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Red Internacional
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Entrevista. Editorial Atlántida: emblema de complicidad entre medios y dictadura

Reportaje a Alejandrina Barry, hija de desaparecidos y querellante contra Editorial Atlántida por su encubrimiento y participación en los delitos de privación ilegal de la libertad y homicidio durante la dictadura.

Viernes 26 de septiembre de 2014

La semana pasada, en el marco de la megacausa Esma, declararon testigos sobre el caso Thelma Jara de Cabezas, madre de un desaparecido y ella misma secuestrada en la ESMA. Su caso es emblemático de la siniestra actuación de los medios de comunición durante el genocidio y en particular, de ser los artífices de campañas montadas y planificadas junto a los militares, donde todo valía a la hora de contrarrestar lo que llamaban la “campaña antiargentina”, que no era otra cosa que las denuncias que en soledad, organismos de derechos humanos, exiliados y familiares en el exterior hacían sobre las atrocidades que los medios querían ocultar.

Thelma Jara fue sacada de la ESMA, para una “producción” de fotos y una nota en la revista Para Tí, de Editorial Atlántida, que tituló el 10 de septiembre de 1979 : “Habla la madre de un subversivo muerto”. En esa nota falseada, y escrita por el represor Gabriel Cavallo, ella supuestamente denunciaba que era amenzada por Montoneros, criticaba a los militantes que eran secuestrados y torturados y a los que denunciaban esta situación. Ante los ojos de millones, ella era una madre que repudiaba a su hijo militante y reivindicaba a la dictadura.

Muchos de los que fueron parte de esta maniobra servil, hoy siguen formado parte del staff de la Editorial Atlántida o se reciclan en otros medios. Todos permanecen impunes.

El caso de Alejandrina Barry, hija de desaparecidos, tiene un gran punto en común con el de Thelma Jara: la editorial Atlántida. Su caso es también una muestra de perversidad y manipulación que muestra a los medios como una pata imprescindible de la dictadura. Entregaron trabajadores y fueron los sostenes justificadores del genocidio ante las grandes masas.

Así lo cuenta Alejandrina a La Izquierda Diario:

ID: ¿Denunciaste a los directivos de la editorial?

Alejandrina Barry: Me presenté en septiembre de 2010 como querellante contra Editorial Atlántida por encubrimiento y participación en los delitos de privación ilegal de la libertad y homicidio. Mis papás, Susana Mata y Juan Alejandro, fueron asesinados en diciembre del 77 por un operativo conjunto en Uruguay entre las Fuerzas Armadas argentinas y uruguayas. Primero asesinan a mi papá y luego, ese mismo día, cercan la casa donde estábamos con mi mamá, la matan y quedo en manos de los militares.

ID: ¿Qué hizo la editorial en ese momento?
AB: El objetivo era reivindicar la abatida de los que denominaban “terroristas subversivos” conmigo como conejito de Indias. Salí fotografiada, a la vez, en Gente, Para Ti y Somos, los principales medios masivos del momento. Y en distintos diarios. Las notas decían que yo era una víctima de mis padres subversivos, que me habían dejado huérfana, que había quedado sola en el mundo y que nadie me reclamaba.
Supuestos ‘terroristas’ que dejaron de ser personas y se convirtieron en ‘desalmados’, fabricantes de huérfanos, entre las cosas más leves que dicen. ¡A mis viejos los habían asesinado los milicos y a mí me arman fotos, con mis tres años, en una cuna rodeada de armas!

ID: Todo bajo una fachada de publicaciones inofensivas...
AB: Claro, así esas revistas “inofensivas” como Somos o Gente hacían una propaganda alevosa de los asesinatos y desapariciones a manos de los milicos, demonizando a los luchadores. Planificaron usarme para este fin. Incluso hay notas que dicen que estoy sola cuando yo ya estaba con mis abuelos, fueron publicadas después de que mi familia me fuera a buscar a Uruguay. Con esas fotos buscaban sembrar terror y desmoralizar a los luchadores y sus familias. La mamá de una compañera, que fue militante en los ‘70, me comentó que ella se acuerda de esas notas y de lo terrible que fue para ella y muchísimos otros ver esas operaciones de prensa. De verdad metían miedo.

ID: Hace poco, en junio, declaró Agustín Botinelli, exeditor de la revista Para Ti

AB:Sí, está imputado por el caso de Thelma Jara, tuvo que prestar declaración indagatoria, después de treinta años de iniciada la causa judicial y de eludir su presentación en la justicia, es uno de los responsables de haber utilizado su rol en los medios para lo que la dictadura llamaba campaña de “acción psicológica.”
Tiene que ser llamado por mi caso. Soy otra de las víctimas de este personaje y de aquellos que actuaron como complemento de los genocidas, patota de la ESMA mató a mis padres, y gente como Bottinelli, entre otros, justificó su asesinato diciendo que eran terroristas subversivos que merecían morir.
La justicia no puede separar las causas, porque si fuera igualmente llamado por mi caso, no podría decir como dijo en su defensa, que no se acuerda de semejantes notas. Dos veces no puede repetir ese argumento. En mi causa también están involucrados otros de estos personajes, que hoy gracias a la impunidad siguen en grandes medios de comunicación sean oficialistas u opositores. Samuel Chiche Gelblung que era el director de la revista Gente y hoy está como vocero en un canal oficialista; D´Amico, director de Somos, actualmente secretario de redacción del diario la Nación; Alfredo Serra quién hoy sigue trabajando en Gente; Luján Gutierrez, entre otros. En la querella pido que se los condene por genocidio, por haber sido una parte esencial en la máquina del terrorismo de estado, a través de la propaganda hacia la población para justificar los crímenes de la dictadura.
Las pruebas y testimonios de su participación directa en común con los militares que hemos aportado son muchas, pero hay una decisión de la justicia de no avanzar en que sean juzgados.

ID: Se habla de la dictadura cómo cívico militar eclesíastisca, sin embargo sobre los civiles poco se avanzó...

AB: Sobre los civiles que fueron parte de la dictadura sólo hay impunidad, hay sólo 297 que están siendo investigados y casi ningún condenado. Mi caso es uno en un montón, como el de los médicos y enfermeros que actuaron en las maternidades, los empresarios, como se está viendo en el juicio de los obreros en zona norte del Gran Buenos Aires, de las fábricas de cerámica o los astilleros, que son denunciados por todos los sobrevivientes, sin embargo no están ni imputados, o los empresarios de Ford, Mercedes Benz, Acindar, ni hablar de los hombres de la iglesia, como Graselli que sigue dando misa, lo designó Bergoglio a una parroquia castense de Belgrano. Ese tipo presenció las torturas a mi tío, y está libre. La justicia tiene que imputar a todos los que fueron parte del entramado genocida. Además la modalidad de los juicios hace que se juzgue por tramos, de modo parcelado, generalmente a miembros de las cúpulas o primeras líneas de jerarquía militar, los testigos, víctimas y sobrevivientes somos las pruebas, vamos a declarar decenas de veces, pero la cantidad de condenados no se amplía sustancialmente, por el asesinato de mis viejo y la desaparición de mis tíos tampoco hay ningún condenado. .
Es un claro mensaje de que siguen manteniendo el poder que tuvieron, porque no estamos hablando de desconocidos, sino de representantes referentes, de los grandes medios de comunicación, de las empresas, de la iglesia, de la justicia.

Lo que se ve es que por más que lo digan y hablen de los civiles, nunca ha sido una política de estado que se avance en que vayan presos, comenzando por los que esta totalmente probada su participación. Muchos organismos exigimos al gobierno, que se entreguen de inmediato los archivos de todos los que fueron parte del genocidio para que sean juzgados inmediatamente. Porque no queremos juicio a cuenta gotas, con sólo un puñado de militares condenados, para que luego se de por cerrado los juicios e intenten nuevamente ir hacia una política de reconciliación nacional.