En su reciente Congreso Estratégico los partidos del conglomerado decidieron abrirse a posibles “acuerdos puntuales” con organizaciones de la ex Nueva Mayoría, en el marco de las próximas elecciones municipales, lo que se suma a otro tipo de alianzas “regionales” y trabajos en común con personalidades como Aurora Williams, ex gerenta de Luksic, en Antofagasta. ¿Se profundiza la estrategia de conciliación con partidos neoliberales para “enfrentar a la derecha”?
Viernes 11 de octubre de 2019
Este fin de semana se desarrolló el Congreso Estratégico de los partidos que integran el Frente Amplio, donde una de sus definiciones principales pasó por la discusión de posibles alianzas electorales con partidos de la ex Nueva Mayoría. La moción que fue aprobada por el conglomerado establece que evaluarán “la posibilidad de acuerdos puntuales o locales con otros, por fuera del Frente Amplio (ya sean fuerzas políticas o sociales), siempre en coordinación con los territorios”.
Con la aprobación de dicha moción pareciera que el FA profundiza la estrategia de conciliación y acuerdos- ya sean “puntuales” electorales o programáticos- con partidos de la ex Nueva Mayoría, como vía para “enfrentar a la derecha”, que el conglomerado viene ensayando en estos dos últimos años. Otra idea que recorre al Frente Amplio es la de “liderar a la oposición”, considerando que Beatriz Sánchez es la figura más competitiva, idea que necesariamente implica buscar alianzas con partidos del viejo progresismo neoliberal.
En palabras de la diputada y presidenta de Convergencia Social, Gael Yeomans, el Frente Amplio ratifica pactos puntuales con fuerzas por fuera del FA “siempre en coordinación con los territorios y que compartamos un proyecto de transformación”. En concreto, la parlamentaria alude a sectores “progresistas” de la ex Nueva Mayoría, obviando que estas organizaciones fueron parte íntegra de gobiernos que durante años administraron el régimen heredado de la dictadura, profundizaron la precarización del trabajo en Chile, y mantuvieron intactas las privatizaciones de cada uno de los derechos básicos de las personas.
De esta manera- y para justificar su política de acuerdos con partidos del “duopolio”- desde el Frente Amplio hacen una “diferenciación” entre sectores “progresistas” de la ex Nueva Mayoría, con otras organizaciones como la Democracia Cristiana; y, también, realizan una distinción entre lo que serían “pactos puntuales” electorales y alianzas “nacionales”, lo que fue descartado por el conglomerado.
En este sentido, Catalina Pérez, diputada y presidenta de Revolución Democrática, en entrevista con 24 horas, manifestó que “hoy no es el momento de pensar en pactos nacionales que nos puedan obligar a apoyar alcaldes como Aguilera en San Ramón, sino que el diálogo que tenemos que establecer tiene un carácter local, territorial, una conversación sobre cuál es el proyecto que le queremos ofrecer, cuál es la mejor manera de vivir para una región o para una comuna determinada”, afirmó la parlamentaria, al mismo tiempo que señaló que están dispuestos a “construir mayorías” bajo programas y visiones de proyectos en común.
¿Qué significa en concreto la idea de “liderar la oposición” y de buscar acuerdos puntuales con partidos de la ex Nueva Mayoría? Lo que pasa en Antofagasta es un buen ejemplo. Ahí el conglomerado frenteamplista convocó a distintos sectores de “oposición”, tanto organizaciones sociales como políticas, para proponer la idea de impulsar un trabajo en conjunto de una “Estrategia Regional de Desarrollo”, como propuesta alternativa al actual Gobierno Regional, encabezado por la derecha.
En la instancia mencionada de “Estrategia Regional de Desarrollo” participaron personalidades de la “oposición” como Jorge Molina, del PPD y ex intendente de Ricardo Lagos y Andrea Merino (CORE y militante del Partido Socialista). Quien no asistió- pero recibió la invitación- fue Aurora Williams, militante del Partido Radical, ex ministra de Minería en el segundo gobierno de Bachelet, y gerenta durante años del magnate Luksic, “mandamás” de la región de Antofagasta, a quien se la está señalando como una carta para el cargo de gobernadora regional, en el marco de posibles acuerdos y alianzas entre el FA y sectores de la ex Nueva Mayoría.
Lo anterior mencionado no es menor, pues se trata de un giro a la derecha del Frente Amplio al proponerse entablar alianzas o trabajos en común con personalidades como Williams, quien es directa representante de intereses de la burguesía nacional como es el grupo Luksic, prácticamente dueño de la región de Antofagasta, y responsable directo de medidas como desvincular a trabajadores, mantener condiciones precarias de trabajo- como en el caso del Ferrocarril Antofagasta Bolivia-, o contaminar la ciudad y a la población, lo que ha sido denunciado por movimientos y organizaciones sociales.
Miles votaron al Frente Amplio con la expectativa de fortalecer las diversas reivindicaciones instaladas en la calle -como la educación gratuita, el fin a las AFP, el aborto legal, libre, seguro y gratuito, entre otras- y hacer frente al régimen heredado de la dictadura. Pero lo cierto es que se han ido integrando a ese régimen y acercándose cada vez más a los partidos del llamado “duopolio”.
Los guiños a personajes como Williams y la propia definición que tomaron en su Congreso Estratégico son expresión de esto y reponen la discusión sobre qué alianzas de clase hay que tener tanto para “enfrentar a la derecha”, como para arrebatarle a este régimen liderado por un puñado de familias y trasnacionales todas las demandas democráticas y estructurales que la mayoría de la población exige, y que no fueron concedidas por ningún gobierno de la ex Concertación y ex Nueva Mayoría. La estrategia del FA lleva a repetir viejas alianzas de clase de colaboración con partidos neoliberales.
El gobierno de Piñera intenta reacomodarse mediante una política de acuerdos con partidos neoliberales de la “oposición”
Este giro del Frente Amplio hacia alianzas con partidos empresariales de la ex Nueva Mayoría se da en un momento en que el gobierno de Piñera intenta retomar cierta iniciativa política y llegar a acuerdos con la “oposición” que le permitan frenar, por ejemplo, demandas sentidas por la población como es la reducción de la jornada laboral y el proyecto de las 40 horas; a la vez que avanza en sus planes de reformas, como es el caso del proyecto previsional- que fortalece el negocio de las AFP y mantiene las miserables pensiones que recibe la gran mayoría de las y los jubilados del país-, despachado este miércoles desde la Comisión de Hacienda- quedando a un paso de terminar su primer trámite-, gracias a votos de la DC, PS y PR.
Respecto al debate central sobre la reducción de la jornada laboral, Piñera impulsó una “mesa técnica” integrada por autoridades de gobierno, de Chile Vamos, y también por personalidades de la ex Nueva Mayoría, como el DC y ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, quien apela a “compatibilizar” la reducción de la jornada con la flexibilidad laboral; el ex ministro del Trabajo de Bachelet y ex presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade, quien cumple un rol mediador entre la propuesta del Partido Comunista y los planteos del gobierno; sumado a otros actores como los ex presidentes del Banco Central Vittorio Corbo, José De Gregorio y Rodrigo Vergara; la economista de la Universidad Adolfo Ibáñez, Andrea Repetto, quien también propone la flexibilidad en caso de reducir la jornada, entre otros.
Otra personalidad que también celebró la política de Piñera fue el presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), e integrante de una de las familias más ricas del país, Bernardo Larraín Matte, quien llamó a la “oposición” a no ser “obtusa” y escuchar los reclamos de la clase empresarial en cuanto al proyecto de las 40 horas. El líder del gremio empresarial recalcó la posición de su entidad: apoyar una reducción siempre y cuando contemple medidas de flexibilidad laboral, como la incorporación de pactos de jornadas entre empleador y trabajador, la polifuncionalidad y “mejoras en la movilidad de los trabajadores”.
Y es que sobre fortalecer la ya existente flexibilidad laboral- por ende, la precarización del trabajo-, a cambio de reducir en algo la jornada, concuerdan todos quienes integran la “mesa técnica”, desde el gobierno, la derecha, sectores de empresarios, y también partidos de la ex Nueva Mayoría. ¿Confiando en estas organizaciones y autoridades se logrará conquistar la reducción de la jornada laboral, sin que implique perjuicios para la clase trabajadora y juventud precarizada?
La política del gobierno de Piñera de impulsar mesas de trabajo comunes entre partidos del régimen y empresarios- es decir, de unidad nacional burguesa-, para cerrar cuestionamientos de la población, también se refleja en la propuesta de mesa para abordar la crisis por la sequía hídrica, y repone el debate sobre qué estrategia política deben tener las organizaciones de izquierda para realmente enfrentar los planes de la derecha- como sus reformas estructurales-, y conquistar demandas sentidas de la población, sin que impliquen “monedas de cambio”, como fue la reglamentación del subcontrato en el primer gobierno de Bachelet, tras haberse reducido la jornada laboral de 48 a 45 horas semanales. Sobre esto- y el nicho de ganancias empresariales que abrió la implementación formal del subcontrato, sumado al empeoramiento de las condiciones laborales de casi 1 millón de trabajadores y trabajadoras-, ni el Partido Comunista ni el Frente Amplio hacen referencia.
¿Dónde depositar la confianza para alcanzar nuestras demandas y enfrentar a la derecha?
La estrategia de alianzas y acuerdos con partidos neoliberales- aunque sea con los que se dicen “progresistas”-, con quienes conformaron durante años el cuestionado “duopolio” y mantuvieron intacto este régimen heredado de la dictadura; la educación, salud, pensiones, vivienda, agua y demás recursos naturales privatizados y en manos de capitalistas nacionales y extranjeros, ya demostró que solo lleva a callejones sin salida, y que nada tiene para ofrecerle a las grandes mayorías, a las mujeres y a la juventud.
La propia intransigencia del gobierno, de la derecha, de la clase empresarial, incluso ante demandas básicas como trabajar un poco de horas menos a la semana, demuestra que hasta las reivindicaciones más mínimas se toparán con la oposición de la clase dirigente del país, y que no hay manera de dar respuesta a las necesidades de las grandes mayorías sin afectar las ganancias capitalistas y de las trasnacionales que saquean el país.
Para ello un programa de independencia de clase, que se proponga acabar con la herencia de la dictadura, es fundamental, lo que no se concibe de la mano de alianzas o acuerdos con partidos empresariales que son responsables de administrar y profundizar esta herencia, pues es este mismo régimen autoritario el que debemos terminar y eso implica choques con los capitalistas: poner término a las AFP conlleva acabar con el negocio que tienen capitalistas extranjeros con cuatro de estas entidades, además de los grupos económicos nacionales involucrados, para así poder luchar por un sistema de reparto solidario, estatal y gestionado por trabajadores y jubilados; conquistar la educación gratuita implica acabar con el negocio educativo que involucra a partidos de la derecha y también de la ex Nueva Mayoría, además de empresarios; para lograr una salud pública, gratuita y universal para todos, tenemos que poner fin al negocio privado de las Isapres; para poder solventar cada una de las necesidades sociales, y enfrentar la destrucción medioambiental a la que llevan los capitalistas por sus ansias de ganancias, tenemos que renacionalizar los recursos naturales del país, bajo gestión de trabajadores, profesionales y comunidades, y eso implica no solo enfrentar a grupos económicos nacionales como Luksic, Matte, Angelini, sino también romper con los intereses imperialistas, como las trasnacionales mineras tipo BHP Billiton, Angloamerican, entre tantas otras.
Es decir, un programa político, de sociedad, en pos de las necesidades del pueblo trabajador, sectores populares, mujeres y juventud, que se proponga acabar con la herencia de la dictadura y enfrentar a los responsables del Chile capitalista y neoliberal que arroja a millones a la miseria, precariedad, mientras un puñado minoritario de la sociedad concentra todas las riquezas. Para esto se requiere construir una alternativa política en ruptura con el capitalismo y los partidos que lo sostienen, y que se proponga conquistar un gobierno de trabajadores.
En este sentido, la confianza para conquistar nuestras reivindicaciones debe estar puesta en la gran fuerza social que han demostrado tener miles de docentes a nivel nacional que se movilizaron en las calles contra la precariedad, el agobio y contra el negocio de la educación; en las mujeres que han salido a luchar por sus derechos como el aborto legal y libre; en la fuerza estratégica demostrada en distintos procesos de lucha por parte de sectores de la clase trabajadora como mineros y portuarios; en el ímpetu y organización alcanzado por el movimiento estudiantil; en otros movimientos que convocan a cientos de miles y cuestionan herencias de la dictadura como es No + AFP y el negocio de las pensiones; en las y los jóvenes que denuncian la destrucción del medioambiente por parte de capitalistas y empresas que saquean los recursos naturales, destruyen la naturaleza y despojan a comunidades de elementos básicos como el agua; y no en quienes legislan y actúan en favor de los más ricos del país.
En el caso de la sentida demanda de la reducción de la jornada laboral, el gobierno, la derecha y empresarios ya lo anunciaron: no dejarán avanzar el proyecto de las 40 horas, si este beneficia a la clase trabajadora e implica costos para el empresariado, y recurrirán a todas las instancias autoritarias a su alcance, como el Tribunal Constitucional o el veto presidencial. La popular demanda de trabajar menos y mejor se enfrenta a grandes poderes, justamente por esto es que las organizaciones de izquierda, como el FA y el PC- que además están a la cabeza de los principales organismos sindicales, estudiantiles y movimientos sociales- y sus parlamentarios/as, deben poner sus tribunas al servicio de impulsar un movimiento por la reducción de la jornada laboral y contra el engaño de la flexibilidad de Piñera. Solo si desplegamos una gran fuerza social, apoyada en el amplio respaldo popular a esta demanda, podremos apostar a doblarle la mano al gobierno y a la derecha.
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