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Red Internacional
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MÉXICO // ESTADOS UNIDOS. Donald Trump y su muro de la ignominia

El aspirante a candidato presidencial por el Partido Republicano vuelve al ataque en sus posiciones más derechistas para contrarrestar el triunfo de Ted Cruz en Wisconsin.

Jimena Vergara

Jimena Vergara @JimenaVeO

Miércoles 6 de abril de 2016

Donald Trump descubrió cómo va a financiar el muro fronterizo con México

Donald Trump tuvo un eureka. Desde iniciada su campaña, ha prometido a su electorado que, de llegar a presidente, construirá un muro fronterizo que abarque los más de 3 mil kilómetros de frontera con México. Y además ha garantizado que los gastos de dicha infraestructura los absorberá el país azteca. Frente a los escépticos, Trump presentó un memorándum de dos páginas dirigido al periódico norteamericano The Washington Post donde esclarece su estrategia.

En el texto titulado “Persuadiendo a México para pagar por el muro”, se incluyen medidas “persuasivas” que pasan por incrementar las tasas aduanales a productos mexicanos, la cancelación de visas y elevar los requisitos para la obtención de tarjetas de tránsito fronterizo.

El muro será construido con los recursos obtenidos de la retención de las remesas de los trabajadores mexicanos que laboran en Estados Unidos y todos los meses envían recursos a sus familias en México. O para decirlo en otras palabras: serán los salarios de los trabajadores mexicanos los que financiarán el delirante y xenófobo plan del aspirante a candidato por los republicanos.

Son entre 22 y 25 millones de dólares los que ingresan a México por año en concepto de remesas (divisas que envían los trabajadores mexicanos a sus familias) y constituyen una buena parte del conjunto de la recepción de divisas de la economía mexicana.

Endurecer la ya de por sí xenófoba “Acta patriótica”

En el memorándum, Trump asegura que realizará una enmienda al “Acta patriótica” norteamericana o ley antiterrorista para retener una parte de estos fondos, cuyo envío se realiza a través de transferencias operadas por diversas compañías como Western Union. Aunque, según Trump, esto podría modificarse si México se compromete a hacer un pago al contado de 5 a 10 billones de dólares para pagar el muro fronterizo.

Y en seguida plantea que “es una decisión fácil para México”. En el memorándum, presentado en papel membretado con la leyenda “Trump Make America Great Again” (Trump hará grande a América otra vez) promete que, una vez construido el muro, las transferencias en remesas podrán dejar de ser retenidas.

Una de las justificaciones vertidas en el memorándum se basa en que la mayor parte del dinero transferido a México proviene de trabajadores ilegales (ilegal aliens los llama Trump), aunque está comprobado que es muy difícil esclarece cuanto del dinero que cruza la frontera proviene de trabajadores legales o ilegales mexicanos que residen en Estados Unidos.

El discurso de Trump se ha endurecido nuevamente después de las primarias en Wisconsin que le dieron el triunfo a su contendiente republicano Ted Cruz, en vista de que la “moderación” le resta parte del capital político ganado hasta ahora que se base en usufructo, por derecha, del descontento contra los políticos del establishment tanto demócrata como republicano.

Casi para concluir, Trump alega en el texto que México “ha tomado ventaja de Estados Unidos” durante años, “a través de pandillas, traficantes de drogas y cárteles” y es responsable de “los extraordinarios costos diarios de su actividad criminal”. Y remata “tenemos la influencia y la autoridad moral” para hacerlo.

La relación entre México y Estados Unidos más allá de las bravuconadas

Más allá del tono de delirio de muchas de las declaraciones del aspirante republicano a contender por la presidencia de Estados Unidos, al cual hay que tomar en serio en tanto que ha demostrado tener la simpatía de un sector amplio del electorado, la relación entre México y Estados Unidos reviste importancia estratégica para el imperialismo estadounidense.

No se trata desde luego de una “alianza” entre iguales, mucho menos de la ficción marketinera creada por Trump de que México ha “tomado ventaja” de Estados Unidos, si no de una integración subordinada cada vez mayor del país azteca a la potencia del norte que lo convierte en su verdadero patio trasero y su punto de apoyo más firme hacia toda la región.

En el terreno económico, durante 20 años de Tratado de Libre Comercio, México se ha convertido en la plataforma de exportación manufacturera para la industria norteamericana, uno de sus principales surtidores de petróleo y gas natural y un paraíso para la inversión de las grandes trasnacionales estadounidenses. México es uno de los socios claves del Acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) y del nuevo Acuerdo Transpacífico en servicios (TISA) que se está negociando clandestinamente.

El futuro de la economía mexicana, depende in extremis del futuro de la economía norteamericana que, una vez que conjuró una gran depresión post 2008, arrastró a México en su mediocre pero sostenida recuperación.

Los 25 millones de mexicanos que viven y laboran en Estados Unidos desde hace ya varias generaciones, son además una base electoral muy importante que el partido demócrata ha sabido atraer; son la población más importante numéricamente hablando de California por ejemplo. Y más aún la fuerza de trabajo mexicana es parte de la enorme fuerza laboral norteamericana que mueve los resortes de la economía de conjunto. Los 11 millones de mexicanos ilegales, ocupan los trabajos más precarios del engranaje económico y su situación de vulnerabilidad legal, hace que reciban salarios miserables, cumpliendo un rol también en el engranaje económico.

El narcotráfico, uno de los principales negocios que operan a través de la enorme frontera, reproduce ganancias no solo para los cárteles mexicanos, si no para los distribuidores norteamericanos en uno de los países con mayor consumo de estupefacientes en el mundo.

Ni que decir de los múltiples acuerdos en seguridad como el plan Mérida o el tráfico de armas, personas y órganos en el cual están involucrados una amplia red de agentes binacionales.

Desde este punto de vista, las “bravuconadas” de Trump están completamente por fuera del carácter estratégico de la relación México- Estados Unidos y los sectores más “lúcidos” de la burguesía imperialista lo saben.

Incluso en las altas esferas del poder en México, la agresiva campaña de Trump ha llevado a que, por primera vez en la historia reciente, hasta el presidente Enrique Peña Nieto, siempre servil y cauteloso ante la política interna norteamericana (como todos sus antecesores), se haya pronunciado en contra de Donald Trump explícitamente.

Barack Obama por su parte, además de denostar el plan de Trump por “inviable” planteó a la prensa que "Tenemos además las implicaciones para la economía mexicana, que si colapsa enviará más inmigrantes hacia el norte porque no pueden encontrar trabajo en México. Esto es solo un ejemplo más de algo que no ha sido pensado seriamente y que se ha presentado para el consumo político”.

Si bien hasta ahora el llamado voto latino lo pudo capitalizar el voto demócrata, el descontento cunde y la campaña de Sanders ha captado la atención de este sector, sobre todo en la juventud. Obama, a pesar de su discurso cada vez más endulzado de “derechos humanos” fue incapaz de concretar un acuerdo migratorio relativamente más favorable a México y es conocido como “el deportador serial” por la comunidad mexicana y latina en Estados Unidos; incrementó las redadas contra migrantes y enfrentó el escándalo internacional por los centros de retención de niños migrantes hacinados en lamentables edificios gubernamentales.


Jimena Vergara

Escribe en Left Voice, vive y trabaja en New York. Es una de las compiladoras del libro México en llamas.

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