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Red Internacional
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ARTES VISUALES//ENTREVISTA. El ’Clamor’ de los que ’Eramos Esperados’, entrevista a Andrés Denegri

Podríamos referirnos a la obra de Andrés en el C.C. Recoleta, como una instalación cinematográfica que sigue la tradición del cine experimental o del cine expandido, pero más allá de los intentos por encasillar su obra bajo categorías que no terminan de contenerla en lo absoluto, intentaremos a través de sus palabras acercarnos a las particularidades y germen de su trabajo.

Natalia Rizzo

Natalia Rizzo @rizzotada

Domingo 30 de agosto de 2015

Al entrar a la sala vemos que está invadida por las máquinas, por proyectores de cine, montados en andamios, metros y metros de película, pantallas que interceptan imágenes de las cintas que se mezclan y entrecruzan. Todo está interceptado por todo. Cada cosa u objeto es soporte, es contenido, a la par que interviene el resto de los soportes y contenidos generando una multiplicidad de posibles enfoques según el ángulo desde donde cada público haga foco en las partes. Las cintas de película se ven delante de la propia imagen que proyectan esas mismas cintas, por ejemplo.

El artista es como una especie de arqueólogo del cine y de las imágenes que va recopilando cintas encontradas tanto como propias, que muchas veces como en este caso, tienen un valor histórico.

Clamor es una instalación impactante y llena de significados. Está formada a su vez tres obras: Éramos esperados (Súper 8), Éramos esperados (16mm)” y “Éramos esperados (35mm)”. Se proyectan dos imágenes: una de la película “Obreros saliendo de la fábrica”, de Louis Lumière, primera película de la historia del cine comercial; la otra hace referencia a la primera filmación en territorio nacional: “La bandera argentina”, de Eugenio Py. La imagen de la bandera se ve superpuesta con la imagen de los obreros.

Me interesa que la obra llegue a proponerle al espectador la posibilidad de que el diálogo vaya más allá de la formalidad, por eso uso imágenes, y no cinta traslúcida sin imágenes, para que esté planteada la posibilidad de un diálogo entre la obra y el público, que tenga en cuenta elementos simbólicos concretos, dice Andrés.

En la otra sala contigua hay otra instalación Hierro y Tierra, donde se ve otra vez la bandera flameando, El grito de Alcorta y La Semana Trágica.

Se muestra la dualidad entre campo y ciudad y son como dos instancias míticas de la lucha obrera en los dos terrenos, en el campo y en la ciudad. Nos cuenta Denegri. No hay filmaciones sobre El grito de Alcorta y La semana Trágica, entonces en el archivo general de la Nación al archivo de fotos y les di movimiento. Porque en ese entonces las filmaciones tenían un carácter muy institucional o familiar, filmaciones que escaparan a lo que era el discurso oficial de las cosas.

La obra se titula Clamor sin embargo en primera instancia podemos observar que las películas que se muestran son de cine mudo, luego es inevitable oír el sonido constante de las máquinas en funcionamiento. ¿A qué Clamor se refiere exactamente el título de la obra?

Viene de Éramos esperados el título que tienen las 3 obras anteriores y proviene del concepto de historia de Benjamin. Uno de los pasajes dice:

…el pasado lleva consigo un índice secreto y a través de él remite a la redención. ¿No nos roza entonces el aire que estuvo entre nos entre nuestros antepasados? Acaso en las voces que escuchamos no resuena el eco de otras que enmudecieron, ¿las mujeres que hoy protestamos no tuvieron hermanas que no pudieron conocer? De ser así hay un acuerdo secreto entre las generaciones pasadas y en la nuestra, éramos esperados sobre la tierra.

Esa cuestión de un acuerdo secreto me gusta por la responsabilidad de uno sobre las luchas pasadas. Hay algo que yo no me digo mucho para no condicionar el encuentro del espectador con la obra que es la reflexión que me permite una cadena lógica en el proceso de creación. En Éramos esperados hay una dualidad de dos modelos de país y ese marco la lucha obrera por sus derechos laborales: uno es el modelo agroexportador y el otro el de desarrollo industrial. Por eso pongo esas dos imágenes: la primera en la historia del cine, la primera en territorio argentino. En Los Obreros vemos a los propios obreros saliendo de la fábrica que eran pagos por las personas que los estaban filmando. De alguna manera los patrones se están haciendo de su tiempo en el momento que son liberados del tiempo en el que ellos mismos les están pagando. Esa era una imagen representativa de una Francia de 1895 con una segunda vuelta de la revolución industrial, pero en Argentina esa no hubiese sido una imagen representativa de ninguna manera, por eso pongo la bandera flameando, dice todo y no dice nada en especifico. Clamor es una amplificación de esa demanda del pasado a nuestro presente o un llamado de atención, una especie de instalarse con presencia, y a su vez es una amplificación de este primera obra de esta obra chiquita al super 8, al 16mm, al 35mm... ir de una voz de pedido al pedido de una multitud.

No es un cine en silencio es un cine que tiene el ruido de las máquinas, entrás casi a un lugar que parece una fábrica, entonces ahí se genera un clamor sonoro si se quiere, igual el clamor es más que nada conceptual.
Conversamos sobre el momento actual del cine dentro en marco de la industria del entretenimiento y el vínculo de diversas expresiones vinculadas a su obra.

Le preguntamos sobre si veía que el cine está atravesando nuevos fenómenos.

El cine constituyó muy rápidamente su campo específico a nivel histórico, muy vinculado a lo que es la industria del entretenimiento. Hay una reducción de la definición de cine vinculado a lo que es su función especifica para esa industria.
Quizas hay que diferenciar entre cine y cinematografía. Hay sobre la técnica un proceso de muy rápida cosificación, una definición absoluta del cine: una película que se pasa en una sala, pagas determinada plata y te van a contar algo durante una hora o dos horas y vos te vas a entretener. En buenos aires podría decirse que hay un resurgimiento del cine experimental, Claudio Caldini, Ernesto, Pablo Mazzolo, Pablo Marín, Sergio Subero.

A nivel global el cine de 35mm deja de ser la tecnología utilizada dentro de esa práctica o ese terreno de la industria, el cine pasa a ser digital, destruyendo lo que fue en la décadas de los ‘80 y ‘90 esa disputa entre cine y video. Ahora es un soporte solo utilizado con una intención de producción estética o artística, entonces hay una relación mayor entre cine físico y prácticas artísticas.

En el caso de mi obra, todo el artificio de la producción está a la vista, todo eso que se oculta en la sala comercial, toda esa reducción en el proceso de cosificación de lo que la cinematografía donde se oculta el proceso de producción. El operador de la máquina y la máquina que genera el producto están ocultos, en mi caso elijo que esté todo a la vista. Se oculta para que parezca que una película brota de la tierra. Como con un caramelo, todo el trabajo que hay detrás de ese caramelo que compro, está oculto.

Reflexionamos en torno al arte contemporáneo en general, el lugar del arte en la sociedad, el rol del artista, y sobre cómo se define o se ve a él mismo dentro de lo que es el campo de las instituciones culturales.

Estuve muy peleado con el arte contemporáneo y me lleva mucho a la problematización de qué hago y para quién lo hago. El arte es una cuestión elitista por definición y yo hace poquito me reconcilié con eso, entendí que finalmente el artista es un trabajador más y que vivimos en un mundo elitista. Somos presa de entregar nuestra fuerza de trabajo. Finalmente estás produciendo de una manera auténtica, para que finalmente se instale en un espacio de elite y eso lo llevo con una sensación ambigua. No soy ingenuo con lo que hago. El último giro que di fue comprender que era mi trabajo y tomé una decisión con respecto a eso, dedicarle tiempo, que justamente es algo vinculado a la cuestión del trabajo. Yo antes no le dedicaba tanto tiempo a mi obra y decidí dejar cosas de lado de cosas que eran trabajo que me daban plata para comprender que esto también es trabajo y dedicarle el tiempo que necesitaba para producir lo que yo quería y que deje de ser un jueguito. Además esto de aterrizar en el museo es aceptar que yo soy un artista o un trabajador del arte y que ese es el espacio donde se termina de consolidar mi producción como trabajador.
Soy un trabajador precarizado pero también con algunos beneficios, mi fuerza de trabajo se aplica a un proyecto propio al menos, digamos.

Para mí el arte no tiene un poder de transformación, el artista no es ningún ser con una sensibilidad especial, todo eso tiene que ver con la creación de la noción de arte como lo conocemos hoy por la burguesía acomodada a comienzos de la modernidad que necesitaba generar una distinción de lo que era el bulgo. Ellos podían acceder a algo espacial hecho por alguien mágico que solamente ellos podían comprender y pagar. Para mi el artista no tienen nada que ver con eso y su rol en la sociedad, no es el rol que pueda tener como artista, sino es el rol que puede tener en su vida personal. Si tiene un determinado compromiso con alguna causa, con alguna situación que el cree que es necesario cambiar, o todo lo contrario, consolidar. No creo que tenga un rol en especial. Necesariamente pienso en el vínculo con la política.

En el ámbito contemporáneo es tan ambiguo, está tan bastardeado el artista, tan cooptado por las instituciones… lo que sí me interesa remarcar es esta idea de que el arte pueda hacer algo por la transformación de la sociedad, a mi me parece que el arte no tiene ningún poder mágico en ese sentido. El arte a veces se embarra en el terreno de la comunicación y sucede en general que no es ni buena comunicación, ni buen arte. Yo prefiero ser un buen comunicador en un momento que sea necesario una buena comunicación y no trabajar en el terreno de la ambigüedad del arte. El arte político transita un límite, una frontera polémica y muchas veces, como justamente lo que hacemos no es comunicación, las lecturas que se puede generar son muy amplias y se pueden llevar hacia un lugar determinado, a una interpretación totalmente opuesta.

Proponer cierta reflexión del individuo frente a la propuesta a partir de la tolerancia, esto es arte, en el entretenimiento no está esa instancia de reflexión. Hay una cuestión de asumir cosas como naturales, la derecha habla de no-ideologías, instala que el capitalismo es natural, ahí no hay terreno para la reflexión, porque las cosas son así y punto. El arte en ese sentido tiene esa propuesta a reflexionar al menos porque eso esta en el museo. Es tan amplio el rango de posibilidades, que propone reflexionar…

Desde martes 11 de agosto en el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930
Cierre: domingo 30 de agosto


Natalia Rizzo

Artista Visual, nacida en 1980, oriunda de Villa Luro. Es profesora Nacional de Bellas Artes y realizó la Maestría en Artes Electrónicas de la UNTREF. Miembro de Contraimagen y del equipo de diseño e ilustración de Ideas de Izquierda.

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