Durante estos días, en la Universidad de Chile se ha estado desarrollando un plebiscito convocado por la Mesa Interina de la FECH y el Consejo de Presidentes de Centros de Estudiantes con el propósito de consultar a los estudiantes sobre algunos cambios estatutarios con el propósito de “mejorar” el funcionamiento de la Federación y enfrentar el alejamiento de esta con sus estudiantes.

Ιωαχειν Santiago de Chile
Miércoles 16 de octubre de 2019
Este proceso de refundación comenzó a discutirse desde que se conocieron los resultados de las elecciones FECH de este año, donde no se alcanzó el quorum de 40% de participación del padrón de votantes contemplado en los estatutos y fue la culminación de una crisis que estalló con la renuncia de Alfonso Mohor a la presidencia de la FECH, tras el juicio político que activo el pleno de Federación para destituirlo y que a los ojos de los estudiantes fue una jugada política entre las fuerzas del Frente Amplio preocupadas por distribuirse los cargos de la FECH, mientras las movilizaciones del Mayo Feminista les pasaban por el lado.
La falta de participación de las elecciones de centro de estudiantes y de federación, sumado a la baja convocatoria que hoy tienen las asambleas estudiantiles llevó a las organizaciones políticas que componen el Frente Amplio en la Universidad de Chile a presentar una solución bastante original: frente a una juventud “despolitizada” en sus términos, sin interés en participar, entonces cerremos aún más los espacios de participación mediante la implementación de un sistema que se asemeja al ya añejo sistema binominal para las elecciones de la FECH.
O sea, cambiar la mesa integrada que actualmente existe por una mesa cerrada y reducir el número de consejeros a 2 por espacio, que son las propuestas que se votan en el plebiscito, donde según los argumentos del Frente Amplio, asi se aumentaría la “eficiencia” de la conducción de la federación, que ya entonces no se repartiría entre las corrientes políticas y permitiría que hubiese más cohesión y menos obstaculización en la gestión de la FECH.
La salida tecnocratica
Lo que parece ser un argumento en aras de la armonía expresa en realidad una perspectiva tecnocrática de afrontar el problema de la participación y que en última instancia son argumentos que ni si quiera en términos de lógica formal se sostienen: si la juventud participa menos en asambleas, centros de estudiantes o en la Federación misma, entonces cerremos los espacios y hagámoslo más eficiente para ofrecer una mejor gestión FECH en vez de un proyecto político capaz de encantar a esa juventud.
La demagogia barata con la que se pretende endosar la responsabilidad de la crisis política al mal funcionamiento orgánico de la FECH no resiste mayor análisis, y de última esconde un peligroso cariz antidemocrático.
Si bien la Federación no destacaba por ser un espacio democrático que llamase a la participación de las y los estudiantes, es cierto que una mesa integrada permitía la representación de las diferentes corrientes políticas y tendencias con peso en la universidad, y a su vez las y los consejeros de federación, que si bien no eran revocables y mandatados respondiendo a sus espacios y discusiones, sí permitían que hubiese mayor diversidad política e incluso de independientes en la fiscalización y deliberación política del rumbo de la federación.
Con esta reforma hoy una organización política con un 27% de los votos (como el Frente Amplio) podría dirigir sin contrapeso la principal federación del país con un Pleno de Federación compuesto por las dos corrientes mayoritarias, excluyendo la diversidad política, la libertad de tendencia y a los independientes: el Frente Amplio instalará un sistema que se asemeja al binominal en la FECH, la misma lógica política que a ellos los tuvo excluidos como fuerzas alternativas durante mucho tiempo del sistema político nacional.
Para nosotros sería facilista sostener que la falta de interés de las y los estudiantes en la FECH se debe a que esta funciona mal o o que estos se encuentran despolitizados. Nada es más fácil que culpar a les estudiantes de los problemas de la dirección de la Fech.
Hoy gracias a las redes sociales somos testigos de una juventud que se entera casi al instante de las movilizaciones en Cataluña o en Ecuador, de los videos denunciando políticos corruptos, abusos empresariales, denuncias de jornadas laborales extenuantes o de la brutalidad policial. La juventud es siempre el contingente más activo comentando, compartiendo el contenido crítico, abriendo debates en sus cuentas de Facebook o de Instagram, incluso demostrando su descontento con las evasiones masivas frente a las alzas del pasaje, lo que muestra un creciente interés político y de ánimos de actividad de una generación que en todo el mundo está protagonizando importantes movimientos sociales como el movimiento de mujeres, la lucha por el cambio climático, derrocando gobiernos como en Puerto Rico, o como nos muestra el camino hoy Ecuador.
En ese contexto la actual conducción de la Federación, que ha sido la misma casi ininterrumpidamente desde el 2011 se ha dedicado a separar los movimientos sociales como por ejemplo con el movimiento de mujeres o el paro docente, manteniendo las distintas movilizaciones de los espacios locales aisladas sin dar una conducción política capaz de aunar las fuerzas de estudiantes, trabajadores, mujeres y la juventud para enfrentar a una derecha que busca por todos los medios imponer su agenda neoliberal.
Una dirección de la Federación que considera irrelevante las asambleas o se niega a dar ciertos debates por que asume que no son de interés de la juventud, es una dirección que busca incidir por arriba utilizado a los estudiantes como “base de maniobra” para presionar las negociaciones con el gobierno o los rectores, pero sin buscar desarrollar una fuerza social capaz de transformar la realidad ¿por qué los estudiantes querrían participar de asambleas que solo son testimoniales para negociaciones con las autoridades donde las demandas se tranzan en la medida de lo posible?
Desde Vencer nos oponemos a esta especie de “sistema binominal” en la FECH, y si bien no defendemos la forma orgánica anterior, vemos que estos cambios, en un plebiscito que hasta el momento en que se escribían estas líneas, había votado un porcentaje absolutamente minoritario de estudiantes, apuntan a alejar más a la FECH, a burocratizarla, a debilitarla y transformarla en una herramienta de los grupos políticos mayoritarios, particularmente del Frente Amplio, y no una herramienta al servicio de las luchas e interés de la juventud, de las y los estudiantes y de los trabajadores.
A la FECH hay que convertirla en una organización para aunar la fuerza de las mujeres, los jóvenes y la juventud para por ejemplo conquistar la reducción de la jornada laboral en Chile y en nuestra Universidad , pero sobre todo para enfrentar a una herencia de la dictadura que mantiene a la juventud condenada al endeudamiento y a la precarización laboral. Creemos que no hay que resignarse a la medida de lo posible.