Clinton y Trump se dirigen a la elección presidencial con índices de impopularidad superiores al 50 %. Escándalos, denuncias y acusaciones. Uno de los dos se queda con la Casa Blanca.

Celeste Murillo @rompe_teclas
Martes 8 de noviembre de 2016
La carrera presidencial estuvo marcada desde el inicio por la crisis del bipartidismo y por los altos índices de impopularidad de los dos principales candidatos. La imagen negativa de Hillary Clinton trepa al 54,6 % mientras la de Donald Trump llega al 58 % (Real Clear Politics).
Misoginia, racismo y xenofobia
El rechazo a Donald Trump ha movilizado a la base demócrata, poco entusiasmada con la candidatura de Clinton. El millonario, que corría como perdedor en las primarias, terminó nominado pero sin el apoyo del establishment republicano y con varias figuras prominentes del partido anunciando que votarán por Clinton.
Los comentarios racistas de Trump, su prepotencia contra la prensa y la catarata de denuncias de acoso y abuso sexual, son la ventaja con la que cuenta Clinton para ampliar la brecha en sectores clave como los latinos, las mujeres y los afroamericanos.
Trump no escatimó en retórica xenófoba: acusó a los latinos de criminales y prometió construir un muro para separar las fronteras de México y Estados Unidos.
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Paul Ryan, jefe de la bancada republicana en el Congreso, se distanció del candidato en varias oportunidades. Una de ellas fue a raíz de las declaraciones racistas de Trump sobre el juez Gonzalo Curiel, de familia mexicana, que actúa en una causa contra las empresas del millonario. También se diferenció a raíz de sus declaraciones misóginas.
La catarata de denuncias de acoso y abuso sexual generó un repudio generalizado entre las mujeres. Estas denuncias no fueron ni la primera ni la última fuente de impopularidad entre este bloque electoral, donde Clinton mantiene una importante brecha. Además le valieron el rechazo de un sector de la base cristiana, donde pesa la defensa de los valores y la familia.
Luego de la tragedia de la discoteca Pulse en Orlando (Florida), el magnate arremetió contra la comunidad musulmana y anunció que prohibiría la inmigración de los países que “atentan” contra Estados Unidos y Europa.
Trump también generó una gran controversia dentro del partido republicano con sus dichos sobre la familia de un soldado estadounidense de origen musulmán, muerto en Irak. El candidato se despachó contra la familia del soldado, lo que provocó la diferenciación del propio John Mcain, excandidato a presidente y veterano de guerra.
Estas declaraciones, así como sus comentarios machistas son los que más resquemores causaron entre la base cristiana del partido. Esta crisis se expresa particularmente en Utah, un estado abrumadoramente republicano y partidario de los valores religiosos y la familia, donde Trump perdió gran parte del voto republicano a manos de Evan McMullin, un independiente de centroderecha.
Clinton, la candidata del establishment
Los demócratas, a diferencia del republicano, supo administrar su propia crisis. Para esto fue fundamental la decisión de Bernie Sanders de competir dentro del partido, que no niega sin embargo el cuestionamiento que significó su candidatura motorizada por miles de jóvenes que denuncian la desigualdad y a las elites políticas y financieras que gobiernan el país.
El escándalo de los correos electrónicos persiguió a Clinton durante toda la campaña. Los correos alojados en un servidor privado, mientras era secretaria de Estado durante el primer gobierno de Obama, casi la dejan a las puertas de una acusación por poner en peligro la seguridad de Estados Unidos.
Pero cuando todavía no terminaba de apagarse el primer capítulo de ese escándalo, se filtraron los correos que echaron la luz sobre el mecanismo de elección de la candidatura “en las sombras”.
Mediante una filtración de Wikileaks, se conoció cómo la dirección del partido demócrata había terciado a favor de Clinton y en contra de Bernie Sanders. En esa filtración de documentos del Comité Nacional Demócrata se hablaba de mecanismos para manipular a los periodistas, y se muestra una clara preferencia por Hillary Clinton en plenas primarias (en mayo de 2015 ya anunciaban su triunfo y alentaban a prepararse para la elección general).
Otra nube que estuvo sobre su campaña fueron los conflictos de interés con la Fundación Clinton que salieron a la luz a través de varios correos electrónicos publicados por Judicial Watch, una organización conservadora. Se publicaron varios emails que muestran relaciones privilegiadas y trato preferencial con donantes de la fundación mientras Clinton era secretaria de Estado. También quedaron al desnudo favores y pedidos de amigos y asesores de Bill Clinton.
El escándalo de los correos persiguió a Clinton virtualmente hasta el día de la elección. A una semana del 8 de noviembre, el director del FBI James Comey reabrió la investigación y declaró que podría haber nuevas pruebas en contra de la candidata demócrata. Recién el domingo 6, dos días antes de la batalla final, el organismo confirmó que no acusaría a Clinton.
Gane quien gane la mayoría de delegados en el Colegio Electoral, esta será recordada como la elección entre los candidatos más impopulares de las últimas décadas. Otra confirmación de que la crisis del bipartidismo y el descontento con la elite política siguen siendo protagonistas, más allá de quien conquiste la Casa Blanca.

Celeste Murillo
Columnista de cultura y géneros en el programa de radio El Círculo Rojo.