La crisis en el gabinete de Enrique Peña Nieto se aceleró en cuestión de días. El escándalo de la tesis plagiada fue eclipsado por el affaire Trump. El “supersecretario” y delfín del presidente tuvo que irse.

Pablo Oprinari Ciudad de México / @POprinari
Viernes 9 de septiembre de 2016
La crisis en el gabinete de Enrique Peña Nieto se aceleró en cuestión de días. El escándalo de la tesis plagiada fue eclipsado por el affaire Trump. Lo que parecía un triunfo para Luis Videgaray -operador principal de la controvertida reunión entre el candidato republicano y el presidente mexicano-, que lo posicionaba como delfín indiscutible de EPN, se convirtió en su contrario, en cuestión de días.
Las renuncias presentadas por Claudia Ruiz Massieu y Miguel Angel Osorio Chong a sus respectivas secretarias -no aceptadas por Peña Nieto- mostraba una fisura importante en el gabinete. Osorio era uno de los nombres que circulaban para la cada vez más improbable sucesión en Los Pinos. Y parecía perder irremediablemente la interna con el ahora ex secretario de Hacienda.
Mientras tanto, el mar de fondo era la indignación popular después de la visita relámpago de Trump. Aunque no se expresase en movilizaciones importantes, en la calle se sentía. El enojo con el servilismo presidencial, que recibía como jefe de estado al xenófobo y racista candidato republicano.
Lo peor estaba por venir. Lejos de aquietarse las aguas, Trump volvió a la carga y acusó al gobierno mexicano de “violar las reglas de juego”. Hillary le quitó al gobierno nacional la última esperanza de recomponer la situación: presentar las invitaciones a ambos candidatos como parte de una habitual labor diplomática.
Luis Videgaray tenía las horas contadas. Su capital político terminó de dilapidarse al calor de una jugada arriesgada y torpe, con la que buscó afirmar su lugar como “hombre fuerte” favorito del presidente. Aunque con desgano , éste se decidió a sacrificarlo. La crisis en el gobierno se cobró una de sus principales cartas.
Videgaray, entre la economía y la diplomacia fallida
La renuncia de Videgaray concentra de forma ejemplar el desgaste creciente de la administración de Peña Nieto. Si en sus primeros años despertaba las alabanzas de la prensa internacional por las reformas estructurales y los alentadores indicadores económicos (el llamado “mexican moment”), la realidad ha cambiado, y mucho.
El último reporte de Merrill Lynch evidencia el mal desempeño de la economía nacional: una previsión de mayor contracción y un aumento de la deuda pública, en un contexto internacional desfavorable encendió las señales de alarma.
El desprestigio del gobierno se acrecentó entonces por una combinación de factores. El bajo crecimiento económico, la devaluación monetaria y el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores y sectores populares, es de los más importantes. Los escándalos de corrupción que sacudieron al gobierno federal y las consecuencias negativas de la reunión con Donald Trump se añadieron en una peligrosa combinación que amenaza tirar más abajo el 23% de popularidad de la figura presidencial.
La renuncia de quien fuera su secretario de estado más cercano, artífice de los principales “logros” (como las reformas estructurales) es una muestra del debilitamiento de Peña Nieto y a la vez un intento por cerrar la crisis. Ya que el panorama es potencialmente peligroso para la estabilidad política y económica que requieren las trasnacionales.
Por eso, no es casual que las cúpulas empresariales saluden como “oportuno” el recambio en la Secretaria de Hacienda, a la par que plantean que “debe profundizarse el camino emprendido”. Incluso Andrés Manuel Lopez Obrador planteó que “importa frenar la caída de Peña”. Mantener la gobernabilidad es un imperativo para la patronal y para los partidos políticos del Congreso, incluso aquellos que se reclaman opositores como el Morena.
El hecho es que la salida de Videgaray no implicará cambio alguno en la política económica. José Antonio Meade tiene el encargo de continuar con la “contención del gasto público”, lo cual, vaticinan, mantendrá la contracción de la actividad económica. Se trata de un recambio que busca oxigenar al gobierno , y tras el cual Peña Nieto buscará restablecer su imagen, la cual quedó “minimizada” por las disputas en el gabinete y el protagonismo adquirido por el ex secretario de Hacienda.
Un sombrío panorama electoral
Luis Videgaray había aprovechado la derrota del 5 de junio pasado para avanzar ante otros sectores del PRI y del gobierno. Fue el artífice de la llegada de Enrique Ochoa Reza a la presidencia del tricolor, después de la renuncia de Manlio Fabio Beltrones. Se había consolidado como el delfín de Peña para el 2018. Pero todo eso cambió ahora, y vuelve aún más complicado el panorama priista.
Aurelio Nuño y Miguel Angel Osorio Chong son los otros integrantes del gabinete con supuestas pretensiones electorales. En el caso del secretario de Educación, enfrentó la resistencia magisterial más importante de los últimos años, que despertó un inédito apoyo popular, lo cual profundiza su imagen negativa. Osorio Chong, por su parte, tendría -según distintos analistas- más posibilidades de convertirse en un “presidenciable”.
Pero para el PRI no se trata de una empresa fácil. El desprestigio gubernamental arrastrará las ambiciones del partido para el 2018. En el medio está el 2017 y las elecciones en el estado de México. No se puede descartar que el declive de Peña Nieto y “los de Atlacomulco” les lleve a perder incluso su propio estado.
Con la salida de Videgaray, el gobierno intenta cerrar la crisis abierta. Buscará urgentemente recuperar la iniciativa política y evitar las disputas en el partido, que pueden potenciarse si el reparto de las candidaturas no satisface a los principales grupos internos.
En ese contexto, urge que los trabajadores y los sectores populares aprovechen la situación para movilizarse de forma independiente por sus demandas, contra el gobierno y las instituciones de esta “democracia para ricos”.

Pablo Oprinari
Sociólogo y latinoamericanista (UNAM), coordinador de México en Llamas. Interpretaciones marxistas de la revolución y coautor de Juventud en las calles. Coordinador de Ideas de Izquierda México, columnista en La Izquierda Diario Mx e integrante del Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas.