Menos variedad, una web más aburrida, mayores costos, censura y repercusiones de carácter mundial, donde la libre información queda al arbitrio de unos pocos magnates empresariales.
Sábado 16 de diciembre de 2017

Se derogó la norma de neutralidad de internet, que reglamentaba que todo el mundo fuese tratado por igual en la red y que prohibía que las compañías proveedoras del servicio cobraran más por una conexión más rápida o el acceso a ciertos contenidos.
La ley fue anunciada por la Comisión Federal de Comunicaciones, pese al amplio rechazo de la población estadounidense, pues según una encuesta de la Universidad de Maryland el 83% está en contra de la medida, que entrega todo el poder a las empresas para limitar la conectividad, subir los precios o bloquear el acceso a contenidos, según su criterio y sin rendir cuentas a nadie.
Una de las consecuencias podría ser la discriminación en el mundo digital, donde exista un internet para quienes pueden pagar más y otro distinto para el resto. Los servicios en línea serían limitados y más caros y habrían menos servicios gratuitos.
Según Ryan Singel, experto en neutralidad de la red del Centro de Estudios de Internet y la Sociedad de la Universidad de Stanford "Cualquier empresa o bloguero, por ejemplo, que abogue por discursos controversiales u opiniones polémicas podría ver censurada o bloqueada su web" y las principales beneficiadas serían las “cuatro grandes compañías que suministran el internet inalámbrico y de banda ancha”.