×
×
Red Internacional
lid bot

Tribuna Abierta. EE. UU.: uno de los sistemas políticos más antidemocráticos y plutocráticos del mundo

Reproducimos esta colaboración que llegó a nuestra redacción. El autor es abogado recibido en la UBA con un Master en Economía en la Georgetown University y un Doctorado en Filosofía de la American University.

Viernes 6 de noviembre de 2020 15:42

El proceso que llevó a redactar la Constitución de EE. UU. fue uno de los secretos mejor guardados de la historia. Los constituyentes –quienes, en una generalizada y falsa versión popular, habrían sido humildes granjeros- reunidos a puertas cerradas durante tres meses en la ciudad de Filadelfia, no fueron votados por la población, ni comisionados para ese propósito por el Congreso norteamericano. Todos los participantes en la Convención Constituyente fueron obligados a jurar que mantendrían en secreto lo allí tratado hasta el día de sus muertes. Quienes hubiesen tomado notas, debían entregarlas al presidente de la Convención, George Washington, cuya última función como tal era destruirlas.

Afortunadamente para la verdad histórica, uno de los convencionales no cumplió con lo prometido. En 1840, medio siglo después de entrada en vigencia la Constitución, en su obra póstuma se encontraron las notas que había escrito como delegado constituyente. Lo primero que surge de ellas es el porqué de tanta secrecidad: los convencionales reunidos no eran modestos horticultores dedicados a labrar la tierra, sino poderosos banqueros, comerciantes, dueños de compañías navieras, terratenientes, traficantes y dueños de esclavos, propietarios de plantaciones, especuladores inmobiliarios y abogados que representaba sus intereses. En defensa de éstos, y luego de alcanzar compromisos sobre desacuerdos menores, diseñaron la forma de gobierno que mejor sirviera a esos intereses sectoriales y colectivos de la clase capitalista.

Pero los 50 años de silencio obtuvieron el efecto deseado: permitir la construcción del mito. Los grandes capitalistas, pasaron a ser “Padres Fundadores”. Su astucia comercial, devino en “insondable sabiduría”. La preocupación excluyente por los intereses de su clase dueña de medios de producción, fue elevada a “altruismo universal” y “sentido patriótico”. Finalmente, aunque la libertad de asociación, opinión, etc., no deberían ser limitadas, existe la excepción de la seguridad pública, cláusula de escape para que los intereses de la clase burguesa siempre puedan ser defendidos por la doctrina de “seguridad nacional”. De igual manera, aunque varios de estos grandes empresarios eran no-creyentes (Ejemplo: Jefferson), con el paso del tiempo y el aumento de religiosidad entre la ciudadanía estadounidense, se generalizó el relato –incluso en la enseñanza escolar- acerca de que los humildes “granjeros” habrían sido inspirados por dios, reforzando la idea de una Constitución con origen divino.

La clase capitalista está dispuesta a permitir democracia y libertad en la medida en que estas sirvan para consolidar su propio poder y legitimar su dominio de clase minoritaria bajo el relato de que representan a todo el pueblo. Cuando se trata de analizar fenómenos políticos es útil preguntarse ¿Quién se beneficia? Respecto al sistema constitucional norteamericano, el senador por Pensilvania Boies Penrose (1860-1921), máximo líder político Republicano de ese Estado y segundo en ostentar ese cargo por más tiempo hasta que su record fue superado en 2005, dio una respuesta precisa y brutalmente honesta a esa pregunta. En un discurso para hombres de negocios afirmó: “Creo en la división del trabajo. Ustedes nos hacen ser electos al Congreso. Nosotros aprobamos leyes, gracias a las cuales ustedes ganan dinero. De sus ganancias, ustedes contribuyen a nuestros fondos de campaña para que seamos re-elegidos. Y nosotros seguimos aprobando más leyes que les permitan ganar todavía más dinero” [1]. ¿Más claro? Echarle agua.

En el libro How democratic is the American constitution? [2], el politólogo y profesor emérito de la Universidad de Yale, Robert Dhal, enumera siete elementos anti-democráticos en la Carta Magna de EE. UU., asestando un devastador golpe a la presunta alta democraticidad del sistema político norteamericano:

1. Esclavitud: la Constitución original legitimaba su existencia. Solo después de una sangrienta Guerra Civil pudo ser modificada para extraer esa cláusula.

2. Derecho al voto: durante muchas décadas mujeres y negros no tenían derecho al voto.

3. Colegio Electoral: la representación para este ente no es proporcional, ya que existen dos lugares por Estado para senadores. Además, los electores son designados a dedo por las autoridades partidarias y no elegidos por el voto popular. Finalmente, el sistema de circunscripción única (opuesto al D’hont) permite al ganador de un Estado llevarse todos los escaños con solo la diferencia de 1 voto. Esto viola el principio democrático de “un hombre, un voto”.

4. Representación en el Senado: cada Estado tiene dos senadores sin importar la cantidad de población, razón por la cual los estados pequeños tiene mucha más importancia de la que tendrían si se utilizara representación proporcional al número de votantes. Esto también viola el principio democrático de “un hombre, un voto”.
5. Elección of Senadores: hasta la aprobación de la Séptima Enmienda, el Senado era designado a dedo en vez por el voto popular.

6. Poder Judicial: los jueces pueden decidir sobre la constitucionalidad de las leyes y decretos, y la combinación de sus nombramientos vitalicios con barreras para su remoción, hacen a su constitución e influencia inherentemente anti-democrática.

7. Límites al Poder Legislativo: las decisiones del Poder Judicial limitaban tanto al Poder Legislativo que hasta la aprobación de la Decimosexta Enmienda el Congreso no podía utilizar la cláusula constitucional para cobrar y gastar impuestos federales a los ingresos.

A estas razones podrían agregarse por lo menos otras 10 [3].
Históricamente el Colegio Electoral ha designado presidentes que perdieron la elección por millones de votos, pero obtuvieron más electores.

8. Lo mismo ocurre con senadores y diputados: el partido que obtenga mayor cantidad de votos en cada Estado, aunque sean millones más, puede terminar como partido minoritario en ambas Cámaras.

9. Si hubiera un empate en el Colegio Electoral, un Estado pequeño como Wyoming puede tener la decisión final sobre quien será el presidente que otros enormes como California y Texas.

10. Como es un sistema fuertemente presidencialista, el Ejecutivo puede vetar leyes aprobadas por amplia mayoría en el Senado y la Cámara Baja, negando la voluntad de las mayorías populares.

11. Un presidente rechazado en las urnas por la mayoría de votantes, puede tomar decisiones importantísimas (Ejemplo: nombrar jueces a la Corte Suprema) durante el período de transición entre la elección y el traspaso de mando.

12. Presidentes de gran incompetencia o incapacidad, no pueden ser removidos hasta el final de su mandato ni aun vía referéndum.

13. Con referencia a reformas (enmiendas) constitucionales, 13 Cámaras Legislativas de 13 respectivos Estados, tienen el poder de rechazar la voluntad 86 Cámaras Legislativas, 74 de ellas en 37 Estados y otras 12 en los remanentes (Nebraska es unicameral).

14. No todos los ciudadanos norteamericanos pueden llegar a presidente, debido a la cláusula de haber nacido en EE. UU.

15. No todo ciudadano norteamericano puede ser senador o diputado, por la cláusula que exige haber sido ciudadano naturalizado durante 9 y 7 años respectivamente, para calificar como candidato.

16. Demostrando el fuerte presidencialismo del sistema, si ocurriera un desastre o atentado que matase a la mayoría de miembros de ambas Cámaras, la Constitución exige un nuevo proceso eleccionario, por lo que el ínterin permitiría una literal dictadura del Poder Ejecutivo.

Existen además infinidad de mecanismos no amparados por la Constitución, pero que son de uso habitual tanto por Demócratas (Hillary Clinton los utilizó contra Bernie Sanders) como Republicanos (Trump contra Biden): exclusiones para el voto de negros e hispanos por la comisión de infracciones menores como el no pago de multas por estacionamiento; cierre de centros de votación en barrios de esa extracción étnica/social; reducción de horas en esos centros; demoras en el conteo de votos en Estados controlados por uno u otro partido, para dar la falsa imagen de una temprana victoria desanimando a votantes el día de votación; ausencia de una autoridad federal electoral, dejando en manos de cada Estado decisiones finales sobre conteo (elección G. W. Bush contra Gore); y hasta el envío de grupos para-militares (supremacistas blancos pertrechados para la guerra) a desfilar intimidatoriamente en distritos con mayor presencia de “minorías” raciales.

Finalmente, el sistema bipartidista es una realidad de hecho, más allá de que otros partidos puedan presentarse en una elección presidencial. Esto limita las opciones del electorado a partidos controlados por la clase capitalista. Las elecciones para ambas Cámaras del Congreso norteamericano demandan millones de dólares en fondos de campaña, por lo cual es muy difícil ganarlas sin tenerlos, solicitarlos a cambio de posturas políticas favorables a quienes los tienen, o hacer promesas electorales de votar a favor de sus intereses sectoriales e incluso individuales. Pero el Congreso es un club demasiado exclusivo para que sus miembros se preocupen por andar cortos de fondos: más de la mitad de los congresistas del 116avo Congreso (el actual) son millonarios de acuerdo a sus últimas declaraciones juradas. La mediana de activos netos de todos los miembros del actual Congreso es superior a 1 millón de dólares. Pero cuando se retiran después de varios años como legisladores, sus activos se incrementan exponencialmente, aun cuando sus ingresos como servidores públicos no lo hacen.

Esta enumeración hace evidente el nivel de ignorancia de los apologistas del sistema constitucional norteamericano, comenzando por el cholulaje político de países neo-coloniales que se desvive por viajar a Washington para rendir pleitesía a la presunta “Meca” de la democracia y el republicanismo. Ignorancia sumada a su servilismo con el 1% propietario de los grandes medios de producción. La mayoría de representantes de la política-poder argentina son penosa expresión de esta clase de cipayaje.


[1Ollman, Bertell, “Toward a Marxist Interpretation of the U.S. Constitution” artículo publicado en red: https://www.nyu.edu/projects/ollman/docs/us_constitution.php

[2Dhal, Robert (2003) How democratic is the American Constitution? Yale University Press: New Haeven.

[3Oxford University (2006) Academic Insights for the Thinking World, Oxford University Press: Oxford, Inglaterra. https://blog.oup.com/2006/10/top_10_reasons_/