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Red Internacional
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UNIDOS EN LA CRISIS. El PSOE y el PSC se dan la mano, mientras siguen en caída

Esta semana se ha generado un nuevo protocolo de relaciones entre el PSOE y el PSC. Al menos en los papeles, se acabaron las diferencias.

Guillermo Ferrari Barcelona | @LLegui1968

Viernes 10 de marzo de 2017

Luego de la crisis que había explosionado con el apoyo del PSC a Pedro Sánchez y con el voto negativo a la investidura de Rajoy, parece que las relaciones PSOE-PSC han vuelto a la “normalidad”. Luego de unos meses de reuniones y encuentros, ambas formaciones acabaron firmando una revisión del protocolo de relaciones del año 1978.

Las reuniones de Iceta y Fernández tenían la intención de evitar las diferencias políticas que se manifestaron a la hora de apoyar la investidura de Rajoy, sobre el proceso catalán e incluso sobre algunas alianzas que el PSC pueda tener, como fue el Tripartit. El nuevo protocolo limita mucho la autonomía del PSC y la Federación que hay entre ambas organizaciones.

El Comité Federal del PSOE será quien se encargue de definir el candidato a la presidencia. Los pactos electorales y las eventuales alianzas, ahora deben ser consensuados entre el PSC y el PSOE. Y, en caso de haber diferencias que no se puedan resolver, será nuevamente el Comité Federal quien las soluciones. La Federación se acaba para los federalistas.

En el tercer punto del nuevo protocolo se especifica: “Corresponde al PSOE la definición de la posición política de los socialistas en los asuntos de naturaleza o relevancia constitucional, así como en aquellos cuya aplicación excede del ámbito territorial de Cataluña”. En relación a la visión del PSOE sobre la cuestión catalana, el PSC hace propia la política actual del PSOE. Basta de vía canadiense y otras milongas: “federalismo centralista”.

La Gestora acaba de esta forma con la sinuosa política del PSC de estos años. El PSC adhirió en ocasiones a la posición del derecho a decidir, e incluso aceptó en un momento la idea de un Referéndum en Catalunya (siempre que fuera acordado con el Estado central), también llegó hablar de una vía canadiense, aunque siempre de forma limitada. Para que no sucedan más este tipo de “veleidades”, el PSOE se cura en espanto y corta de cuajo el vuelo propio del PSC. Que por otra parte ya estaba siendo cortado por el propio Iceta.

De todas formas, las diferencias políticas que puedan ir surgiendo, no se pueden “administrar” como si fueran cosas. El PSC en tan solo cinco años pasó de dirigir la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona a un papel secundario. Esta caída en picado se explica por un fuerte movimiento de autodeterminación y por el desgaste de años de corrupción y la gestión de los intereses empresariales.

La crisis de la socialdemocracia y el Régimen del 78

Un rol parecido está jugando el PSOE en el Estado español. En las últimas elecciones evitó el anunciado sorpasso de Podemos, sin embargo, el golpe de estado contra Pedro Sánchez y la política de la Gestora apoyando el Gobierno de Rajoy lo han dejado muy escorado a derecha y perdiendo terreno y posiciones ante la formación de Pablo Iglesias.

La crisis abierta en octubre pasado tendrá un nuevo devenir en mayo con la elección del nuevo secretario general y al mes siguiente con la realización del tan postergado 39º Congreso de la formación de la rosa. En la carrera por dirigir Ferraz pareciera que Pedro Sánchez ha ganado una ventaja apreciable entre los militantes socialistas con un 44% que deja a Susana Díaz en un lejano y desolador 19%.

Como ha sucedido en otros partidos socialdemócratas, las figuras un poco más escoradas hacia la centroizquierda pueden imponerse sobre los candidatos claramente del establishment. Fue el caso de Jeremy Corbin en Inglaterra y el de Benoît Hamon en el Partido Socialista Francés.

De ganar Pedro Sánchez, es una posibilidad que la política de Ferraz evitará la colaboración con Rajoy y buscará un entendimiento con Podemos. Cuestión que abre la posibilidad, a su vez, de elecciones anticipadas. Que nadie se deje engañar. Sánchez jamás apelará a la movilización de las masas para acabar con las políticas impopulares del Gobierno de Rajoy. Ya hemos visto que también podía acordar con Ciudadanos.

Es posible que una victoria de Sánchez evite la sangría de votantes y militantes, aunque sea tan solo momentáneamente. Aunque también hemos visto que el sector del establishment socialista no dudó en realizar un golpe de estado para redirigir el partido hacia el pacto con el PP. Nada está descartado, salvo la crisis.