Conversamos con Bárbara Brito, actualmente candidata a la presidencia de la Fech (Federación de Estudiantes Universidad de Chile) por la lista Unidas para Vencer. Es también dirigenta del Partido de Trabajadores Revolucionarios y la agrupación Pan y Rosas.La situación política, el escenario del movimiento estudiantil, el fenómeno Sharp y la izquierda, el movimiento #NiUnaMenos y la lucha de las mujeres, fueron algunos de los temas que abordamos en la entrevista.
Domingo 6 de noviembre de 2016
La Izquierda Diario: ¿Cuál es tu visión del escenario político nacional al que se enfrentará el movimiento estudiantil?
En términos generales, me parece que el escenario político está sumamente abierto. El Gobierno de Bachelet pretendía desviar la impugnación al neoliberalismo que se venía desplegando en las calles con especial énfasis desde el 2011, pero fracasó. El descontento social continúa. Ahora está el movimiento contra las AFP, que sacó un millón de personas a la calle y la lucha contra la violencia machista, con la enorme marcha de 150.000 personas convocadas en torno al lema Ni Una Menos.
La crisis de los partidos que han sostenido el régimen posdictatorial es clara. Tanto el 65% de abstención en las municipales como la victoria de Sharp en Valparaíso son expresión de esa crisis. El “duopolio” –para tomar esta expresión- está perdiendo terreno. Pero hay que evitar caer en una visión ingenuamente facilista. No sólo porque el empresariado ha demostrado ser firme en la defensa de sus intereses como lo vimos en la oposición sistemática que desarrollaron ante cualquier reforma, por más mínima que hayan sido. La derecha, pese a todo, se siente triunfante luego de las elecciones municipales: recuperó comunas importantes como Providencia y Santiago. En esta última comuna, el alcalde electo ya dijo “liceo tomado, liceo desalojado”. Y esto en el contexto de un retroceso del movimiento estudiantil y de un importante desprestigio de nuestros métodos de lucha más recurrentes durante los últimos años: las marchas y las tomas; y con una Confech que no pudo responder a esa campaña de criminalización, y con la política de “incidencia” queda en la pasividad sin capacidad de iniciativa ni reafirmación como actor social y político, más bien va perdiendo aquello.
Por otro lado, si bien comienzan a instalarse en la escena nacional fuertes movimientos como NO+AFP o Ni Una Menos, no hay que perder de vista que trabajadores son despedidos en la minería o que continúa la represión al pueblo-nación mapuche. Y que figuras del orden como Piñera o Lagos levantan la cabeza. Por eso creo que el escenario político es fluido, transitorio. Hay tendencias contradictorias en juego y los resultados dependen de las peleas que se den. Y hay fuerzas para que estudiantes, mujeres y trabajadores podamos pelear por nuestras demandas. Y también hay un espacio para nuevos fenómenos políticos y la izquierda en particular.
En las últimas elecciones se profundiza la alta abstención y sobretodo en la juventud ¿qué crees expresan?
Es expresión de la crisis del régimen político posdictatorial. La abstención del 65% responde a muchas causas, pero sería un error ver en ella una muestra de fortaleza del movimiento de masas o el producto del llamado que hicieron algunas organizaciones a no votar. Ese 65% es producto mayormente de que amplios sectores no le ven mayor sentido a las alternativas tradicionales, es fruto del agotamiento del régimen político.
Pero eso es una cosa y otra distinta es hacer de la “no participación” electoral algo similar a un principio revolucionario, como hacen algunas corrientes que incluso impulsaron pequeñas tomas de liceos con el fin de instalar ese discurso. También de la abstención se puede derivar a la simple apatía y dispersión. No creo, como he escuchado estos días de algunas corrientes, que la abstención sea una victoria.
El anular o abstenerse, es algo que una tuvo que hacer, cuando no encontró candidaturas independientes del Gobierno y los empresarios y fuertemente arraigadas en el mundo de los trabajadores, el movimiento feminista y de mujeres y el movimiento estudiantil. Por eso, yo y la organización en la que milito, el Partido de Trabajadores Revolucionarios, llamamos a no votar o a anular, pero no porque veamos en aquello un signo de fortaleza, sino al revés, es porque vemos una debilidad: no existe una alternativa política revolucionaria anticapitalista, de los trabajadores, las mujeres y la juventud que pueda batallar también en el terreno electoral. Las grandes transformaciones, por supuesto, no se inscribirán en los marcos del Estado capitalista y su régimen, si fuese así no militaría en una organización revolucionaria. Pero la situación actual impone la batalla electoral y aun la clase obrera no puede darla con una política de independiente. En ese sentido creemos que puede resultar sumamente interesante analizar la experiencia del Frente de Izquierda y de los Trabajadores de Argentina, donde participa nuestra organización hermana, el Partido de Trabajadores Socialistas, y que impulsó unas 3.000 candidaturas obreras y la candidatura presidencial de Nicolás del Caño acompañado por Myriam Bregman. Esa experiencia expresa en el terreno político un trabajo largo y tortuoso en el movimiento obrero, en las comisiones internas, en importantes luchas obreras como Kraft o Donelley o Zanón, una lucha persistente de años.
¿El fenómeno de Sharp en Valparaíso es todo un hecho político también, no?
Sí, constituye uno de los nuevos fenómenos políticos que empiezan a emerger con la crisis de los partidos tradicionales, y en este caso en particular de la Nueva Mayoria y un espacio dejado por el PC. En este caso existe un movimiento en torno al electo alcalde en Valparaíso. Aunque en relación a la alta abstención, el número de electores de Sharp sea reducido, no hay que perder de vista que le juega a su favor la vinculación con diversos movimientos sociales y ciudadanos en Valparaíso. No hubo movimientos análogos en torno a la abstención. Por ello la proyección posterior varía en cada caso. El estar en la alcaldía de la tercera ciudad más importante del país, le dará a él, al Movimiento Autonomista y a la idea del “Frente Amplio”, chances no menores de consolidar un proceso de emergencia política nacional.
Por otro lado, en el fenómeno Sharp, el desplazamiento a izquierda en la mentalidad de esos miles que lo votaron, es de signo más claro. Este alcalde, no sólo está ligado a la figura de Gabriel Boric –masivamente conocido a la izquierda de la Nueva Mayoría. Fue dirigente estudiantil. En sus discursos cuestionó el plan regulador y la relación con las inmobiliarias, aunque a mi modo de ver enfrentar esos poderosos intereses es imposible sin la fuerza de los trabajadores y sin un programa claramente de ruptura anticapitalista, es decir, desde una perspectiva revolucionaria. En cambio las razones de la abstención, pueden ser de lo más variadas.
De todas maneras, esto tiene límites. El programa del Movimiento Autonomista y del “Frente Amplio” en general aspira a conducir reformas en los marcos del Estado y el régimen democrático, sin problematizar la cuestión de la defensa de sus intereses que sistemáticamente realiza la burguesía en Chile y que incluyó en un pasado reciente un Golpe de Estado y persecución política y torturas. Hoy son los herederos de esa dictadura los que defienden las AFP, el negocio educativo e inmobiliario. A mi modo de ver una estrategia revolucionaria que se proponga transformaciones sólo es posible si se sostiene en la clase trabajadora, su alianza con sectores oprimidos y su movilización independiente. Confiar en cambios en los marcos del Estado y el régimen te lleva a actitudes como los gestos inclusivos con empresarios y marinos que ha realizado el nuevo alcalde. La lucha feminista que damos desde Pan y Rosas, en cambio, no está separada de esta perspectiva de clase.
¿Qué estrategia por tanto debe plantear una izquierda revolucionaria?
En mi opinión la ausencia de una perspectiva de Gobierno de los Trabajadores, conduce inevitablemente al Movimiento Autonomista –y a sus aliados- a una práctica política que alimenta la ilusión de realizar grandes transformaciones sin grandes choques con el régimen político, el Estado y sus instituciones. No es casual que la palabra “incidir” haya sido instalada en buena medida por ellos: creen en una democratización y en una estrategia de reformas que permita conquistar derechos sociales.
Yo creo que Valparaíso será un ensayo de la política del “frente amplio” a escala de una ciudad. Yo creo que desde el movimiento estudiantil y la izquierda tenemos que evitar dos orientaciones erróneas. La simple ilusión con Sharp, o la cerrazón absoluta a reconocer que su alta votación expresa un fenómeno importante de desplazamiento a izquierda, en sectores de la población, con los cuales el movimiento estudiantil, el movimiento de mujeres y quienes buscamos poner en pie una política revolucionaria, debemos saber dialogar. Hay que saber hablarle a sectores de la gente que lo apoyó que podría eventualmente ser aliada del movimiento estudiantil, que probablemente simpatiza o es parte del movimiento NO+AFP, que critica la caótica gestión del espacio urbano. Al menos debe haber muchos votantes así. Hay que desarrollar iniciativas creativas de acción común desde las organizaciones estudiantiles y, por supuesto, de trabajadores. Pero de ninguna manera brindándole apoyo político al programa de la alcaldía.
Pero la posible unidad de acción con los sectores de masas que votaron a Sharp no implica un apoyo político a Sharp. Yo creo que ni el movimiento estudiantil ni las organizaciones de izquierda por fuera del “frente amplio” debemos asumir ningún tipo de responsabilidad política o alianza permanente con la gestión de Sharp en la alcaldía de Valparaíso. En la corriente política en la cual milito, la idea que defendemos es centralmente esta: hay que pelear por los derechos sociales y democráticos, como lo son la salud o la educación, hay que usar los métodos de la lucha de clases y la lucha electoral, pero el único modo de conquistarlos de manera estable e íntegramente es por medio de un Gobierno de Trabajadores con un programa anticapitalista y que se base en organismos de autodeterminación que sellen la unidad de trabajadoras y trabajadores con estudiantes y el resto de la población oprimida.
¿Cuál es la FECH por la cual luchan ustedes?
Para mí la Fech que estamos disputando debe ser, en primer lugar, una verdadera herramienta de los y las estudiantes de la Universidad de Chile y del movimiento estudiantil; debe buscar la unidad con las y los trabajadores, con el movimiento NO+AFP y Ni Una Menos y otros sectores oprimidos como el pueblo-nación Mapuche. Obviamente a la hora de diseñar las estrategias de movilización necesitaremos tener en consideración las contradicciones de la “superestructura política”. Necesitaremos saber a quién le exigiremos, a quién denunciaremos. Con quien podremos aliarnos para fines específicos y concretos. Quienes son una fuerza de consideración que puede jugar a nuestro favor. Para pensar todo eso, sería infantil que como movimiento estudiantil establezcamos un signo igual entre las viejas fuerzas del régimen y los nuevos fenómenos políticos.
A mi modo de ver la Fech puede jugar un gran papel en el camino de que las mujeres, la juventud, las y los trabajadores nos organicemos para transformar esta sociedad que nos empuja al endeudamiento y la miseria. En esa perspectiva, desde Vencer y la Agrupación Combativa y Revolucionaria buscamos que emerja una fuerza de cientos de jóvenes trabajadores y estudiantes, que se plantee una perspectiva revolucionaria y anti-capitalista, para terminar con este sistema de explotación y opresión social.