El abrazo (1967) de Juan Genovés, elevado a símbolo de la transición democrática, ha llegado al Congreso. Un icono de la Transición pactada que llega en un momento en el que el debate sobre la regeneración del Régimen del 78 intenta recuperar el discurso de la necesidad de una “nueva transición”.
Clara Mallo Madrid | @ClaraMallo
Viernes 29 de enero de 2016
El abrazo ha sido calificado por muchos como la obra de arte más representativa y emblemática de la Transición. La pieza, cedida por el Museo Reina Sofía, ha sido ubicada en las paredes del Congreso. El cuadro recoge la imagen de un grupo de hombres que dando la espalda al espectador se funden en un abrazo. La imagen simboliza la idea de “diálogo y consenso” como base de la democracia española y del Régimen del 78.
Aún hoy la historia oficial insiste en querer mostrar que el desmonte de la Dictadura y la llegada de la democracia fue resultado del “buen hacer” de la monarquía y de todos los hombres de Estado como Suárez, Carrillo o Felipe González. Un discurso oficial apoyado por la cultura y el arte durante todos estos años, que busca asentar uno de los principios fundamentales que ha servido y sirve de sostén para el actual régimen político español. Es la idea de que la crisis de la Dictadura no fue subproducto de luchas de los trabajadores y sectores populares, sino una salida ordenada y pacífica, consensuada por toda la sociedad.
Este relato, además de ocultar la importancia del conflicto social como motor de la historia reciente, deja a un lado otras experiencias que en el plano artístico se dieron en aquellos años al calor de la lucha de clases y eleva como “modelo” a los discursos artísticos que, como el de Genovés, fueron cómplices de la constitución y mantenimiento del Régimen del 78.
No es casual que sea en este momento, en pleno debate en torno a la necesidad de regeneración del régimen, cuando El abrazo llega al Congreso tras años de estar oculto. La necesidad de construir un discurso acerca de la idea de diálogo y la búsqueda de consenso es el motivo por que la pintura de Genovés ha sido recuperada.
En el plano artístico y fuera de este discurso oficial, fueron muchos los artistas que trataron de generar espacios, imágenes y discursos desde los que cuestionar el orden político y social impuesto primero por el régimen franquista y más tarde por las distintas fuerzas que ayudaron a establecer el régimen del 78. Experiencias más difíciles de rescatar, ya que, pese a la proliferación de centros de arte contemporáneo, centros de estudio, espacios artísticos y facultades ligadas al arte, en los últimos treinta años apenas se han producido encuentros, estudios y publicaciones sobre este tema.
A pesar de que el panorama general del arte tardofranquista era un tanto complaciente con el régimen -algo que no extraña tras décadas de destrucción de toda crítica intelectual y cultura opositora-, parte de las prácticas artísticas producidas en el último franquismo vieron necesario contribuir a cuestionar radicalmente la realidad social y a acelerar el final de la dictadura.
En la clandestinidad de los últimos años del franquismo comenzaron a surgir las células culturales alrededor de los partidos y organizaciones opositoras al régimen.
Estas fueron el origen de ciertas experiencias artísticas que durante la Transición trataron desde distintas ópticas de dar respuestas críticas a la realidad social y política a través del arte. Muchos militantes organizaban en la universidad grupos o colectivo artísticos ligados a las organizaciones políticas de la extrema izquierda española. Ejemplos como la UPA (Unión Popular de Artistas) ligada al FRAP, Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, el Grupo de artistas en apoyo del Frente por la Unidad de los Trabajadores (FUT) o la Kooperativa Abierta de Arte en Movimiento (KAAM) formada por anarquistas y trotskistas, fueron parte del mapa opositor del régimen que iniciaron en el plano artístico algunas experiencias que es necesario rescatar.
La intención de estos artistas y colectivos militantes dentro de las organizaciones de la extrema izquierda era estetizar las acciones políticas y politizar todo acto artístico.
Sin embargo, el proceso de desactivación política que se dio durante la transición paralizó todas estas interesantes experiencias críticas y opositoras al régimen, abriendo paso a un escenario idóneo para que el arte y la cultura se convirtieran en un espacio adormecido, ideal para la promoción de los logros de la ’democracia’ española como los expresados en El abrazo de Genovés.