Una causa judicial con muchos imputados, pocos procesados y ningún condenado. Detrás de su desaparición hay una estafa millonaria a los trabajadores golondrinas, trata de personas y narcotráfico.
Domingo 5 de noviembre de 2017 14:35

Daniel Solano desapareció el 5 de noviembre de 2011 en la localidad de Choele Choel, provincia de Río Negro. Nació en Salta, más precisamente en Tartagal, una localidad petrolera en la que en los 90, con la privatización de YPF bajo el gobierno de Menem, mucha de su población quedó sin trabajo. Algunos sobreviven con changas, otros emigran al sur del país, como trabajadores golondrinas, para trabajar en las temporadas de cosecha de la fruta.
Daniel viajó, un mes antes de su desaparición, hasta la provincia de Río Negro para trabajar en la multinacional belga Expofrut, que contrata mano de obra tercerizada a través de la empresa Agrocosecha. Cuando Solano reconoció la estafa laboral a la que eran sometidos él y sus compañeros, reclamó que se cumplieran sus derechos laborales. Un día después, en la noche del 5 de noviembre de 2011, Daniel fue secuestrado por policías de Río Negro. Desde entonces continúa desaparecido.
Es imposible no encontrar similitudes con las operaciones montadas en el caso de Santiago Maldonado, donde se busca culpar a la víctima y no a los verdaderos responsables de su desaparición forzada y muerte.
A partir de la causa judicial que se abrió por la desaparición del joven trabajador golondrina, se abrieron otras 23 causas, conexas a la principal, que tiene 53 cuerpos.
En el trascurso de la investigación llevada adelante, centralmente, por los abogados de la familia Leandro Aparicio y Sergio Heredia, se pudo acreditar la estafa laboral a la que son sometidos, obligados a agachar la cabeza, los trabajadores golondrinas en empresas frutihortícolas. También pudieron acreditar que hay redes de trata de personas vinculadas a estas empresas y que en los micros que trasladan trabajadores de norte a sur del país, trasportan sustancias ilegales como cocaína y marihuana, que luego exportan hacia Europa.
Además, quedó demostrado que estas empresas imperialistas y las redes de trata cuentan, para lograr la superexplotación de la mano de obra, con el encubrimiento y la complicidad de funcionarios políticos, policías, burócratas sindicales, jueces y fiscales. Y que entre los cómplices políticos de los empresarios esclavistas hay peronistas, kirchneristas, radicales y macristas.
A Daniel Solano lo mandaron a matar unos empresarios sólo para que no reclamara por su salario. Bajo el gobierno de Cristina Kirchner, y en una provincia dirigida por su mismo signo político, el Frente para la Victoria, la desaparición de Solano fue un intento de aleccionar y disciplinar al resto de los miles de trabajadores golondrinas que sufren esas mismas condiciones de vida desde hace décadas.
Hace pocos días, seis años después de los hechos criminales contra Daniel Solano, Mauricio Macri designó como embajador en los Estados Unidos al empresario Fernando Oris de Roa, nada menos que un exdirector de Expofrut SA.
La Izquierda Diario, a seis años de la desaparición del joven descendiente de indígenas, nacido en Salta y desaparecido en Río Negro, se suma al reclamo de justicia por Daniel y abraza solidariamente a su familia. Va esta serie de notas a modo de homenaje.