El Supremo Tribunal Federal (STF) accedió a los pedidos del PT dándole más poder al presidente de la Cámara, el ex aliado Eduardo Cunha (PMDB). ¿Cuál es la apuesta de Dilma y Lula con este pedido?
Miércoles 14 de octubre de 2015
A pesar de pasar día y noche discurseando contra Cunha, el PT pidió una liminar (decisión preliminar) en el STF para que el presidente de la Cámara tuviese más poder en el trámite del impeachment (destitución parlamentaria).
El STF emitió ayer tres decisiones preliminares atendiendo los pedidos formulados en los mandatos de seguridad hechos por diputados oficialistas. Esas decisiones fueron emitidas por dos ministros, Rosa Weber y Teori Zavacki.
Los mandatos de seguridad realizados por el PT pedían la suspensión de un aspecto del "rito" de trámite de impeachment que publicó Cunha, y su otorgamiento terminó dándole más poderes al imprevisible y opositor diputado del PMDB de Rio de Janeiro.
Para entender la apuesta hecha por la presidenta Dilma y por Lula a través de este pedido hay que entender primero cómo es el trámite del proceso del impeachment.
Un paréntesis: cómo funciona el proceso de impeachment
Entre tantas noticias sobre cuál sería el camino articulado por el PSDB y otros opositores de derecha para derribar a Dilma es facil perderse. Existen dos procesos abiertos: uno en trámite en el Tribunal Superior Electoral (TSE) y otro que tiene como base el parecer del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU).
La demanda del TSE, que en está proceso de informe por parte del ministro Gilmar Mendes, tiene como objeto impugnar la fórmula Dilma-Temer y tendría como efecto el retiro de los dos. Luego del voto de Gilmar Mendes, cabe votar a los otros ministros, e incluso pedir “vista” postergando el proceso indefinidamente. Aprobado en el TSE, el gobierno podría recurrir al STF y allí también, sin un plazo definido, los jueces llegarían a una decisión. En caso que el TSE y el STF opten por la impugnación de la lista, entonces Eduardo Cunha o quien esté presidiendo la Cámara, asumiría la presidencia de la República y organizaría elecciones en 90 días. Este proceso está en trámite normalmente, sin impedimentos.
El segundo proceso, el que se basa en el Tribunal de Cuentas de la Unión, se apoya en el rechazo de las cuentas públicas de Dilma, y cuenta con un pedido de impeachment que debe ser aceptado o rechazado por el presidente de la Cámara. Este proceso busca solo la destitución de Dilma. El vicepresidente Michel Temer (PMDB) terminaría el mandato presidencial.
El trámite del proceso, en el caso de que fuese aceptado por Cunha, sería instaurar una comisión para evaluar el impeachment, dando lugar a la defensa por parte del gobierno y posterior votación por el pleno de la Cámara, con una exigencia de dos tercios de esa casa a favor del impeachment, que deberá repetirse luego en el Senado. Finalmente, cabría al STF ratificar este proceso, dando lugar a interminables maniobras políticas y judiciales en el camino, con algunas que ya se ventilan, como el cuestionamiento de la legalidad de llevar adelante un impeachment en 2015 relativo a un evento del mandato pasado (2014), si habría o no continuidad del hecho para 2015 y si el “pedaleo fiscal” sería motivo constitucional para una impeachment.
Este sería el trámite en el caso de que Cunha acepte el pedido protocolado. En caso de que lo rechace, de acuerdo con el “rito” por él publicado, cabría a algún diputado apelarlo y ahí, por mayoría simple, la Cámara decidiría si el proceso de impeachment sería “juzgable o no”, y luego seguiría el resto del trámite. Esta segunda hipótesis, la de rechazo por parte de Cunha, es lo que el STF negó hoy. Cabe a Cunha y solo a él decidir si el tema será o no debatido. No hay a quién apelar o quien pueda votar sobre eso.
¿Qué quieren Dilma y Lula con esta maniobra?
La apuesta hecha por la presidenta Dilma y por el ex presidente Lula, quien viene actuando de consejero cotidiano en el gobierno, es que al concentrar poder en Cunha, se le quite legitimidad política al proceso. Cunha está acusado en el escándalo de corrupción en Petrobrás, la operación “Lava-Jato”, tiene cuentas en Suiza y mintió a la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre esas cuentas, pudiendo tener su mandato parlamentario revocado por este motivo.
Lo que se impidió fue la posibilidad de que la oposición pueda apelar a un rechazo de Cunha, maniobra que estaba siendo articulada para darle más legitimidad al proceso y que, de haberse dado, lo hubiese derivado hacia una comisión especial y al pleno para la decisión de centenares de diputados y no solo del presidente de la Cámara. Ahora, todas las fichas de la oposición están con Cunha. ¿Se verá este proceso como legítimo o como fruto de un proceso viciado iniciado por un corrupto? Es esta la apuesta de Dilma y Lula, quieren tirar más leña al fuego para salvarse.
Dilma y Lula juegan con el desgaste del proceso, el empantanamiento por vía de un impeachment decidido por un futuro reo. ¿Servirá esto para disciplinar a Cunha, o tomará esta decisión bajo amenaza? Algo ya se sabe, su decisión va a ser tomada recién la próxima semana.
Mientras tanto, las investigaciones y amenazas sobre su cabeza aumentan. Hoy el PSOL y el partido Rede Sustentabilidade de la ex candidata presidencial Marina Silva y el ex PSOL Randolfe Rodrigues, entraron con un pedido de impugnación de su mandato. El PT liberó a sus parlamentarios para que apoyen según “su conciencia” este pedido. ¿Sobrevivirá Cunha en el cargo para hacer lugar al pedido?
Las amenazas sobre su cargo sumadas al aumento de su poder le dan mayor imprevisibilidad al proceso. El desenlace es incierto, con aceptación del proceso de impeachment o no. Quedándose o no Cunha en el cargo, el tema del impeachment no sale de cartelera, con plazos dilatados y dificultades para que salga, pero no deja de amenazar permanentemente a Dilma y al PT. En caso de que Cunha caiga, el nuevo presidente de la Cámara será elegido en medio de una batalla política para definir a un “aceptador” o “rechazador” del pedido de impeachment.
El PT, Dilma y Lula, se esfuerzan para sacar el tema de la agenda política del país y gobernar, pero sus acciones tiran más y más lenha al fuego. Al igual que el intento de la semana pasada de impedir el juicio del TCU vía STF promovió el unánime rechazo de las cuentas por el TCU, la acción en el STF para dar todo el poder a Cunha junto a las firmas del PT por su impugnación, pueden ser un tiro en el pie.
Las cuestiones en juego crecen día a día por más que haya una gran unidad burguesa en priorizar la aplicación de los ajustes y resolver el impeachment y otras cuestiones después. El impeachment no desaparece del mapa político. Es como mínimo una amenaza que busca desangrar al PT de Dilma y Lula, y tiene como objetivo aumentar los ajustes y debilitarlo hacia las elecciones de 2016 y 2018, y cuando sea posible (o necesario), ejecutarlo.
Con altas dosis de imprevisibilidad, y con Cunha en la presidencia, todo puede cambiar. Sin embargo, por ahora la tendencia predominante es: sangría del PT, de Dilma y Lula, ajustes hechos por Dilma con el aval de Lula, amenaza de impeachment para aumentar la sangría y más ajustes, y ahora el PT intentando desangrar a otros como para salvarse empantanando las instituciones que lo amenazan. Las apuestas suben, los riesgos para la estabilidad que necesita la clase dominante pueden crecer con tanta sangría, y se les podrá hacer difícil, cuando en algún momento quieran hacerlo, frenar la hemorragia de falta de legitimidad de esta “democracia para ricos”.