Son las 8:30 en la Calle Sandoval número siete de Madrid. Una fila de por lo menos ocho personas se amontona desde esa hora a las puertas del edificio esperando por la asignación de un turno, con tiempos de espera de hasta cuatro horas.
Lunes 18 de abril de 2022
Esta puede ser una escena habitual para cualquiera que se haya acercado al Centro Médico Sandoval.
Es que siendo paciente o trabajador del mismo, la situación de precariedad en la que se encuentra inmersa el establecimiento es abrumadora y visible desde afuera.
Probablemente poco conocido hacia fuera de la población LGTB, el Centro de Salud Sandoval es uno de los pocos del Estado Español especializados en infecciones de transmisión sexual. Poco conocido porque incluso entre personal sanitario de otras instituciones madrileñas se desconoce sobre esta clínica.
El dato se va pasando de boca en boca, los colectivos del ámbito LGTB, en situación de vulnerabilidad y VIH positivo hacen lo mismo. Este centro es el único público de la comunidad de Madrid donde se da atención a estos grupos. ¿Será por eso entre otras cosas que está en las condiciones en las que se encuentra? Esta historia no es nueva, ya que este centro tuvo una gran relevancia y saturación durante la crisis del VIH-SIDA en los 80, mientras los activismos LGBTI señalaban que el Ministerio de Sanidad y las industrias farmacéuticas estaban mirando hacia otro lado.
A pesar de estar integrado a la estructura asistencial del Hospital San Carlos, la atención está 100% administrada por la plantilla del centro, que no da a basto. Los turnos son otorgados por orden de llegada y las primeras atenciones tienen lista de espera de hasta tres meses. Las filas en los pasillos de hasta veinte personas contrastan con los dos o tres trabajadores que van de acá para allá tratando de ordenar las consultas mientras se acomodan el improvisado abrigo; lo que pasa es que este centro tiene todas las ventanas abiertas en invierno debido al poco espacio necesario para mantener la distancia debido al COVID.
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Los tiempos de espera también son largos, de hasta cuatro horas. El personal del lugar es visiblemente insuficiente ya que los pacientes se acumulan alrededor de los profesionales para obtener su lugar en la próxima consulta (la cual no se puede perder ya que lo horarios también son reducidos). Hasta hace poco este era el único autorizado por la Comunidad de Madrid para suministrar la profilaxis pre-exposición al VIH (PreP), siendo por ello las esperas de meses un problema de salud pública que se agrava. A nivel de salud pública estas son las políticas LGBTI, tratar a través de un sólo centro saturado con poca plantilla habiendo una población de más de 6 millones de habitantes en la Comunidad de Madrid.
No nos sorprende. Tan solo debemos recordar las ultimas noticias que surgieron sobre despidos masivos en la comunidad de Madrid las últimas semanas o la pésima administración durante la pandemia de COVID-19 a nivel Estatal.
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Sin embargo tampoco vemos mal el horizonte para lxs pacientes y la plantilla del Sandoval. Mal que les pese a los gobiernos ajustadores y sus sindicatos que juegan con nuestra salud y puestos de trabajo, una ola de luchas obreras comienza a surgir de a poco en el Estado y en el mundo y no pasa desapercibida para el ámbito sanitario.
Prueba de ello es la heroica lucha de las trabajadoras del SAD, el triunfo de las trabajadoras de limpieza del Hospital Gregorio Marañón en 2020 o la reciente sindicalización de lxs jóvenes trabajadores del gigante Amazon en EUA.
Es necesario exigir un control y gestión del sistema público de salud por parte de los trabajadores y usuarios, garantizando el acceso total a la sanidad sin importar la condición en que los mismos se encuentren, utilizando los recursos de las grandes compañías de seguros y farmacéuticas que se beneficiaron con las ganancias durante la pandemia.