El estancamiento electoral de Scioli, Macri y Massa. La economía agotada en tiempos de turbulencias globales. La agonía de las distintas tonalidades del progresismo y la izquierda clasista que se instala en la escena nacional.

Fernando Rosso @RossoFer
Jueves 3 de septiembre de 2015
A poco más de tres semanas de las PASO, ninguno de los tres candidatos principales mueve el amperímetro de su posicionamiento hacia octubre. Los resultados del escrutinio definitivo no ofrecieron mayores cambios de los que arrojó el provisorio.
En la síntesis de los sondeos de opinión que se conocieron por estos días, la película que comenzó a rodarse hacia las elecciones generales se mantiene más o menos igual que la foto del 9A.
Daniel Scioli no produjo, por ahora, el llamado “efecto arrastre” que generalmente logran quienes salen primero.
Atravesó dos semanas complicadas que comenzaron con las inundaciones y su “escapadita” a Italia, con la torpeza adicional de una batalla cultural virtual contra… los tuiteros. Luego se continuó con el confuso crimen de Ariel Velázquez en Jujuy.
Y más recientemente, irrumpió la crisis política en el jardín primitivo de la república, por los contornos bochornosos del régimen feudal con fachada democrática que reina en Tucumán. Scioli se jugaba a levantar la mano de Manzur, un “sciolista puro”, y tuvo que ocultarse del escándalo.
José Alperovich, el gobernador saliente, ayudó a oscurecer aclarando que “en la capital, donde vota el 40% de los electores, hemos perdido, y también de ambos lados se habrán entregado bolsones y se ha perdido”.
No sólo existen las falsas igualaciones que residen en la naturaleza de esta democracia, sino que hay que soportar la degradación extrema con la manipulación de las necesidades elementales que subsisten después de 12 años de “modelo de inclusión social”.
Todo el aquelarre se coronó con una represión salvaje que provocó el rechazo de gran parte de la población del país.
Pero además, políticamente, Scioli sufre las consecuencias del equilibrio inestable de su coalición. El kirchnerismo lo castiga si percibe que puede lograr performances que habiliten cierta “autonomía” y lo apuntala cuando corre el riesgo de la derrota. Es el “fuego amigo” que el kirchnerismo utiliza para justificar su existencia y garantizar su supervivencia fuera del gobierno. Como no tuvo la “fuerza propia” (Sandra Russo, ay!) para imponer un candidato del riñón, se dedica a administrar las debilidades de Scioli. La unidad “ferviente” que se muestra por estos días y que se manifestó en el enfático apoyo de Cristina Fernández a la fórmula en el evento por el Día de la Industria, expresa el riesgoso estancamiento electoral.
Entre las excepciones a las malas noticias que da la economía diariamente, un informe reciente afirmó que en julio aumentó el consumo por los aumentos salariales, de las jubilaciones y los planes sociales. Esta leve mejora se sintió en el mes previo a las PASO y sin embargo Scioli no alcanzó el 40%. Es decir, toda la artillería que está usando el gobierno incentivando el consumo no permitió asegurar la victoria en primera vuelta.
Pero Macri tampoco levantó sus intenciones de voto más allá de retener los de quienes compitieron con él en las PASO, como parte de la coalición Cambiemos (Sanz y Carrió).
La falta de penetración en los sectores populares de la Argentina profunda, como el Norte o los distritos más pobres del conurbano, lo mantuvo en el mismo lugar y lo llevó a un zig-zag en su discurso político. Esta ubicación puede empujarlo a sufrir el mismo efecto que el tigrense: para continuidad con cambios (o viceversa) ya está Scioli.
Los giros en los relatos llevaron hasta el extremo las similitudes de los tres candidatos del establishment.
La ventaja para Scioli puede residir en la inercia que derivó en las victorias de los oficialismos que detentan el poder del Estado en la mayoría de las elecciones locales. Mejor malo conocido, que parecido por conocer.
El escenario conduce a una situación paradójica: un candidato que evidencia un oficialismo en retroceso y que no “enamora” y una oposición que compite por parecérsele lo más posible.
Progresismo en agonía
En el año 2011, Cristina Fernández triunfaba con el 54% como jefa de una coalición que contenía al peronismo tradicional como principal pilar y a una tendencia de centroizquierda para la “atención al público”.
El segundo lugar lo ocupaba Hermes Binner, con poco más del 16% de los votos. Esa cosecha, pobre para un representante del “socialismo de estado sojero”, hoy es un sueño dorado para los restos del progresismo “socialdemócrata” que representa Margarita Stolbizer.
Los años kirchneristas no eliminaron ni la pobreza, ni menos aún la precarización laboral o los problemas estructurales del país semicolonial; pero hay algo que liquidaron o pusieron en grave crisis: el progresismo.
Hoy sólo quedan restos dispersos de la utopía de transformar al país en un “sentido progresista, popular, igualitario”, de la mano de la Sociedad Rural y la oposición “republicana”; o del más rancio peronismo “feudal” o “mazorquero”.
A la izquierda de los principales candidatos corridos hacia el centro y hacia la derecha, se liquidaron las mediaciones políticas progresistas “republicanas” y se anularon las “nacionales y populares”; mientras se desarrolla el Frente de Izquierda como polo político clasista.
El kirchnerismo “puro” amenaza con ocupar ese lugar en el futuro, ante posibles giros bruscos a la derecha. El lastre con el que carga para intentar ubicarse en esa posición lo manifiesta el hecho de que hoy son quienes están engendrando al sciolismo. En otras palabras, serán los padres de la criatura.
El triste y solitario final de Carlos “Chacho” Álvarez, quien junto con el FREPASO fue el ariete para que un representante de la fracción más conservadora del radicalismo llegara al poder, es un espejo en el que deberían mirarse quienes hoy ofician de trampolín para que un representante de la fracción más conservadora del peronismo pueda ocupar el sillón de Rivadavia. Acompañado por el peronismo feudal en las gobernaciones. Será difícil resistir un archivo, y en el presente están produciendo una catarata de indignos archivos para maquillar a su candidato. Un TVR “nueva época” vendrá y tendrá los ojos de Scioli.
Las turbulencias globales y el consenso del ajuste
Más allá de los vaivenes de la coyuntura, la economía mundial sigue dando señales negativas. Brasil atraviesa la mayor recesión de los últimos veinticinco años. Ese país recibe el 20% de las exportaciones argentinas (y el 50% de las industriales). Pero además de la caída de la actividad, hay que destacar la fuerte devaluación de su moneda.
Esto mismo está sucediendo en toda la región. La Cepal y el FMI estiman un crecimiento de apenas 0,5% promedio para las economías latinoamericanas en 2015.
China, el gigante asiático (que es, además, uno de los principales socios comerciales de Brasil) crecerá en 2015 a la tasa más baja de las últimas décadas. Eso también explica, junto al fortalecimiento global del dólar, la tendencia bajista de los precios de las commodities. El nuevo escenario global golpea a las exportaciones argentinas a dos bandas: por cantidades y por precios.
El fortalecimiento en estos días del cepo al “dólar ahorro” no es más que la manifestación en la coyuntura de estos problemas generales. Además de una medida que busca garantizar los dólares para el pago de deuda de los vencimientos de octubre que se llevarán 6.300 millones de dólares de las debilitadas reservas del Banco Central.
En estos factores combinados de agotamiento interno y crisis internacional, están las bases estructurales del consenso en pro de un ajuste que tienen los candidatos de los empresarios.
La única “ventaja” a la que apuestan es al bajo nivel de endeudamiento, no en términos de masa (que aumentó), sino en su relación con el PBI. Pero la eventual llegada de dólares tampoco está garantizada en el escenario internacional y en todo caso sólo serán útiles para lubricar el ajuste.
Miguel Bein, el asesor estrella de Scioli, que pertenece al ala “gradualista” de los ajustadores, es optimista y declara a los cuatro vientos que un eventual gobierno de su candidato logrará atraer divisas. Lo que no dice en voz tan alta es que la propuesta de su plan incluye planchar los salarios y aumentar las tarifas (para bajar los subsidios).
Las suspensiones en varias fábricas de la industria automotriz y la amenaza de un nuevo cierre de Paraná Metal, adelantan el escenario futuro.
Izquierda con clase
En un sugerente reportaje reciente, el politólogo Marcelo Leiras planteó algunas reflexiones sobre el progresismo, el peronismo, la izquierda en general y el FIT en particular:
“Igual me parece que hay una experiencia de izquierda clasista post ’83 muy interesante, que no forman parte de nuestra imaginación, porque creíamos que no teníamos una izquierda clasista posta, porque creíamos que era urbana, intelectual, cero obrera. Y creo que desde los ’90 tenemos una izquierda clasista con fuerte inserción en sectores populares desocupados, con inserción obrera bastante razonable (…), afirmó Leiras.
Y luego explicó: “tiene un recambio generacional reciente con pibes que caminan muy bien como Myriam Bregman o Nicolás del Caño. Y hay mucha izquierda sindical fuerte que no son actores menores”.
Es un dato sintomático que en los ambientes recoletos de la politología argentina se empiece a divisar tardíamente la existencia de una experiencia clasista que se desarrolla desde hace más de 30 años! Experiencias de las cuales el FIT es hoy una continuidad y una superación dialéctica. Pero además, se reconoce un anclaje con vitalidad en el sindicalismo y la vanguardia de la clase obrera.
Esto vuelve a evidenciar lo groseramente erróneo de las “acusaciones” ofuscadas que pretenden comparar al FIT con la coalición española PODEMOS u otras similares. La inserción en el sindicalismo clasista, la combatividad de quienes la “caminan muy bien”, son características de la corriente que encabeza Nicolás del Caño y que pos-PASO tomó el liderazgo del FIT. Analistas apartados de la experiencia de la izquierda son más agudos que ciertos izquierdistas cegados por una derrota táctica en las elecciones.
El FIT tiene varios afluentes de apoyo político. Entre ellos, los sectores desencantados de los progresismos y los que rechazan el avasallamiento a sus derechos democráticos. Estos tomaron como propias demandas democrático radicales, como la que plantea que todo funcionario o legislador cobre como una maestra.
El FIT también recibe respaldo entre sectores de trabajadores sindicalizados y de la juventud estudiantil que pierden conquistas con el agotamiento económico. Pero además, Del Caño logró interpelar con su impronta a los más perdedores de la “década ganada”: la gran masa de trabajadores precarios y entre ellos especialmente los jóvenes.
El escenario político donde los candidatos principales comparten la agenda -lo que obstaculiza instalar la polarización-; la debacle del progresismo y la experiencia de sectores avanzados de los trabajadores y la juventud, auguran la continuidad del crecimiento y la consolidación nacional del FIT hacia octubre, para preparar un bloque social y político de resistencia al ajuste.

Fernando Rosso
Periodista. Editor y columnista político en La Izquierda Diario. Colabora en revistas y publicaciones nacionales con artículos sobre la realidad política y social. Conduce el programa radial “El Círculo Rojo” que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos 89.9.