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Red Internacional
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REPRESION MADRID. El desalojo de CSOA La Morada, gentrificación y represión en Madrid

El desalojo de La morada, en el barrio madrileño de Chamberí, reabre el debate sobre la política represiva hacia las iniciativas sociales y culturales alternativas en Madrid.

Clara Mallo Madrid | @ClaraMallo

Sábado 23 de abril de 2016

La Policía Nacional entró en la CSOA a las 6.30 horas de la mañana y detuvo a 32 personas acusadas de resistencia, desobediencia y usurpación, en un nuevo intento de desalojar este espacio social y cultural alternativo.

Desde el 15M vivimos los que algunos definen como una segunda época del movimiento okupa en el Estado español. En los últimos años se ha incrementado el número de los CSOA en los que el espíritu del 15M aparece en la organización, gestión y día a día de estos centros, donde participan sectores que tradicionalmente no habían participado del movimiento okupa. Integrando la participación variados movimientos sociales, algunos CSOA suponen hoy puntos de encuentro y referencia de movimientos, grupos políticos y vecinales. La morada, Maravillas, EKO de Carabanchel o La quimera, sólo en Madrid, son espacios conocidos por todos.

En el último periodo, en el marco de la crisis económica que sufrimos los trabajadores y trabajadoras del Estado español, además de ampliar su carácter político sumando a nuevos sectores, la okupación ha recuperado otras cuestiones. La reivindicación del derecho a la vivienda, y la construcción de espacios comunitarios. Ambos graves problemas que hoy se sufren en todas las ciudades.

Ante esta realidad la respuesta por parte de los poderes políticos y económicos busca ser contundente. Un "movimiento okupa" cuyos espacios se convierten en puntos de encuentro y en ocasiones articuladores de movimientos sociales y vecinales, dejando de ser espacios aislados y cerrados a la vida política de las ciudades, ha generado que en los últimos años muchos de estos CSOA hayan sufrido desalojos, y un fuerte hostigamiento y represión por parte de las administraciones locales y de los cuerpos policiales. Pero precisamente por cómo se han articulado algunos de estos espacios en los barrios, en las ciudades, en la izquierda, la respuesta ante estas agresiones también ha sido enorme -como ha ocurrido esta misma semana con La morada o ya ocurrió con el Patio Maravillas o Can Vies en Barcelona-, teniendo una fuerte respuesta social.

El problema de la vivienda digna, los millonarios planes urbanos corruptos, la falta de espacios de encuentro para vecinos y organizaciones, la represión en los barrios más pobres, y, en definitiva, las grandes mutaciones urbanas al servicio del capital que en pro del negocio expulsan, aíslan y despojan de servicios y espacios propios a ciertos sectores en favor del negocio inmobiliario han llevado a que se genere esta respuesta.

Una situación que viven las ciudades y a la que no son ajenos los sectores más populares y los trabajadores más empobrecidos que las habitan. La gentrificación no es un fenómeno nuevo, pero si cada vez más intenso.

Una cuestión de clase

Gentry es un término que en inglés hace referencia a la alta burguesía, y gentrificación hace alusión al aburguesamiento o elitización del espacio urbano como fenómeno. Un término relativamente nuevo en castellano pero que en lugares donde el neoliberalismo se ha desarrollado de manera más concentrada como Londres, Nueva York o París, ya se se viene debatiendo desde hace tiempo.

Desde que comienzan a configurarse con el desarrollo del capitalismo las primeras ciudades modernas como hoy las entendemos, estas han sido planificadas e ideadas intentando dar respuesta a tres procesos relacionados entre sí: la industrialización como tecnología de la producción, al capitalismo como marco de gestión, distribución y redistribución de la misma y la necesidad de control de una población asalariada y pobre en constante aumento en el espacio urbano. A su vez, los capitalistas tratan de centrar la actividad económica en sectores relacionados directamente con el mercado inmobiliario como son el ocio o el turismo, mercados explorados en momentos en los que otros sectores entran en crisis.

EL control y represión que se ejerce sobre los sectores más pobres que habitan estos espacios y que se convierten en un obstáculo para el desarrollo del capital va en aumento. El ansia cada vez mayor de ganancia y el miedo a que se construyan resistencias hace que espacios como La morada sean incómodos. Más aún cuando favorecen la articulación de una resistencia contra el propio capital.
Por todo esto, y mucho más, el compromiso en la defensa de estos espacios, contra la represión y el avance del capital, es fundamental.