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Red Internacional
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Luciano Arruga. El NN del gatillo fácil

Jesica Calcagno

Jesica Calcagno @Jesi_mc

Martes 21 de octubre de 2014

Se puso las zapatillas y la gorra, apenas $1.50 en el bolsillo. Afuera, esperaba el calor. Así salía Luciano Arruga de su casa del barrio bonaerense de Lomas del Mirador en pleno verano, un 31 de enero de 2009. Tal vez a jugar a la pelota, o a dar una vuelta para encontrarse con amigos, o simplemente a tomar aire. Tenía 16 años, cargados de sueños de futuro. Había leído “El principito” y le confesó a su mamá que se había enamorado de la rosa. Pero ese día ya no volvió. Otra vez la maldita policía.
¿Cuál fue el crimen de Luciano? ¿Ser un pibe de barrio? ¿Pobre? ¿Negarse a robar para la bonaerense? ¿Denunciar las torturas ilegales que sufrió a manos de la policía un año antes? Quizás todos, o en realidad ninguno. Porque Luciano es la expresión más aberrante de una práctica extendida: un promedio de entre 200 y 300 pibes por año se lleva el gatillo fácil de la policía en todo el país. Prácticamente uno por día. Con torturas, maltratos, persecución, abusos. Muchos, como pasó con Luciano por más de 5 años, todavía están desaparecidos.

Con semejante número, imaginemos cuántos policías son los involucrados: el que mata, el que maneja el patrullero para tirar el cuerpo a un descampado, el que consigue un arma para “plantarle” a la víctima así parece un enfrentamiento, el que ve y calla, los que lo muelen a palos. En el caso de Luciano Arruga, fueron 8 los policías de la bonaerense que fueron apartados de sus cargos y pasados a disponibilidad. Pero Alejandro Granados, Ministro de Seguridad, les levantó la sanción a todos en marzo de este año y volvieron a cumplir sus funciones. Ninguno fue procesado. Si tomamos este ejemplo, con una rápida cuenta, puede haber un promedio de entre 1500 y 2500 policías implicados de alguna manera en el asesinato de los pibes. Todos ellos siguen patrullando las calles.

Diego Bonefoi, Sergio Cárdenas y Nicolás Carrasco asesinados en Bariloche. Emilio Blanco en Chascomús producto de torturas con “la bolsita”. Alejandro Flores atropellado y enterrado en un descampado en Córdoba. Nicolás Vázquez de un tiro en Lanús a pesar de haberse entregado después de una corrida por llevarse una camiseta de fútbol. A estos asesinos uniformados no les alcanzan las torturas y los asesinatos a sangre fría a los pibes, después buscan borrarles su identidad: convertirlos en “NN”. “Ningún nombre”. La aparición del cuerpo de Luciano, que estaba enterrado en el cementerio de la Chacarita como “NN” hace 5 años, es la forma que encontraron de encubrir la responsabilidad de la policía. Pero ahí están sus nombres, que son muchos, sus historias, madres, hermanas, amigos. No hay “NN”.

El “NN” del gatillo fácil está en otro lado.

Está en que “ningún nombre” de funcionarios del gobierno nacional salió a dar explicaciones sobre las irregularidades judiciales del caso Luciano Arruga por más de 5 años, ni sobre la acusación de que la yuta recluta pibes de los barrios y los obliga a robar. La familia apunta contra el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Pero Ni Scioli, ni Cristina, ni Granados, ni Berni dijeron una palabra. Nadie. Es el silencio de los cómplices y responsables, que después salen cínicamente a hablar “de la inseguridad”.

El “NN” está en el resultado de las maniobras judiciales para encubrir a los culpables de la institución policial. “Averiguación de paradero” “causa por robo” “homicidio en riña” “legítima defensa”. Y la nueva es “un accidente de tránsito”. Para los jueces no hay nombre para el gatillo fácil, hay impunidad para la policía.

Está en que lo más común es que “ningún nombre” de los policías asesinos esté entre los procesados, juzgados o detenidos. Como en el caso de Luciano, siguen ejerciendo funciones.

Y por sobre todo, el “NN” está en que no es un policía, no es un ningún nombre propio en particular, es toda la institución represiva del estado.

No son excesos ni casos aislados. Es un entramado policial que tiene el objetivo de criminalizar y perseguir a la juventud de los barrios, para sostener una sociedad basada en las más profundas desigualdades. Las víctimas no son al azar, son los “pibes de la gorra” los que caen por las balas de la policía.

Por eso la juventud que grita ¡BASTA de gatillo fácil! y no va a permitir que haya ningún NN, tiene que apuntar al corazón del problema: una institución represiva que es el sostén de las desigualdades entre las clases sociales, que cuenta con una larga cadena de cómplices y responsables en la justicia, los medios de comunicación hegemónicos, los gobernadores, intendentes y funcionarios del estado. El gatillo fácil atraviesa todo el aparato estatal y recorre uno y cada uno de los gobiernos de turno. Ni Cristina Kirchner ni ningún presidente puede atacar a esta gran corporación de asesinos a sueldo, sería suicidarse porque la necesitan para sostenerse. Aunque el kirchnerismo nos quiso vender el verso más utópico de que se puede hacer “más democrática” a la policía, cada día se demuestra más que no hay medias tintas, no hay reforma alguna que vaya a cambiar el carácter de esta institución. ¿Sino cómo se explica que en los últimos 10 años aumentaron los casos de gatillo fácil?

Hay una juventud llena de odio y bronca frente a cada caso que sale a la luz, se percibe y escucha en cada esquina, plaza, taller, fábrica, colegio, universidad, la yuta es enemiga de la juventud, de los más pobres, los que usan gorrita, laburantes. Pero tiene que expresarse en todos lados, mostrarse en las calles, organizada. Que levante cada nombre de los pibes que hoy están en nuestras remeras, graffitis, murales y banderas. No vamos a dejar que pisoteen, torturen, persigan, maten a ningún pibe más. No vamos a olvidar ni a uno sólo de ellos. Así, la juventud podrá ponerle la verdadera identidad al gatillo fácil: es toda la institución.


Jesica Calcagno

Nació en Buenos Aires en 1984. Licenciada y profesora en Sociología (UBA). Acreditada en el Congreso.

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