas de educación pública la medida es la misma: mantener “en línea” o a distancia el ciclo escolar. No sólo se comparte la medida, también las condiciones en las que se aplica: sin que alumnos ni docentes tengan acceso pleno al internet o las herramientas necesarias; de manera improvisada; con sobrecargas de trabajo para los docentes y saturación de tareas para los alumnos; sin que se garantice el aprendizaje de los contenidos en los planes y programas, mucho menos poniendo en el centro la obtención de herramientas útiles para comprender y enfrentar la realidad en plena crisis.
Ni hablar de las condiciones en las que se encontraba previamente la educación especial, y medidas como el programa “aprende en casa” dejan claro que no hay consideraciones mínimas para las niñas, niños y adolescentes que viven algún tipo de discapacidad o cualquier tipo de “barrera de aprendizaje”.
Además, estas medidas se toman con total indolencia. No se toma en cuenta que no sólo el virus acecha a nuestros alumnos y nuestras familias, el hambre y la angustia que producen los despidos (se pronostican por lo menos 2 millones en la crisis sanitaria), las suspensiones y las reducciones salariales también han invadido los hogares de nuestros alumnos. Por eso exigimos que se concluya ya administrativamente el ciclo escolar, se evalúe con lo que se cuenta y se permita acceder a los alumnos al siguiente grado en educación básica y que en media superior y superior se suspenda el semestre/cuatrimestre, para retomarlo cuando haya condiciones y que cada comunidad educativa defina democráticamente como recuperar los contenidos.
Las condiciones de las escuelas para el regreso a clases también fueron tema de reflexión. Si la pandemia desnudó por completo el abandono y saqueo de la salud, no se puede dejar de decir que en los últimos años otro sector abandonado es el educativo. ¿Hace cuánto se construyó la última escuela en tu barrio?, ¿qué tan viejas son las escuelas de la colonia, aguantarán un nuevo sismo?, ¿cuántos alumnos hay en cada salón?
Si antes denunciábamos que el hacinamiento es antipedagógico, que vuelve imposible la atención integral de cada alumno en el aula; y que el abandono de las escuelas y la saturación de los salones son una “bomba de tiempo” que pone en riesgo la vida de docentes y alumnos; hoy no podemos dejar de evidenciar que volver en esas condiciones es un peligro que vuelve nuestras aulas en potenciales focos de contagio.
Por salud, por nuestras vidas, pero sobre todo porque es lo que los hijos de los trabajadores necesitan y merecen, no podemos volver a esas aulas que emulan sardinas enlatadas. Se vuelve más clara la necesidad de organizarnos y luchar por la construcción masiva de escuelas en las zonas rurales y urbanas; por el mantenimiento o reconstrucción efectiva de todas las escuelas que lo requieran.
Otra de las participaciones planteaba la necesidad de exigir a las autoridades las condiciones mínimas de salud e higiene en cada escuela: médicos durante todo el turno, agua potable, jabón, alcohol en gel, mascarillas, etcétera. Las vidas de nuestros alumnos, las de los docentes y los trabajadores de la educación son valiosas, merecen toda protección.
La educación no es una burbuja
Los docentes coincidimos en que no puede haber educación digna, si no hay condiciones de vida dignas para nuestros alumnos. Como ya hemos mencionado, la avaricia de los patrones no tiene límite, de manera criminal miles de familias se han quedado en el desamparo. Por ello se vuelve crucial que los docentes también nos sumemos a los llamados por la prohibición de los despidos y las suspensiones.
El panorama es poco favorable si sumamos que en nuestro país más de 30 millones de trabajadores viven al día (57% de la población se ocupa en el sector informal) y que la crisis sanitaria ha disminuido sustancialmente las ventas de los pequeños comerciantes y en algunos casos ni siquiera tienen posibilidad de vender sus productos.
La salud es otro tema en cuestión, no sólo porque millones de nuestros alumnos no acceden a este derecho. La crisis sanitaria deja ver que en clínicas y hospitales no hay insumos mínimos como jabón o cloro, ya ni hablemos de mascarillas, guantes o batas. El problema se agudiza si pensamos en la cantidad de centros de salud, las camas disponibles o los ventiladores. Llega a tal punto que ya se citan “guías de bioética” en las que se naturaliza dejar morir a las personas de la tercera edad por la falta de equipo.
Todavía no llegaba la fase 3 y la saturación de varios hospitales era ya una realidad. Las tragedias fuera y dentro de los hospitales se multiplican. Y sin dudarlo lo decimos: es consecuencia de las políticas de las administraciones que priorizan proteger los intereses de los grandes empresarios, antes que la vida del pueblo pobre y trabajador. Por ello la importancia de que los maestros nos asumamos como actores políticos y sociales que pueden (y deben) luchar por una salud digna para todas las personas.
De este intercambio de información, experiencias y sensibilidades, los docentes formulamos un pronunciamiento que te invitamos a conocer, suscribir y difundir.
Si bien el encierro ha dificultado el intercambio y la organización de los docentes, creemos que es necesario hacer uso de todos los medios a nuestro alcance para hacer este tipo de ejercicios. El silencio ante la barbarie que arrastró la pandemia, es inadmisible.
Firma la Petición para que concluya ya el ciclo escolar aquí.