En las últimas semanas se ha intensificado en los medios de comunicación nacionales la batalla de deberes si o deberes no.

Juan Romero Madrid | @jromelasco
Viernes 11 de noviembre de 2016
Más allá de este debate, donde parece que el único problema de la educación está en los deberes, no debemos olvidar que esto solo es una tupida cortina de humo para esconder problemas estructurales mucho más importantes, donde el tema de la tarea para casa, es solo un detalle y en parte un resultado del actual modelo educativo que vivimos.
Esta práctica de correr un espeso velo ante los problemas estructurales acuciantes, es muy común. Por ejemplo, hace unos días la CGT, emitía un comunicado del sector del transporte de viajeros por ferrocarril, donde denunciaba que hay graves problemas que no se solucionan y sin embargo se publica a bombo y platillo el hecho de conseguir una conectividad wifi en toda la línea. Es decir, los problemas realmente importantes, se están escondiendo bajo la alfombra, mientras a los parciales se les da publicidad, para distraer a la opinión pública.
En el tema de los deberes, tenemos un problema de desconocimiento del funcionamiento reglado y actual de la docencia, donde la comunidad educativa confunde la escuela con las actividades extraescolares. En la actual sociedad en que vivimos, con horarios laborales incompatibles con la conciliación familiar, se obliga a los estudiantes a realizar actividades extraescolares todo el día, siendo equivalentes con las horas de trabajo y ausencia de sus padres. Esto hace que se pasen fuera de su casa 12 horas y regresen agotados. Los deberes que se mandan en los colegios, obvian las actividades extraescolares y están pensados para ser realizados durante ese tiempo en que ocupan dichas actividades. Desde siempre, a algunos profesores solo les ha importado su asignatura y no han tenido en cuenta el resto de asignaturas y actividades que tienen sus alumnos a la hora de asignarles tarea.
Por otro lado, debemos fijarnos también en los deberes. Hace poco revisando un libro de CC. Sociales, comprobé que había varios ejercicios que no tenían mayor objetivo que hacer perder el tiempo al estudiante. Es decir, no aportaba nada en la asimilación de conceptos, sino que el objeto de la actividad era mantener ocupado al estudiantado.
Entonces, ¿si hay actividades que no aportan nada? ¿Qué sentido tienen?
Actualmente gran parte de trabajo docente, es un trabajo muy burocrático. Las programaciones vienen dadas por el Ministerio de Educación y se siguen al pie de la letra, al menos sobre el papel. Es decir, se cumplimentan unos cuadernos por curso y asignatura, donde se especifica lo que se va a impartir, como lo vas a realizar y que esperas conseguir. Además, luego hay que escribir si has llegado a los resultados esperados. Como esto es solo burocracia, normalmente se indica que se ha llegado a los resultados esperados, aunque sea falso. Esta burocracia insulsa, ocupa mucho tiempo, y para conseguir ese tiempo, los libros aportan estos deberes inútiles.
¿De quién es la culpa?
Evidentemente, si hay que buscar culpables, estos son el modelo educativo y el Ministerio de Educación, que ordenan seguir al pie de la letra modelos pedagógicos, más centrados en el ordenamiento y sistematización de practicas burocráticas, que en mejorar el aprendizaje del alumnado.
Los docentes, más allá de las excepciones particulares que pueda haber, no somos sujetos que experimentemos placer en mandar actividades y actividades para casa. Sobre todo, porque esa tarea luego hay que corregirla y eso quita mucho tiempo que deberíamos utilizar en impartir clase.
En cualquier caso, considero que la tarea para casa, permite repasar la lección, refrescar la cabeza e incluso aporta al docente la confirmación o no sobre si los conocimientos han quedado claros.
Por otra parte, más allá de los condicionamientos laborales, deberíamos replantearnos si es adecuado tener a nuestros hijos con jornadas escolares muy extensas. De la misma forma, esto nos debería ayudar a reconocer que nuestras extenuantes jornadas laborales, no son normales y se deben combatir. El día en que la explotación dejemos de verla como algo natural, veremos que el verdadero enemigo no está en los docentes, ni en el compañero de trabajo, sino en nuestros jefes, la patronal y el Gobierno, que colaboran en nuestra explotación.