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Red Internacional
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ESTRATEGIAS. El anarquismo y el movimiento estudiantil

Los debates entre marxistas y anarquistas no son nuevos. En este artículo buscamos debatir con los métodos y posiciones políticas específicamente del anarquismo dentro del movimiento estudiantil.

Jueves 15 de septiembre de 2016

La juventud atraviesa en diferentes países procesos de politización y activación política en universidades y escuelas. Motorizadas en algunos casos por demandas gremiales, como la defensa de la educación pública o la búsqueda de ella en el caso de Chile y en otros por situaciones políticas nacionales como en el caso de Francia contra la reforma laboral, en México por demandas democráticas o en Brasil contra las políticas de ajuste económico neoliberal.

En esta situación, la cual se sigue desarrollando producto de la dinámica de la crisis económica iniciada en 2008, que atraviesa el mundo, si bien sectores medios y populares han aparecido en escena en el marco de que los trabajadores apenas comienzan a aparecer como sector organizado desde sindicatos y posiciones de clase –una excepción importante es Francia en la lucha contra la reforma laboral con enormes manifestaciones de trabajadores de plantas nucleares, refinería, ferrocarriles, puertos y plantas automotrices–, un sector que no deja de aparecer es la juventud.

En el Estado Español o en Estados Unidos son los jóvenes quienes protagonizan importantes movimientos en los últimos años, pero dentro de la juventud son los estudiantes los que más capacidad de acción tienen. Esto ha traído como consecuencia que haya muchos jóvenes que buscan ideas revolucionarias y las corrientes revolucionarias históricas o sus derivaciones y degeneraciones en la actualidad se encuentren en los movimientos y disputen la conducción de estos.

El anarquismo en realidad es una corriente pequeña, en la mayoría de los países ceñida a escuelas donde encuentra algunos adeptos, en el caso de algunos países como el Estado Español se encuentra también en barrios ocupando edificios que convierten en centros culturales y políticos. En México históricamente no ha logrado mucho peso ni siquiera el aporte al ala izquierda de la revolución que dieron los Flores Magón y su grupo.

El debate para cambiar el mundo, lucha política y estratégica

En la Ciudad de México en la UNAM, la UAM y en menor medida en el IPN, así como en algunas universidades de provincia encontramos grupos que se reclaman del anarquismo que llegan a participar –sobre todo en marchas o acciones- de movimientos estudiantiles–. En la cotidianidad se dedican poco a difundir sus ideas, con algunos fanzines, gacetas o eventos culturales.
Este anarquismo en las escuelas tiende a tomar posiciones “autonomistas” que apuntan a ocupar espacios para convertirlos en centros “autónomos” político-culturales (los cuales en muchos casos con el tiempo se van desgastando y se aíslan de la comunidad) o bien a la realización de acciones “directas”. Ambos sectores comparten en muchas ocasiones posiciones y muchas veces actúan en común.

En el caso del sector que realiza acciones directas, el sector “insur” (insurreccionalista), lleva adelante acciones que según su visión, tienden a confrontar directamente el orden social existente lo que les resulta en una fuerte campaña de linchamiento mediático y el rechazo de amplios sectores de la comunidad en las universidades. Esta estrategia de “propaganda por la acción” según algunos teóricos de esta corriente como Errico Malatesta llevaría a despertar a las masas mucho más que la simple palabra y difusión de los ideales libertarios que buscan acabar con toda forma de opresión y violencia.

En los hechos, estás acciones aíslan a los colectivos o a los movimientos que las llevan adelante, rompiendo el diálogo con mucha gente que podría simpatizar con determinada lucha o demanda pero que al realizar acciones de confrontación directa con el Estado, no están dispuestos a apoyar ni a hacerse parte de determinados procesos. La justificación que dan muchos anarquistas en las universidades es que es normal que exista rechazo pues “las masas” se encuentran profundamente enajenadas creyendo la propaganda oficial, de esta manera desdeñan la capacidad de reflexión y toma de conciencia de amplios sectores que bajo otro contexto y con determinadas condiciones podrían participar en las luchas.

El anarquismo actual es una corriente política que subestima la acción de la clase obrera y sus aliados del campo y la ciudad que son quienes realmente pueden llevar adelante una lucha revolucionaria. Además, si lo que se busca es una sociedad diferente a la capitalista donde la gente sea tomada en cuenta por el simple hecho de ser un ser humano y se acabe la miseria y la opresión. ¿Cómo puede llegarse a ella sin involucrar a millones? ¿Se debe imponer por una minoría “iluminada”? ¿Se puede prescindir de la toma de conciencia de amplios sectores de masas?

La democracia directa y el fetichismo de la acción

Para los trotskistas, el fin de llegar a una sociedad enteramente libre donde el ser humano pueda desarrollarse integralmente no está escindido del método para llegar a la sociedad comunista. El fin y el medio empatan. Nosotros plantemos que es posible llegar a una sociedad mil veces más democrática que la más avanzada democracia burguesa, pero que para ello es necesario derrocar a la clase que hoy domina a través de un Estado construido por ellos mismos para defender sus intereses.

Para construir esta sociedad hay que impulsar la movilización revolucionaria de las masas, desarrollar la lucha del proletariado y sus aliados hacia la toma del poder político. En ese camino surgirán organismos de democracia directa donde las masas se sumen y organicen democráticamente, como durante el siglo XX sucedió en distintos momentos. Las asambleas y la conformación de organismos de autoorganización democrática de las masas permiten que sean cada vez más amplios sectores los cuales deciden colectivamente la política o la forma que adquiere determinada lucha. En una asamblea se discute lo que ocurre a nuestro alrededor aportando elementos para entender lo que pasa y se contraponen ideas y posiciones. Esto permite que quien participa de ella reflexione y se involucre, mientras más se agudice la lucha de clases y el enfrentamiento con el Estado, la asamblea tenderá a avanzar en sus posiciones políticas.

En momentos de ascenso de luchas, estos organismos tienden a crearse y desde éstos se discuten los ritmos de la lucha. Si se desarrolla un proceso revolucionario, se puede hablar de un doble poder que comienza a disputar en los hechos el poder del Estado burgués. Para el marxismo, estos organismos son las bases para tomar el poder y avanzar en la “dictadura del proletariado”, entendida como un régimen político que impide a la burguesía mantener sus privilegios y su sistema de explotación, pero que al tiempo desarrolla la más amplia democracia de las masas.

Una sociedad superior a la capitalista tendría que desarrollar la más amplia participación de las personas en consejos en fábricas, colonias y escuelas, al tiempo que se organiza para impedir los capitalistas como clase intenten regresar a una sociedad de explotación.

Estamos conscientes que el tránsito entre la sociedad capitalista y una sociedad superior no puede ser pacífico sino que tendrá que provocar fuertes convulsiones políticas y sociales. Pero entendemos este proceso histórico en el tiempo, tomando en cuenta los avances y retrocesos en la subjetividad de las masas. En cambio, el anarquismo muestra su impotencia al fetichizar una acción, como si esta por sí misma fuera a hacer la diferencia. Así aleja y resta el apoyo de amplios sectores.

Los anarquistas y los sectores que simpatizan con radicalizar los métodos en determinada lucha en cualquier momento, salvo en algunas ocasiones, no intentan convencer de sus posiciones políticas en asambleas, simplemente se saltan la discusión y en la mayoría de los casos tampoco valoran la correlación de fuerzas que se establece entre determinado movimiento y el Estado. Al renunciar a dar peleas políticas en las asambleas, en los hechos dan pie a que los partidos del régimen actúen en estas, renuncian a discutir con la base y le ceden al Estado. Carecen de estrategia para avanzar y lo cubren con acciones “radicales” como si de un momento a otro millones fueran a despertar y unírseles o como si pudieran efectivamente hacer frente a las fuerzas represivas y el poder del Estado en cualquier momento.

Estrategia soviética y partido de trabajadores revolucionario vs ultraizquierdismo

Para pensar seriamente en transformar la sociedad es necesario sacar lecciones de procesos e intentos pasados y contar con una estrategia clara de cómo avanzar. Disputar a los grandes empresarios la conciencia de las masas es algo que sólo se puede lograr si se tiene paciencia y constancia.
Los socialistas pensamos que para lograr que millones de personas participen en movilizaciones revolucionarias hay que involucrarlos para que los sientan suyos, generar asambleas y formas de autoorganización cada vez más poderosas en escuelas o centros de trabajo. Discutir democráticamente la política del movimiento, explicar que determinada lucha no está desvinculada del funcionamiento general del sistema y que una salida de fondo pasa por plantear una sociedad de nuevo tipo.

Es por eso que los marxistas revolucionarios impulsamos la estrategia soviética, pues retomamos el funcionamiento de los soviets antes de que Stalin y la burocracia del Partido Comunista en la URSS acabaran con ellos.

Estos organismos permitían la participación masiva de trabajadores, campesinos y pobladores en la toma de decisiones del Estado. Retomando de la Comuna de Paris el legado de los comuneros que decidían en colectividad el desarrollo de la vida social y discutían democráticamente como enfocar la producción de la economía. En otros momentos de la historia como los Cordones Industriales en el Chile de los ‘70s del siglo XX también se experimentaron formas de autoorganización de masas.

Para disputar la conciencia de las masas planteamos que hay que construir un partido de trabajadores revolucionario que logre convencer a millones de la necesidad de luchar y organizarse. Este partido debe forjarse al calor de las luchas y prepararse desde mucho antes de que lleguen las grandes convulsiones sociales.

Sabemos en determinadas luchas el Estado ataca con fuerza y defendemos el derecho a la autodefensa pero no la entendemos desligada de la radicalización de la movilización de masas, es decir de que cada vez más trabajadores, sectores populares o estudiantes vayan comprendiendo que sus demandas no pueden ser resueltas a cabalidad sino es enfrentando a la clase que hoy domina.

Los trabajadores tienen un rol fundamental en la reproducción de la sociedad capitalista, en los servicios, la industria o el transporte son millones con bajos salarios y extenuantes jornadas. La revolución no va a venir de las universidades aunque los estudiantes puedan jugar un rol muy importante, sino de la clase trabajadora. Contra el ultraizquierdismo impotente los trotskistas creemos que hay que ir con los trabajadores y organizarlos para recuperar sus sindicatos y convertirlos en herramientas de lucha. No hay atajos.