En respuesta al senador de Compromís Carles Mulet, el Gobierno PSOE - Unidas Podemos ha reafirmado que va a seguir protegiendo al rey emérito a pesar de todos los escándalos de corrupción que siguen saliendo a la luz. El gobierno “más progresista de la historia” no está dispuesto a permitir un cuestionamiento al régimen monárquico.

Lucía Nistal @Lucia_Nistal
Martes 12 de enero de 2021
Pedro Sánchez conversa con Juan Carlos I en presencia de Felipe González durante el funeral de Alfredo Pérez Rubalcaba. - EFE / Archivo
Vemos el nombre de Juan Carlos I en los titulares y ya nos preguntamos ¿cuál es la última del rey emérito?, ¿qué nuevo caso de escandalosa corrupción ha salido a la luz? En esta ocasión no se trata de un nuevo caso, aunque alguno quedará aún oculto, sino de una nueva muestra de la protección que el gobierno “más progresista de la historia” le brinda incansable a la corona.
Hoy hablamos de la declaración firme del Gobierno de que Juan Carlos I va a mantener de manera vitalicia su título honorífico de rey. Se trata de una respuesta por escrito al senador por Compromís Carles Mulet en la que podemos leer: “el Real Decreto 470/2014, de 13 de junio, dispone que Don Juan Carlos de Borbón continuará vitaliciamente en el uso con carácter honorífico del título de Rey”, a lo que añaden algunos ejemplos que emplean como precedentes, como el Gran Duque Juan de Luxemburgo o el emperador japonés “Akihito, quien recibe el nombre de Daijō Tennō o Jōkō”. También podían haber empleado ejemplos de otros regímenes reaccionarios con los que también se lleva la “democracia borbónica”, como Arabia Saudí.
¿Pero qué quiere decir esta respuesta? Que después del peor año de la monarquía española, con incontables escándalos de corrupción protagonizados por el emérito que salpican a gran parte de la familia real, con el propio Juan Carlos I fugado a Emiratos Árabes, con varios casos judiciales abiertos, el gobierno continúa cerrando filas y cuadrándose frente al rey honorífico.
Y así vemos, una vez más, a este gobierno que se autodenomina progresista salvando la institución de la Corona al completo, sin la menor resistencia del -también autodenominado- sector “republicano” del Gobierno, Unidas Podemos, que ya nos tiene acostumbradas a imágenes de genuflexión frente a la corona: aplausos al monarca, declaraciones de que no es el momento de cuestionar la monarquía porque no es algo que preocupe a los ciudadanos o incluso, disputarle la monarquía a la derecha. Como mucho, se limitan a pedir comisiones de investigación que saben que no tendrán recorrido, y a hacer alguna declaración que deja la cuestión para futuribles imperfectos.
Sin embargo, en este contexto de tanta crisis alrededor de la figura de Juan Carlos I, cabe preguntarse por qué el ejecutivo no deja caer al emérito. Desde luego es una operación que no sería del todo descartable si se desarrollara una movilización que requiera algún “sacrificio” para salvar al régimen monárquico. La cuestión es que, hoy por hoy, dejar caer al rey honorífico, conlleva más peligros que beneficios para la estabilidad del régimen.
Porque cuestionar su figura es cuestionar la propia transición que dio lugar al régimen monárquico que hoy tenemos en el Estado Español, es cuestionar uno de los pilares sobre los que se sustenta todo el entramado institucional en el que el propio PSOE siempre ha tenido un papel fundamental. Porque, incluso si adoptaran el relato de que el rey jugó un buen papel entonces pero ahora se ha desviado -relato obviamente cuestionable-, cabe pensar por qué sustentar entonces cargos vitalicios e invulnerables si pueden desviarse.
Ya lo dijo el Ministro de Justicia, Juan Carlos Campo: la monarquía es “el arco de bóveda del modelo de Estado” y al cuestionarla “podemos quitar una pieza y que se derrumbe todo".
Por eso es tan importante apuntar a la figura del rey, más allá de sus escándalos de corrupción, porque se trata de una institución impuesta por el franquismo que ha jugado y juega un papel central en el mantenimiento de este régimen para ricos que prioriza los beneficios de las empresas a las vidas de las y los trabajadores, como hemos visto con claridad durante esta pandemia.
Y por eso, también, cuando apuntamos a la necesidad de acabar con la monarquía como pieza clave de este régimen del IBEX, debemos también adelantarnos a posibles intentos de cambios por arriba y explosiones controladas elaboradas en despachos, que podrían aceptar pequeños cambios con tal de que todo siga igual. Desde luego, acabar con la impunidad del emérito sería un éxito, pero no como sacrificio para calmar las aguas, sino como comienzo de un proceso en el que podamos cuestionarlo y decidirlo todo. En asambleas constituyentes, libres y soberanas para echar al rey, sí, pero dar respuesta a todas las demandas democráticas y sociales que son cada día más urgentes.
Esto, desde luego, no va a ocurrir si esperamos que la monarquía caiga por su propio peso, y menos mientras cuenta con la inestimable ayuda del gobierno “más desmovilizador de la historia”. A la monarquía y al régimen monárquico solo lo vamos a desterrar si la clase trabajadora y las clases populares irrumpimos en la historia para forjar nuestro propio destino.

Lucía Nistal
Madrileña, nacida en 1989. Teórica literaria y comparatista, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid. Milita en Pan y Rosas y en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT).