Francisco habló de una juventud que tiró la toalla, aburrida, que no sabe hacer frente al cambio y que persigue falsas ilusiones. ¿De qué ilusiones habla?

Santiago Lucas D’Ambrosio Estudiante del I.E.S N1 "Dra. Alicia Moreau de Justo"
Viernes 29 de julio de 2016
El Papa Francisco II, ya en sus primeras horas rumbo a Polonia, y ya con sus pies puestos en el suelo de Cracovia, dio un giro sumamente conservador en su discurso. Si bien contradijo los tintes xenófobos y antiinmigrantes que promulgaba el presidente del Estado polaco ante los refugiados por la guerra, no fue más que para reivindicar la ideología de la Iglesia a favor de la vida “desde la concepción hasta la muerte natural”. Así, el Papa aprovechó para manifestarse en contra del aborto, que se encontraba en el centro del debate político polaco de los últimos meses.
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En la tarde del segundo día en su visita al Estado polaco, se reunió junto con alrededor de 600.000 jóvenes de todas partes del mundo. Se trasladó hasta allí a Bosnia, un enorme parque en el centro de Cracovia, con un demagógico viaje en tranvía. A pesar del oro que recorre al Vaticano, y el miedo que tiene a la transparencia de la información que guardan en él, quiso mostrarse con aires de persona sencilla y humilde.
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El encuentro se dio entre vallas y un gran operativo de seguridad que incluyó efectivos y helicópteros, en consonancia con el generalizado discurso de los países centrales, “antiterrorista” y xenófobo, como Estados Unidos, que advirtió en mayo que la Jornada Mundial de la Juventud era un objetivo potencial del terrorismo.
El Papa expresó en esta jornada que le “genera dolor encontrar a jóvenes que parecen haberse ‘jubilado’ antes de tiempo. Me preocupa ver a jóvenes que `tiraron la toalla’ antes de empezar el partido. Que están ‘entregados’ sin haber empezado a jugar. Que caminan con rostros tristes como si su vida no valiera. Son jóvenes esencialmente aburridos… y aburridores. Es difícil y a su vez cuestionador, por otro lado, ver jóvenes que dejan la vida buscando el ‘vértigo’, o esa sensación de sentirse vivos por caminos oscuros, que al final terminan ‘pagando’… y pagando caro. Cuestiona ver a jóvenes que pierden hermosos años de sus vidas y sus energías corriendo detrás de vendedores de falsas ilusiones (en mi tierra natal diríamos ‘vendedores de humo’) que les roban lo mejor”.
En contraposición, el papa les pidió a los jóvenes que elijan “una vida plena” con Jesucristo, y recordó que "el reino de Dios no viene con ostentación, sino en la pequeñez y en la humildad", y alabó la figura de la Virgen María. “Ser atraídos por el poder, por la grandeza y por la visibilidad es algo trágicamente humano, y es una gran tentación que busca infiltrarse por doquier”:
¿De qué jóvenes tristes y aburridos habla Francisco? ¿Acaso no es una cuestión de clase? Los Estados y los gobiernos capitalistas utilizan la sangre de miles de jóvenes para garantizar un sistema de explotación y opresión constante, mediante la guerra y la estigmatización de la juventud por la “búsqueda de vértigo” mediante el uso de sus libertades democráticas, que las coartan con razzias o criminalizando a los sectores más pobres al consumir drogas, o al decidir sobre sus cuerpos al abortar.
¿Cuáles son las falsas ilusiones que se les vende a los jóvenes? ¿Acaso es una falsa ilusión la lucha por una sociedad sin clases? ¿Acaso es una falsa ilusión la lucha contra el Estado que estigmatiza, persigue y reprime a los jóvenes? A la Iglesia no sólo le es funcional mantener la imagen de la familia heterosexual, blanca, y burguesa; sino también, que en su ideología predomina la pacificación de la juventud ante los hechos políticos que les afectan.
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“Es estimulante escucharlos, compartir sus sueños, sus interrogantes y sus ganas de rebelarse contra todos aquellos que dicen que las cosas no pueden cambiar”. Demagógicamente, corre a los jóvenes a ser sujetos de un cambio para lo que la Iglesia considerara lo “normal”, como si esto los representara y tuviera aires revulsivos. Cada vez son más los jóvenes que se organizan para cambiar desde sus cimientos a esta sociedad, donde las fortunas de los presidentes de turnos y los grandes empresarios no se enriquezcan con su sangre.