El desempleo estructural que afecta a millones de personas se mantiene producto de las políticas conjuntas de la patronal, los distintos gobiernos y las burocracias sindicales. La reducción de la jornada laboral, sin reducción del salario, apunta contra esta calamidad.
Alex León @A10Leon
Viernes 5 de febrero de 2021
Productividad, producción y horas de trabajo
Una considerable reducción de la jornada laboral implica un aumento del empleo siempre que se pretenda mantener las horas trabajadas para mantener la producción. La reducción del tiempo de trabajo, por lo tanto, permitiría que todos los trabajadores (ocupados y parados) puedan trabajar.
El desempleo en el estado español nunca ha bajado del 8% (en 2007), mientras que la media está alrededor del 14% de parados. También, los menores de 30 años salen mal en cuanto a desempleo, superando el 50% en algunos momentos en diferentes comunidades autónomas.
En el estado español, aún con ciertos derechos laborales en comparación con otros países, las patronales siguen teniendo formas de mantener su posición de fuerza a través de un alto desempleo y de la precarización del trabajo, ayudados por las reformas laborales de los diferentes gobiernos del PSOE y del PP, y sus actuales cómplices Podemos e Izquierda Unida. Esto es lo que comúnmente se conoce como desempleo estructural.
En el debate social desde los años 80 se han manejado diferentes fórmulas, bien plantear la jornada de 4 días y 8 horas que serían un total de 32 horas trabajadas, o incluso la reducción de horas, pero manteniendo los 5 días a la semana, bien bajando a 35 horas semanas o a 30 horas.
Estas demandas estaban en los programas del PCE, CCOO y UGT en los años 90, pero su valentía ha mermado, renunciando por completo a proponer estas medidas en las actuales reuniones entre los sindicatos, el gobierno y patronal. La apertura del debate se ha producido por una enmienda a los presupuestos generales por parte de Mas País, que ahora que ha quedado en la oposición plantea medidas más audaces que cuando buscaba un pacto con el PSOE, aunque lo sigue haciendo en clave productivista.
Reparto del trabajo asalariado y reproductivo
Para reducir el desempleo y mejorar la vida de la mayoría social la mejor arma que tenemos es luchar por repartir el trabajo, pero no solo el trabajo asalariado sino también el trabajo reproductivo: los cuidados familiares, las labores del hogar, pensar una alimentación equilibrada, economía doméstica, etc.
Debemos plantear una reducción de la jornada laboral sin reducción de salario, medidas de conciliación para repartir trabajo reproductivo y combinarlo con otras medidas, no solo para combatir el desempleo, sino para mejorar nuestro desarrollo como personas y que entonces no sea una frase vacía la idea de poner nuestra vida en el centro.
Hay margen suficiente para que disminuyendo la jornada laboral a 30 o 32 horas, junto a otras medidas regulatorias del empleo para terminar con la temporalidad, las externalizaciones y la precariedad de contratos basura, puedan incorporarse una importante cantidad de desempleados al mercado laboral. Así, nuestro objetivo debe ser trabajar menos, para trabajar todxs, para vivir mejor. Pero también debemos pensarlo como medida estratégica, porque bajo un régimen que se acerque más al pleno empleo la posibilidad de lucha de la clase trabajadora será mayor y el despido perdería su fuerza como medida disciplinaria y de coerción social. Las huelgas por mejoras laborales serían más efectivas y la capacidad de crear otra relación de fuerzas sería elevada.
Vemos necesario para el avance de la clase trabajadora luchar por el reparto de trabajo a través de la reducción de la jornada laboral sin pérdida de salario, pero esto no estará encima de la mesa del “diálogo social” en la próxima reforma laboral que quiere negociar el gobierno con las patronales. Solo mediante un plan de lucha unitario, combativo, autoorganizado y sostenido en el tiempo lo podremos imponer.
Historia de la lucha por la reducción de la jornada laboral
Desde los orígenes del capitalismo como sistema económico y social, la explotación asalariada de los trabajadores por la patronal, se ha basado en la búsqueda de extraer cada vez más lo que Marx llamaba “plusvalía absoluta” para aumentar sus ganancias De aquí nacieron las largas jornadas de trabajo que se imponían a hombres, mujeres e incluso niños en las fábricas. Y eso no ha dejado de provocar resistencia y luchas.
Desde el socialista utópico Robert Owen, que en 1810, difundió sus ideas de la calidad de vida que debería tener un trabajador con el lema “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo y ocho de descanso” hasta la huelga de La Canadiense que tras 44 días de paro consiguieron reducir la jornada a 8 horas al día y 6 días a la semana, pasando por la revuelta de Haymarket ya que no se respetaba la ley de la jornada de trabajo de 8 horas, los conflictos por la jornada laboral han sido unos de los principales motores de la movilización de la clase trabajadora.
Se trata de una lucha entre burguesía y proletariado en la que los trabajadores tratan de luchar contra este robo de su trabajo. Tratan de luchar para no dejarse la vida en el trabajo, al mismo tiempo que cuestionan la base del sistema capitalista, el robo de la fuerza de trabajo ajena.
La burguesía siempre trata de obtener el máximo beneficio de la explotación.
El desarrollo de la propiedad privada capitalista obliga al trabajador a vender su fuerza de trabajo para subsistir, ya que de otra forma no podría pagar un alquiler, ni comprar comida y otros productos básicos.
Esto ocurre por algo que Karl Marx desveló como esencia del capitalismo hace algo más de 150 años. La teoría desarrollada por Marx explica el modo de producción capitalista como un sistema de explotación donde los capitalistas sacan provecho del trabajo de la mayoría asalariada. Para entender sencillamente el concepto podemos decir que el patrón, no le paga al obrero el equivalente al valor de lo que produce durante su jornada, sino que le paga un salario mínimo, suficiente para que sobreviva y regrese a trabajar al día siguiente. Pero el trabajo del obrero produce mucho más valor durante esa jornada de trabajo, y por lo tanto el capitalista se apropia de mucho más de lo que paga y esto es la plusvalía.
En la relación de explotación, la burguesía siempre tiende a obtener la mayor plusvalía posible. Por eso, siempre la tendencia general es hacer trabajar más horas por menos salario.
Te puede interesar: [Campus virtual] Curso de El capital de Karl Marx
Al mismo tiempo, los grandes medios de comunicación pertenecientes a la burguesía son los que han cuidado de sus intereses como creadores de opinión en favor de los intereses capitalistas. Un trabajo realizado junto a otras instituciones como las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Todas estas instituciones son las encargadas de defender el núcleo central en el que se basa la sociedad capitalista: la propiedad privada y el trabajo asalariado.
¿Cómo influiría la semana laboral de 4 días en las pensiones y prestaciones? ✂️
✍️Por @GonzaloDiaz37 https://t.co/7C8ppkmIIv
— elEconomista.es (@elEconomistaes) February 4, 2021