La brutal sequía ya pone en grave riesgo el “consumo de boca” y los cultivos de muchas zonas.

Jorge Calderón Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza
Miércoles 15 de noviembre de 2017

A tenor de los datos que se manejan, nadie podría afirmar a estas alturas del año que la sequía que desde hace meses afecta a casi todo el país, especialmente a las regiones del noroeste de España, no es severa. Las cuencas de los ríos se han secado gravemente, y algunas, como la del Duero, muy extensa, están a menos del 30% de su capacidad (esto es, sus embalses están prácticamente vacíos).
El último parte del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente refleja que ni las lluvias de las últimas semanas, ni los cortes de suministro para el regadío que se han llevado a cabo en algunos lugares son suficientes para sobrellevar la situación.
La reserva hidráulica ha vuelto a disminuir al 41,2% de su capacidad esta semana, dejando en una situación crítica a cuencas como las del Júcar y el Segura. De los 30.990 hectómetros cúbicos de agua que los embalses solían acumular de media en esta época durante la pasada década, apenas se alcanzan hoy los 23.000 y el último mapa de seguimiento del Observatorio Nacional de la Sequía, correspondiente al mes de junio, refleja una geografía cubierta de zonas en emergencia y alerta hídrica.
Las previsiones de futuro no son nada alagueñas. Según los expertos, esta situación podría derivar en una gran secuencia de sequía ibérica. El geógrafo de la Universidad de Alicante, Jorge Olcina afirma que: “Sería una gran sequía que afecte a todo el país, y cuyo resultado pueden ser graves daños económicos para la agricultura y restricciones de agua en aquellas ciudades que tienen una planificación deficiente de su sistema de abastecimiento". De hecho, puntualiza, que en este tipo de situaciones se puede llegar a perder entre el 1% y el 2% del PIB.
En las cuencas del centro y norte peninsular ya ha comenzado la restricción de agua para regadío en algunas zonas del Duero. "Podemos llegar a una sequía urbana donde habrá que aplicar restricciones en las ciudades afectadas", sostiene Olcina, aunque matiza que que esta decisión depende de la Confederación Hidrográfica.
¿Cómo se ha llegado a esta situación?
Según denuncian desde la organización ecologista Greenpeace, la actual sequía se ve agravada por la mala gestión del agua y el cambio climático. Afirman que: “la contaminación del agua es el factor que más influye en la pérdida de recursos hídricos.”
También denuncian que: “Las aguas subterráneas, nuestras auténticas reservas estratégicas de agua para el futuro, tampoco se libran de la pésima gestión. Los acuíferos del Estado almacenan hasta seis veces más agua dulce que todos los embalses juntos. La contaminación procedente principalmente de la agricultura y la ganadería industrial y la sobreexplotación los están poniendo en serio riesgo. La Administración reconoce que existen más de 500.000 pozos ilegales pero se niega a tomar medidas y poner coto a este descontrol.”
¿Cómo evitar que gran parte de la península se convierta en un desierto?
Esta extrema sequía es un ejemplo más de las graves consecuencias que el cambio climático, producido por la voracidad incontrolada del sistema capitalista, está teniendo en el Estado español.
Hasta el actual Gobierno advierte ya de que el calentamiento global amenaza con que, en lo que queda de siglo, el 80% del suelo esté en peligro de desertificarse. Incluidas las cordilleras montañosas del sur. El informe ministerial admite que "la desertificación es ya un problema real" en más de dos tercios del territorio, agravado por la "falta de lluvias y las temperaturas más altas”.
La sequía, la desertificación, los graves incendios, son todo un conjunto de problemas que corresponden al mismo motivo, el cambio climático. Éste no se va resolver con acuerdos “vacios “y sin contenido real como el de Paris, promovido por Naciones Unidas y el cual países como EEUU han abandonado.
Este sistema por su propia dinámica no va hacer nada por frenar la destrucción del medio ambiente porque esto iría en contra de los intereses económicos de las principales multinacionales y gobiernos imperialistas, que explotan los recursos naturales sin control ni planificación.
Solo un cambio de sistema, que de verdad se base en el interés común, incluido el del planeta y su conservación, podrá frenar esta espiral de destrucción. Como hemos dicho siempre. “Socialismo o Barbarie”