La franquicia Lupin III cumplió 50 años el pasado 2017, lanzando una película como nunca antes se había visto. Esta vez inspirada en el maestro de la espada Goemon Ishikawa, y nuevamente bajo la dirección de Takeshi Koike.
Edson Elgueta Vergara Psicólogo y Magíster en Cine y Artes Audiovisuales
Viernes 13 de julio de 2018
En una de sus más afamadas obras “¿A dónde va Francia?”, el dirigente, estratega y teórico bolchevique, León Trotsky señala “Aquel que piense que es necesario renunciar a la lucha física, debe renunciar a toda lucha, pues el espíritu no vive sin la carne”. Y si bien el contexto en el que Trotsky aludía esta frase, era la conjunción entre lucha ideológica y lucha armada, lo cierto es que la profundidad de lo que señala es al mismo tiempo la irreductible filosofía materialista de la existencia humana. El ser humano en la lucha por liberarse de sus ataduras, se juega la vida, aún a arriesgo de perderla.
Ahora ¿por qué es importante tomar en cuenta esta reflexión? Porque el argumento que tomará el centro en esta nueva entrega que tiene como protagonista al samurai Goemon Ishikawa XIII, será precisamente el miedo a la muerte, pero no como un recurso psicológico, sino como un compromiso del personaje por superar sus miedos e inseguridades. Todo esto cruzado por violencia y ríos de sangre como nunca se vio en anteriores trabajos de la franquicia Lupin III.
¿Cómo comienza todo?
Como en los pasados trabajos de Lupin III, la historia colocará al connotado ladrón junto a sus compañeros de robo, el pistolero Jigen y la astuta Mina Fujiko, quienes se embarcan dentro de un crucero con el objetivo de robar los millones recaudados por el casino que se encuentra en el interior. Al mismo tiempo se encontrará en el barco Goemon Ishikawa, quien ha sido contratado por un cappo de la mafia para protegerle de otras pandillas rivales.
Todo se desarrollará tranquilamente hasta que aparezca “Hawk”, también conocido como “El fantasma de Bermudas”, un ex comando referenciado por sus asesinatos en contra de soldados, y que luego de una intervención militar en la zona en que se encontraba, no hay rastros su paradero, generándose distintos mitos. Sin embargo lo que sí se sabe es que la misión que se le ha encargado, es la de acabar con Arsenio Lupin, cuestión que de una u otra manera le hará encontrarse frente a frente con Goemon, una rivalidad mantenida durante todo el transcurso de la película, siendo el nudo y aún más formidable el desenlace, en esta obra de Takeshi Koike (Animatrix, Redline).
Lo formidable en lo violento
Sin duda un elemento novedoso que se imprime en este anime, es la violencia que aparece en distintos momentos de la historia, desde donde mutilaciones y explosiones, hasta laceraciones se hacen presentes, como un condimento nunca antes desarrollado dentro de la inmensa saga que el año pasado cumplió 50 años. Es así como desde un casino en el mar, plena ciudad o un recóndito bosque japonés, formidables peleas se presentarán una tras otra, haciéndose muy presente los detalles de las heridas, los tejidos y la sangre desparramada luego de cada técnica empleada. Por lo que una muerte súbita, al mejor estilo de las peleas de Kurosawa será el clima que definirá a los 54 minutos que dura la película dividida en dos partes.
La mente, la carne, y más allá de la mente y la carne
En esta parte de Lupin III conocida como “The Blood Spray of Goemon Ishikawa”, hay una serie de aspectos técnicos formidables, desde la animación, efectos especiales, hasta la calidad de los combates. En este sentido, el cuerpo humano y la carne juegan un rol estético fundamental, cuestión que se expresará a través de uno de los combates entre “Hawk” y “Goemon”, donde contrariamente a la trama clásica, la violencia y crudeza se harán parte, pero mostradas desde una óptica que resalta la belleza de las secuencias, y definiciones de las técnicas de los personajes. Es así como el temple y determinación de los antagonistas centrales, y el desarrollo de su psicología, en último término por la posibilidad de morir en cualquier combate, tensionarán cada vez más la historia. Es decir la posibilidad y voluntad de seguir viviendo, se encontrará en directa relación, con la resolución del enfrentamiento físico, ya se por la derrota, o por la victoria.
Es así como “El sangriento rocío de Goemon Ishikawa”, más allá de poseer una trama sencilla de explicar, nos entrega, nuevos elementos, que nos permiten apreciar de otra manera la psicología de los personajes, junto con la intensidad de sus emociones y pensamientos. El detallismo explícito en los órganos, huesos y tejidos destrozados, como consecuencia de un ataque violento, sorprenden y dan la sensación de estar viendo algo único, donde nada parece tan sorprendente como un sangriento combate mortal.
Cuando se juega la vida por no ser un esclavo
Si un espíritu, entendiéndolo como la conciencia del ser humano, es fuerte, valeroso y temerario, solo puede demostrarse a través de su expresión máxima que es el enfrentamiento físico, donde una gran idea o pensamiento superior, solo puede colocarse verdaderamente aprueba en el angustioso miedo a la muerte, por nuestra existencia o la de los demás. En este caso Trotsky tiene mucha razón cuando señala “Aquel que piense que es necesario renunciar a la lucha física, debe renunciar a toda lucha, pues el espíritu no vive sin la carne”. Y donde hay dos vidas que se enfrentan en una lucha inevitable por el triunfo, la vibración y respiración a través de la carne, también. Esa es la increíble potencia de Goemon Ishikawa y la lluvia de sangre que deja a su paso.