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Red Internacional
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Sociedad. El día de los enamorados y sus bombones al capitalismo.

El día de San Valentín a simple vista muestra un paisaje lleno de amor y regalos, pero esconde tras él la afirmación del amor romántico como el único amor posible. El 14 de febrero no es sólo un día comercial del “amor” sino también una reafirmación ideológica y cultural de cómo comprender y vivir las relaciones sexo afectivas en el sistema capitalista.

Rafaella Ruilova

Rafaella Ruilova Licenciada en historia y militante de Pan y Rosas

Miércoles 18 de febrero de 2015

Ya han pasado varias horas de la celebración del día de los enamorados. Con él quedó atrás el bombardeo de propaganda, comerciales y promociones sobre esta fecha donde románticamente se tiñen las tardes veraniegas de parejas paseando de la mano. Pero esa es sólo la cara maquillada por el boom comercial (debido a beneficios económicos) y por el ideal del amor “romántico”, ese eterno, único y para toda la vida. La otra cara, que es la expresión más miserable del sentimiento de posesión del amor “romántico”, es un femicidio: ya van seis en lo que va en el año, uno de ellos cometido el mismo 14 en la localidad de Paine.

Para especificar, esta columna no se trata de una cruzada en contra del amor, todo lo contrario, intenta dar cuenta que el amor “romántico”, que es el que se resalta y el motivo de celebración de esta fecha, es la expresión y reproducción de las relaciones sexo afectivas dominantes en el sistema capitalista. Y es que hay una relación recíproca de conveniencia. El sistema económico moldea las relaciones sociales, y para mantener el statu quo requiere instalar determinadas concepciones de lo “normal” en las relaciones, que por un lado sean un sostén económico y por otro un reproductor cultural e ideológico de su sistema, aunque sea todo en base a una gran hipocresía.

La o el lector podrían increparme y decirme: ¿Cómo así? Entonces, me estás diciendo que por amar a mi pareja de una manera profunda y pasional, por sentir que no puedo vivir sin esa persona, y por sentir que es el amor de mi vida, soy un reproductor de la ideología del sistema que me mantienen sometido a las peores condiciones laborales. Tal vez la respuesta suena fuerte, pero en parte es así, porque ese sentimiento pasional se basa en el principio fundamental del sistema capitalista: la propiedad privada. Aunque es preciso aclarar, no es lo mismo ser un reproductor de la ideología, que un defensor y militante de ella; el primero puede suceder por aprendizajes culturales de generaciones, ignorancia, hasta que se llega al grado de consciencia para combatirlo, el segundo es quien levanta, defiende, difunde y propaga.

Lo “normal” son las relaciones monogámicas, heterosexuales, los celos, el sentido de pertenencia, la violencia física y psicológica (muchas veces naturalizada) dentro de una relación. Y esa norma está defendida y avalada por la burguesía, la iglesia y los partidos políticos patronales, aunque hipócritamente solo muestran ese ideal irreal que nubla las verdaderas consecuencias y la realidad cotidiana. Así nos llenan de princesas, de príncipes azules y el amor eterno.

El amor “romántico” es en una simplificación, pero es lo más cercano al amor de pertenencia. Todo lo contrario a lo que lucharon por lograr las y los revolucionarios rusos, un amor basado en la unión libre guiada por la atracción sexual y la afectividad, como decía la bolchevique Alejandra Kollontai “estas nuevas relaciones asegurarán a la humanidad todos los goces del llamado amor libre, ennoblecido por una verdadera igualdad social entre compañeros, goces que son desconocidos en la sociedad comercial del régimen capitalista”

Donde dieron una lucha férrea por liberar a las mujeres de la esclavitud doméstica por medio de la sociabilización con grande comedores, lavanderías, para que las labores domésticas ya no fueran una tarea “natural” de las mujeres que las relegaba al ámbito de lo privado, sino que fuera un trabajo remunerado realizado por hombre y mujeres. Se permitió el derecho al divorcio, lo que en chile ocurrió recién el 2004. Se separó efectivamente la iglesia del Estado, lo que queda claro que en este país heredado de la dictadura aún no ocurre: basta con ver el peso que tiene la iglesia y su moral en el debate del aborto.

Tanto el amor “romántico” como la heterosexualidad obligatoria, es decir la heteronorma, son parte de los cánones ideológicos y culturales que nos han impuesto durante muchos años quienes nos someten a una vida de explotación y opresión. Es necesario desarrollar la cultura y la ideología de las y los oprimidos y explotados, para eso tenemos que terminar con todo vestigio de estas formas de relacionarse, y eso sólo se logrará a través de una transformación profunda de la estructura económica, política y social. Entonces, solo se logrará volviendo a levantar las banderas y los grandes desafíos que se plantearon las y los revolucionarios rusos.