Mientras los trabajadores del espectáculo continúan su lucha, los medios de derecha se quejan de los aumentos de los impuestos. El gobierno de Hollande intenta cerrar la crisis política, pero no lo logra. Un recorrido por la principales editoriales de la prensa francesa.
Martín Noda París
Domingo 12 de octubre de 2014 10:53
Le Monde dedica su editorial del fin de semana a los trabajadores del espectáculo. La “coordinadora de intermitentes y precarios” declaró “persona Non Grata”, en cualquier espectáculo del país, a la ministra de Cultura Fleur Pellerin y a todos los miembros del gobierno. Esto ocurre luego de la reforma del régimen del seguro de desempleo en los dos puntos que involucran a los trabajadores “intermitentes”. Esta implica una baja en las asignaciones y, a pedido de la organización patronal MEDEF, que el estado se haga cargo de una parte importante del presupuesto antes aportada por las empresas. La reforma empuja a que los trabajadores sean pagados en negro y generaría une elitización de la producción artística. Frente a este ataque, antes de la vacaciones de verano, empezó la lucha de los trabajadores del espectáculo. El festival de Avignon, el festival de teatro más importante de Francia, casi no se realiza y algunas funciones fueron suspendidas.
Hoy esta lucha, aunque es mucho menos importante, continúa. La prueba la da la misma editorial. Si cualquier miembro del gobierno, incluso la ministra de cultura, quiere ir a ver algún espectáculo, debe hacerlo de improvisto y en secreto, si no quiere que la función sea suspendida por los trabajadores.
Por su parte Le Figaro prosigue su campaña en contra de los impuestos. Pero como era de suponer, no se queja ni de que el impuesto a las ganancias afecta a muchos trabajadores, que sectores bajos de las clases medias pierden un mes de salario por año para pagar el impuesto, ni siquiera de la amenaza de aumentar el IVA. No, se queja de que la “presión fiscal” obliga a las elites (sic) a emigrar. Tanto a los jóvenes cómo a los viejos, tanto a las empresas como a los particulares. Pobre Gerard Dépardieu, que tuvo que sacar la nacionalidad Rusa e irse a vivir afuera porque el estado se llevaba una buena parte de los millones que gana por año. O pobres de las empresas que deslocalizan a su estado mayor para que sus directivos no paguen muchos impuestos.
Es cierto que sectores de la clase media, sobre todo la clase media acomodada, alentados por la campaña incesante de los medios de derecha, se quejan de la “presión fiscal”. Y, en cierto sentido, las elites “tienen de que quejarse” del sistema impositivo francés que, a la excepción del IVA, es mucho más progresivo que el sistema impositivo argentino. Es un sistema que significó una concesión a los trabajadores y que hoy la burguesía quiere liquidar. Durante años, lentamente, los distintos gobiernos fueron reduciendo impuestos a las empresas, “promoviendo” el empleo con exhoneraciones, creando “agujeros presupuestarios” que hoy quieren cerrar con más ajuste.
Le Figaro, no se cansa de pedir más y más para las patronales. Y no le alcanzan las declaraciones de Valls de que “su gobierno es pro-negocios”. Aparentemente tampoco sus actos, que muestran cada día que el gobierno del PS es un gobierno de derecha.
Por último, Les Echos se centra en la reunión entre el primer ministro Valls y Martine Aubry, una figura “más de izquierda” del gobierno, que no forma parte de los sectores disidentes (frondeurs), y que se perfila como su posible remplazo, menos derechista. Valls y Aubry se reunieron para intentar mostrar unidad al interior del PS y tratar de cerrar la crisis abierta con la salida del ministro de economía Montbourg del gobierno a fines de agosto. El resultado genera más dudas que certezas y muestra que la crisis sigue abierta, con la caída constante de la popularidad del gobierno, incluso la de Manuel Valls.
Mientras tanto Francia sigue bombardeando en Irak, aunque los medios ya no le dan mucha importancia.