Unos, los empresarios, se aterraron con el rechazo a Dominga y el cambio de gabinete; otros, los progresistas, se entusiasmaron. Bachelet, desmintió a ambos, y las cosas seguirán, igual, o peor.
Lunes 4 de septiembre de 2017
“Verde que te quiero verde”, pero no es Lorca, es Rodríguez Grossi, y debe recitarlo pensando en el color del dólar. Es que dijo que el proyecto Dominga debería continuar, que “tiene ahí el recurso bajo tierra”, y por tanto, “si es rentable puede tener aprobación”. Rematando: “No veo por qué no puede presentarse un proyecto corregido”.
Claro, simple, franco, sin pelos en la lengua. Lo que ayer se desaprobó, mañana se aprobará.
Los empresarios, respiran aliviados. Los progresistas, una vez más se desengañan de sus propias falsas ilusiones y apuestas por políticos y coaliciones empresariales.
Hasta el vocero del Frente Amplio había dado su respaldo a Bachelet cuando dijo “crecimiento sustentable”. Del verde deberían pasar al rojo, pero falta un poco de vergüenza.
No es todo. El Ministro de Hacienda Nicolás Eyzaguirre aclaró que ante la negociación del reajuste del sector público, había que cuidar los equilibrios fiscales.
Los empresarios, se envalentonaron, y quieren saber cuánto hay de vuelta del viejo Nicolás Eyzaguirre, el del gabinete de Lagos, y no el nuevo del segundo Gobierno de Bachelet. Así que, además, se dan el gusto de humillarlos.
Nada viene de la nada, y el envalentonamiento empresarial, es fruto de las sucesivas renuncias de un Gobierno que las disimula y unos progresistas que miran para el lado, y hasta lo aplauden.