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Red Internacional
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Nacional. El caso Almonacid no quedó impune, pero no se condenó a todos los policías acusados

La incansable lucha durante cuatro años de la familia y la movilización popular logró condenar por torturas a uno de los policías y por vejaciones a otros dos.

Iván Marín Trabajador de prensa de diario El Chubut

Sábado 23 de abril de 2016 12:07

Chubut: entrevista a Pochi Almonacid y su familia antes del veredicto - YouTube

Alrededor de la una de la tarde el tribunal conformado por los jueces Marcelo Nieto Di Biase, Fabio Monti y Laura Servent dio inicio a la lectura del veredicto por el cual se acusaba a cinco policías de haber abusado sexualmente, torturado y vejado a Maximiliano “Pochi” Almonacid en la Comisaría Segunda de Trelew en el año 2012.

En un fallo unánime el tribunal dispuso condenar a Aníbal Muñoz por el delito de tortura en concurso real con vejaciones en carácter de coautor, y absolver a CarlosTreuquil de la acusación por torturas. Mientras que a Carlos Pato y al propio Treuquil los condena por el delito de vejaciones en carácter de coautores. Héctor Ortiz y Sergio Castillo fueron absueltos.

Recordemos que este el segundo juicio en la causa, ya que en el 2013 los jueces Ivana González, Adrián Barrios y Rubén Arguiano habían absueltos a estos cincos policías. Anteriormente en tres juicios abreviados, los policías Mario Bevacqua y Elvio Jesús Carballo, y el médico policial Fernando Zaghis se habían declarado culpables de los delitos que se le imputaban.

Durante la lectura del veredicto a cargo del juez Fabio Monti, se reconoció que fue clave el valiente testimonio que dio durante casi cuatro horas Pochi. El martes a las ocho y treinta de la mañana se conocerá qué penas recaerá sobre los acusados. En el caso de Muñoz rondaría entre los ocho y treinta y cinco años de prisión, por lo cual la fiscalía a cargo de María Tolomei y el abogado por la querella Germán Kexel solicitaron prisión efectiva inmediata para el condenado. A los otros dos acusados les cabrían penas entre tres y cinco años.

Mientras se desarrollaba la audiencia, en el sexto piso de tribunales más de cincuenta personas convocadas por la Comisión contra la Impunidad y por la Justicia en Chubut, entre ellos militantes de organizaciones sociales como el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), se hicieron presentes a brindar su apoyo a la familia. Tras el veredicto hubo festejos, aunque los familiares fueron cautos al reconocer que no estaban totalmente conformes con el fallo ya que dejaba a dos policías absueltos por los cargos de vejación y en particular por la absolución a Treuquil, quien estuvo presente en el cuarto mientras violaban a Pochi en la comisaría.

Un día antes el propio Pochi, en una entrevista exclusiva que volvemos a compartir, había adelantado que más allá de la decisión del tribunal nada va a borrar lo que le hicieron. En este sentido obviamente es difícil, por no decir imposible, hablar de justicia. Menos aun si tenemos en cuenta que en este caso se asesinó a Bruno Rodríguez Monsalvez, testigo protegido de la causa, y aun se encuentra desaparecido César Monsalvez, sobrino de Bruno.

Como sucedió con el caso Antillanca, durante las distintas audiencias del juicio se observó con claridad quirúrgica la complicidad de todo el aparato policial para encubrir sus crímenes. Debieron pasar más de cuatro años de lucha para que el caso no quedara impune. Pues toda la institución se encargó minuciosamente no solo de salir a intentar “ensuciar” a la víctima y familiares, sino principalmente de encubrir con distintas maniobras todo rastro de pruebas en la causa. Obviamente, ello con la venia del poder político y judicial de la provincia. Por eso algunas agrupaciones de derechos humanos y de víctimas de la violencia policial plantean que en lo que hace a la policía no se trata de “manzanas podridas”, ni que hay policías buenos y policías malos, sino que es toda la institución la que tiene por misión objetiva reprimir, desaparecer, criminalizar la pobreza, infiltrar a las organizaciones que luchan, y cuando todo eso no alcanza, torturar y asesinar. Desde el que está más abajo en la jerarquía hasta el comisario de mayor rango, desde el que coloca el sello en una comisaría hasta el que gatilla en los barrios contra los pibes. Como diría la canción: atención, atención; no es un policía, es toda la institución.