Miguel Ángel Martín Estudiante de Sociología UCV
Martes 12 de marzo de 2019
Un atropello contra una ventana crítica al gobierno
Hace un mes, la mañana del 12 de febrero, el proveedor estatal de internet y el más usado del país, CANTV, bloqueó el acceso desde sus servidores al portal web Aporrea. La razón se debe a las críticas y denuncias que viene dando el medio alternativo a las políticas del Gobierno nacional. Aporrea es emblemático por ser el medio alternativo de mayor alcance dentro del país y a nivel regional. Fundado en mayo de 2002 tras el golpe de Estado de la burguesía pro-imperialista, se definió, de acuerdo a lo escrito en el propio portal, como un medio para la divulgación de las luchas populares, “la transformación revolucionaria de la sociedad” y en respuesta al “cerco mediático impuesto por los medios privados de comunicación, comprometidos con la conspiración golpista y contrarrevolucionaria en Venezuela”.
No es la primera vez que el Gobierno atenta contra Aporrea, personajes como Mario Silva y Diosdado Cabello ya han arremetido contra ella desde los medios de comunicación estatales. Ya hace dos años, en febrero de 2017, Aporrea sufrió un ataque informático que saturó los servidores, dejando al sitio web fuera de servicio por dos semanas.
De ser parte del apoyo popular al Gobierno nacional, con el agravamiento de la crisis económica y el viraje represivo del gobierno, la separación entre la base y la cúpula se fue ampliando, y las críticas y denuncias en Aporrea pasaron a ser más abundantes y duras. Siendo un medio fundamental en la difusión de la lucha yukpa, la protesta por el asesinato de Sabino Romero y la desaparición de Alcedo Mora, las luchas contra el Arco Minero del Orinoco, el conflicto en El Maizal, así como muchas otras luchas populares y rupturas de los más diversos sectores del activismo de izquierda con el Gobierno de Maduro.
La censura contra Aporrea es un hecho condenable, que repudiamos. Es un paso más del autoritarismo gubernamental, que debe ser rechazado, denunciado, y por lo cual somos parte de las voces que exigen que #DesbloqueenAporreaYa.
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El cierre de RCTV y una importante reflexión desde la izquierda
Aprovechamos este atropello contra el activismo popular para plantear una discusión muy cara a la izquierda anticapitalista, relativa a la defensa de las libertades democráticas. Ya en otras ocasiones, desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) se han hecho discusiones con sectores de la izquierda chavista que le daban poca importancia al avasallamiento del gobierno nacional a estas libertades, fueron constantes las denuncias y discusiones que hicimos bajo los gobiernos de Chávez en ese sentido, así como las actividades prácticas y campañas.
En este caso, resulta oportuno recordar el emblemático caso de la salida del aire de RCTV (Radio Caracas Televisión). En aquel entonces el posicionamiento de la Juventud de Izquierda Revolucionaria (JIR) –antecedente de la LTS– difirió del sostenido la dirección mayoritaria del extinto Partido Revolución y Socialismo (PRS), del cual formábamos parte como fracción interna, quienes apoyaron la medida sin advertir que las armas se iban a redirigir de forma más cruenta contra los trabajadores y el pueblo cuando la crisis hiciera su aparición.
Como Aporrea, RCTV también es emblemático, pero de la otras clases beligerantes. Siendo el canal más antiguo de la televisión venezolana, en manos del acaudalado Marcel Granier, es un símbolo político y cultural de la oligarquía y de los intereses imperialistas en Venezuela. Es “clásica” su editorial condenando la rebelión popular del “Caracazo” y, ya en época de Chávez, su papel fue clave en la difusión de las marchas convocadas por la oposición empresarial y la burocracia sindical de la CTV, en la transmisión de las declaraciones de los golpistas, en la cacería de brujas, la distorsión de los choques violentos y en el cerco mediático colocado sobre las masivas movilizaciones en rechazo de golpe que le siguieron. Como en todo medio de intereses privados, el trabajo duro de los periodistas buscando primicias era seleccionado por la dirección del canal, que rechazaba la publicación de las noticias desfavorables como las que aseguraban que Chávez no había renunciado, pero publicaban manipulaciones sin escrúpulos favorables al golpe como su cobertura distorsionada de los sucesos de Puente Llaguno.
A finales de 2006, Chávez decide no renovar la concesión en el aire a RCTV, aduciendo su participación y complicidad en el golpe. Cosa que no fue excepcional de RCTV, sino común a todos los grandes medios privados: Globovisión, Televen, Venevisión. La diferencia estaba en que con los demás existía más margen de negociación, mientras que RCTV mantenía una postura más beligerante. La ocasión dio la oportunidad al propio canal, a la oposición interna pro-imperialista y sus instituciones como la CIDH, de poder enarbolar la bandera democrática de la defensa de la libertad de expresión. Aunque dicha defensa fuera en realidad la de sus nada democráticos intereses privados.
Las organizaciones estudiantiles de derecha organizaron protestas que culminan en represión y violencia durante gran parte del 2007. Es así como comienzan las primeras acciones visibles de quienes más adelante liderarían “La Salida” en 2014 (el intento frustrado de derrocar a Maduro con algunas movilizaciones de sectores de las clases medias referenciadas en María Corina Machado y Leopoldo López), siendo caras visibles de las mismas gran parte de los futuros diputados de lo que más adelante sería Voluntad Popular y otros dirigentes políticos de la oposición imperialista, incluyendo el infame títere que ahora lidera la ofensiva imperialista sobre Venezuela: Juan Guaidó, quien recientemente prometió el regreso de la señal del canal al país de consumar su golpe. RCTV es otro de los símbolos construidos por la derecha en torno a su demagogia democrática y del pasado “idílico” de una Venezuela previa al “castrocomunismo chavista”, como la bandera de siete estrellas que no falta en ninguna de las movilizaciones golpistas, que arremeten hoy con toda la furia revanchista y buscan “borrar” todo lo que recuerde al chavismo (aunque se trate de símbolos oficiales del país) y más en general, a la izquierda.
Pero quizás lo que permitió a la derecha empalmar exitosamente su demagogia democrática, con el movimiento estudiantil y la defensa de sus intereses privados, fue la ausencia de una dirección obrera que defendiera las libertades democráticas de forma más consistente de lo podían hacer la demagogia tanto de la oposición proimperialista como del tibio nacionalismo burgués de Chávez.
Al contrario, en ese momento, casi toda la izquierda (incluyendo la Aporrea) apoyó la medida del Gobierno y se la presentó como una conquista de las masas. Incluso el PRS, que formalmente planteaba la independencia de clase, y cuya dirección mayoritaria estaba en manos de quienes luego fundaron el PSL, dio su apoyo al cierre de RCTV, limitándose a demandar al Estado burgués que expropiara la propiedad de la empresa y la de todos los medios de comunicación para “ponerlos a disposición de los trabajadores”, como si el cierre hubiera sido un acto progresivo en sí mismo, y alimentado ilusiones de que a través de esas medidas del gobierno de Chávez haría se llegaría a que los medios estuviesen en manos de los trabajadores y el pueblo. El sector del PRS que había roto para incorporarse al PSUV, fundando Marea Socialista, saludó la decisión como una “medida revolucionaria” que implicaba la “profundización de la revolución”.
Como fracción de lo que fue ese esfuerzo por construir un “partido revolucionario de los trabajadores”, planteamos una alternativa obrera independiente: no darle más control al Estado burgués sobre los medios de información, sino pelear nosotros mismos por el carácter público de los grandes medios pero en manos de las organizaciones obreras, populares y comunitarias. Ante arremetidas como las de 2002-2003, hacemos unidad de acción con el nacionalismo burgués contra la ofensiva golpista del imperialismo y la reacción burguesa, pero con los métodos de lucha de los trabajadores, no aupando el fortalecimiento del poder estatal, y sin dar ningún apoyo político al gobierno, lo que implica no apoyar sus pasos para consolidar su proyecto, camino dentro del cual entraba el cierre de RCTV, ya en el año 2007.
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La demagogia de los medios privados y el cuento de la “libertad de prensa”
Los medios privados daban alguna cobertura a luchas como la de Sanitarios Maracay, no por un real compromiso con la causa de los trabajadores, sino porque podían aprovecharla para atacar al gobierno al que se le oponían; mientras que los medios de televisión estatales, que decían representar a un gobierno popular, no publicaron nada del asunto. Esta exposición selectiva de nuestra lucha no anula el carácter golpista del canal ni nos sitúa en unidad de acción con sus intereses, así como también el enfrentamiento del nacionalismo burgués con el imperialismo no significa que estuvieran dispuestos a llevar hasta el final la lucha por romper la dependencia ni, mucho menos, enarbolar genuinamente las luchas populares y obreras. Esto solo colocaba a las luchas obreras como un arma que podían utilizar ambos bandos mediáticamente cuando les convenía.
El paso de la concesión a Tves, canal manejado burocráticamente por el Estado, en vez de ser un verdadero medio popular bajo control de los trabajadores, no representó ninguna victoria popular en ese sentido, no significó mayor difusión de las luchas de los trabajadores aunque significara el cierre de una ventana del imperialismo; solo fue un paso más en el poder mediático del gobierno. En aquel entonces se utilizó aquella solución bonapartista para tratar de contener una crisis que comenzaba, manifiesta en la derrota del chavismo en el referéndum constitucional. Hoy el bloqueo de páginas web no solo afecta a medios pro-imperialistas como El Nacional, y las muchas otras emisoras y canales internacionales expulsados, sino a los mismos medios populares que creían que dichas medidas solo iban a ser empleadas contra el adversarios proimperialista.
En el capitalismo la “libertad de prensa” es una ficción para las grandes masas, la propiedad de las grandes televisoras, emisoras de radio, imprentas, satélites y demás recursos está en manos de la clase capitalista, muy lejos de ser herramientas de la clase trabajadora y el pueblo pobre para ejercer su libertad de expresión. Sin embargo, el pase de estas a manos del propio Estado burgués no significa ninguna salida progresiva para los de abajo.
Un posicionamiento de clase
Es desde esta ubicación que nos posicionamos frente al cierre de RCTV en ese entonces. Posicionamiento que nos parece tiene un valor importante ante lo que ha sido posteriormente el devenir autoritario del gobierno.
Reproducimos parte de nuestra declaración de 2007:
Como revolucionarios creemos firmemente que es esencial emprender una incansable lucha contra los medios y la prensa reaccionaria. Pero creemos que el modo más efectivo de combatir a los medios y la prensa que hoy la burguesía sigue detentando para mantener su dominio y sistema de explotación, es tomarlos en nuestras propias manos, creando y extendiendo los propios medios y la prensa de la clase obrera y del pueblo pobre al servicio de sus reales intereses. No pensamos, bajo ningún punto de vista que, como resultado de medidas de prohibición de los medios y la prensa reaccionaria desde este Estado, los trabajadores, campesinos y el pueblo pobre se librarán de la influencia de las ideas reaccionarias y del pensamiento dominante de la clase capitalista. En realidad, sólo la mayor libertad de expresión, de prensa y de reunión pueden crear las condiciones favorables para el avance del movimiento revolucionario de la clase obrera y del pueblo. Pero ejemplos sobran cómo de parte del gobierno nacional impiden también que los trabajadores se expresen libremente en los medios estatales: basta mencionar cómo el gran paro regional obrero en el estado Aragua del 22 de mayo fue expresamente prohibido que se difundiera por los medios televisivos y de prensa del Estado (…) Exactamente lo mismo que había ocurrido meses atrás con la lucha llevada adelante por los pescadores del Puerto de Güiria violentamente reprimidos por la Guardia Nacional. El gobierno incentiva a los medios alternativos pero siempre y cuando no cuestionen sus grandes políticas nacionales, como sus pactos y acuerdos con grandes sectores empresariales incluyendo los de los grandes medios de comunicación en manos de grandes magnates.
La realidad histórica ha demostrado que cualquier restricción de la democracia en la sociedad burguesa, quienes terminan soportando las consecuencias últimas de estas medidas son los propios trabajadores y el pueblo pobre. Por eso afirmamos que los trabajadores son los que deben librar por sus propios medios y organizaciones la total y completa libertad de prensa y no mediante el puño del aparato gubernamental como sustitución de esta lucha (…) cualquier legislación restrictiva que exista será lanzada contra los obreros y el pueblo. Lejos de ir detrás de medidas bonapartistas contra la libertad de prensa, aunque sea contra un medio reaccionario, la clase obrera debe confiar solamente en sus métodos de lucha y forjarse sus espacios e instrumentos mediáticos conquistados por su propia lucha y métodos de acción directa, como hicieron los trabajadores y el pueblo de Oaxaca, poniéndolos al servicio de su lucha, porque tarde o temprano este tipo de medidas gubernamentales también se volverán contra ella (…)
La realidad posterior a esa declaración confirma la justeza de ese posicionamiento. No puede combatirse la manipulación y el terrorismo mediático al servicio de los intereses de la burguesía y el imperialismo sino desde la organización de los trabajadores y la lucha por el fortalecimiento de la libertad de prensa y expresión. El gobierno de limitado nacionalismo y los militares que en algún momento tomaron esas medidas contra medios favorables al el imperialismo, hoy usan las mismas maniobras contra los luchadores sociales que resistieron al golpismo en aquel entonces, mientras aplican medidas favorables al capital y son acorralados por el imperialismo, esta vez sin poder contar con las masas para su defensa, por la misma desmovilización y desmoralización en la cual las han sumido, golpeándolas con todo el peso de la crisis y de la represión.
Sigamos exigiendo el desbloqueo de Aporrea y el cese a la censura a esta ventana de las luchas del pueblo trabajador y las expresiones de izquierda.
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