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Red Internacional
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Precariedad Laboral. El capitalismo nos explota hasta la muerte

En 2017 se contabilizaron 618 muertes en el lugar de trabajo en el Estado español. La cifra del pasado año supera en 11 a la del 2016 y en 54 a la del 2012. Cifras oficiales que seguro se engrosarían sumando el millón de trabajadores de la economía sumergida.

Ivan Vela @Ivan_Borvba

Miércoles 7 de marzo de 2018

Sigue aumentando las cifras de muertos en el lugar de trabajo. 618 asesinatos por parte del capital respecto en el pasado 2017 en el Estado español. La naturaleza insaciable del sistema capitalista ha acentuado en esta década de crisis los múltiples tentáculos por los cuales arrebata diariamente la vida a la clase trabajadora.

Falta de equipamiento de seguridad en los puestos de trabajo, aumento del estrés durante la jornada, rebaja de los controles de calidad en la maquinaria, mayor presión patronal, jornadas laborales maratonianas, pluriempleos para “alcanzar” un sueldo, son solo algunas de las situaciones con las que lidian millones de trabajadores cada día.

Un sinfín de factores que degradan nuestras condiciones de trabajo que la patronal, con la ayuda del Gobierno y el beneplácito de las direcciones sindicales de CCOO y UGT, han conseguido imponer a millones de trabajadores y trabajadoras.

La cifra de asesinados por el capital, hecha pública por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social tan solo contabiliza a los trabajadores registrados. Qué duda cabe que si esta cifra tuviera que reflejar las muertes que se dan en los trabajos más precarios, aquellos que sutilmente la economía burguesa define como “economía sumergida” y que en el Estado español se contabilizan cerca de un millón realizados especialmente por mujeres, inmigrantes y jóvenes, esta cifra de 618 trabajadores muertos quedaría tristemente corta.

El actual sistema nos arroja a una vida de esclavitud asalariada cada vez más descarnada. De los 618 trabajadores muertos, 208 de ellos murieron en los puestos de trabajo producto de un infarto o un derrame cerebral. Estas dos causas, consecuencia directa de los niveles de precariedad y explotación que ha alcanzado el mercado laboral en el Estado español, son hoy la principal causa de muerte en el lugar de trabajo.

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A pesar de ser la causa de prácticamente el tercio de las muertes registradas, el infarto o derrame cerebral siguen sin patologías reconocidas como enfermedad profesional producto de las condiciones laborales.

Que la crisis la paguen ellos

Quizá algún despistado piense que el titular está pasado de moda. Nada más lejos de la realidad. Si bien los datos macroeconómicos aportar números en verde, la realidad a pie de calle es que el crecimiento de empleo ha sido básicamente por la reinserción de parte de los millones de despedidos entre el período 2008 – 2014 y a costa de ocupar hoy en día puestos cada vez más precarios.

Además a estas medidas hay que sumar la voluntad de Gobierno y patronal de aumentar la edad de jubilación, lo que seguro significará más enfermedades por razones laborales y muertos en el lugar de trabajo.

El paro se sigue manteniendo por encima del 17% y los niveles de desigualdad siguen aumentando hasta tal punto que Bruselas ha definido la situación en el Estado español como “crítica”.

Es por esto que ninguna “recuperación” en el Estado español pasa por la mejora de las condiciones de vida de la gran mayoría. Más bien todo lo contrario, pasa por mayores niveles de explotación con el objetivo de aumentar la ganancia que extraen de nuestra fuerza de trabajo.

Así lo ha garantizado el Régimen del 78 desde sus inicios. Es cierto que las reformas laborales de PSOE y PP vinieron para profundizar aún más el ataque a la clase trabajadora, pero no es menos cierto que desde los años 80 se han llevado adelante reestructuraciones que dejaron a casi 5 millones de trabajadores en paro, la implementación de las agencias de trabajo temporal y las sucesivas reformas laborales.

Para hacer frente a esta situación es necesario que los trabajadores levanten un programa de lucha que pelee contra los despidos, contra el trabajo precario, contra la externalización en los centros de trabajo.

Un programa que además ponga sobre la mesa medidas que toquen las ganancias que los capitalistas obtienen de explotarnos, como el reparto de horas de trabajo sin rebaja salarial, que además iría a solventar el paro estructural que sufrimos criminalmente la clase trabajadora en el Estado español y es usado por los capitalistas como arma arrojadiza contra el salario.

Para pelear por él es imprescindible unir contra el gobierno y la patronal a los trabajadores sindicalizados, no sindicalizados, nativos y extranjeros, mujeres y jóvenes en un gran frente único de lucha, algo que las direcciones sindicales de CCOO y UGT ya han demostrado por activa y por pasiva que no están dispuestas a hacer por miedo a ser sobrepasadas.