Cristina Fernández visitará China en un contexto de creciente influencia del gigante asiático en la región. Se esperan nuevas inversiones luego de la cumbre China-CELAC. En nuestro país, la utilización del “swap” ayudó a contener las presiones devaluatorias. Nuevos lazos de dependencia se van estableciendo con la potencia emergente.

Pablo Anino @PabloAnino
Martes 13 de enero de 2015

En un contexto en el que las relaciones entre América Latina y la República Popular China están experimentando aceleradas trasformaciones, se anunció que los primeros días de febrero la presidenta Cristina Fernández visitará la República Popular China. Se esperan nuevos acuerdos comerciales y de inversión.
Es que la semana pasada la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y China llevaron adelante en el país asiático un foro ministerial para avanzar en la institucionalización de las relaciones económicas. En esa ocasión, el presidente de China, Xi Jinping, anunció la inversión de 250 mil millones de dólares en la región.
Así se entiende porque en los últimos días de 2014 el Senado argentino se apuró a aprobar un acuerdo marco en materia de cooperación económica, como continuidad de lo definido en julio pasado entre Cristina Fernández y Xi Jinping, cuando este visitó nuestro país.
Es el inicio de una “asociación estratégica integral”, destacaron en aquella reunión bilateral los presidentes de Argentina y China.
En esa oportunidad se firmaron veinte acuerdos por inversiones que totalizan 7,5 mil millones de dólares. Además, se negoció un “swap” (intercambio de monedas) para fortalecer las reservas del Banco Central por el equivalente a 11 mil millones de dólares.
Una parte del “swap” ya entró a la entidad monetaria los últimos meses de 2014. Con esta ayuda, junto con la entrada de dólares por la soja e inversiones telefónicas para el 4G, el gobierno logró estabilizar, aunque sea por el momento, el tipo de cambio luego de la corrida de octubre.
La influencia de China sobre la región y nuestro país avanza a grandes pasos. Pero ¿hacia dónde se conduce?
Ganando terreno
De ser 1.000 millones de dólares en 2003, la inversión de China en América Latina saltó a 87.800 millones en 2012 (http://www.laizquierdadiario.net/El-Gran-Canal-de-Nicaragua-y-las-millonarias-inversiones-de-China-en-Latinoamerica).
Sólo en la primera mitad de 2014 el país asiático invirtió más de 9.000 millones de dólares en la región. Se está comprometiendo en grandes obras de infraestructura como el canal de Nicaragua por unos 50.000 millones de dólares de inversiones.
En nuestro país las colocaciones de capital de China también está pegando un gran salto.
En estos días ingresarán más de 400 millones de dólares para la construcción de las represas hidroeléctricas en Santa Cruz, denominadas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic. Constituyen las obras de infraestructura hidroeléctrica más grandes de Sudamérica.
En la visita de julio del presidente Xi Jinping también se acordó la renovación del Ferrocarril Belgrano Cargas mediante la compra de trenes chinos. La adquisición de formaciones ya está siendo utilizada en la actualización del ferrocarril Sarmiento y otras líneas. Además, se comprarán 11 buques y se construirá una cuarta central nuclear. Todo con financiamiento chino.
En 2012, el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) adquirió la mayoría accionaria de las operaciones argentinas del Standard Bank a un grupo sudafricano del mismo nombre y al Holding W-S de Inversiones S.A., de las familias argentinas Werthein y Sielecki.
En inversiones petroleras la china CNOOC está asociada en Bridas con los hermanos Bulgheroni. Comparten con la inglesa British Petroleum (que tiene la mayoría accionaria) la propiedad de Pan American Energy que opera en Cerro Dragón, Chubut.
Por otro lado, Bridas anunció inversiones por 500 millones de dólares en Vaca Muerta, Neuquén. Además, en esa zona opera otra compañía china, Sinopec, en asociación con YPF. Asimismo, la petrolera AP desembolsará 500 millones de dólares en Malargüe, Mendoza. En esa misma provincia, EPI está perforando pozos de gas. Otras inversiones del país asiático se despliegan para el desarrollo de energías alternativas.
En los negocios agrarios también se produjeron avances. La estatal china COFCO adquirió el 51% de la multinacional Nidera, cuarta productora mundial de granos, con base en Argentina. Y buscaba la compra del Grupo Noble, el sexto exportador argentino.
El analista internacional Jorge Castro señaló que “China ha venido multiplicando su consumo de alimentos e insumos básicos por cuatro en los últimos diez años. Y no da abasto con lo que produce. Por eso la mirada en Argentina. Y por eso todo este vendaval de inversiones que estamos viendo".
Una vez más en la historia la burguesía nativa se apresta a asumir el papel de apéndice proveedor de materias primas de una potencia económica, en este caso de la emergente China.
El comercio consolida la primarización
China se transformó en un socio comercial central de América Latina. En el año 2000 el intercambio era de apenas 12 mil millones de dólares. En 2014 alcanzó 240 mil millones. Este intercambio se va desarrollando con déficit para los países de la región.
En la reunión de la semana pasada con la CELAC el presidente de China planteó que el objetivo era lograr en los próximos diez años un volumen de comercio de 500 mil millones de dólares.
En el caso de Argentina, en 2001 exportaba un poco más de un mil millones de dólares al país asiático, cifra que creció enormemente (391%) hasta alcanzar 5,5 mil millones en 2013.
Mucho más se elevaron las ventas de China a nuestro país. En 2001 eran cercanas a un mil millones de dólares, con un pequeño saldo favorable a Argentina. En 2013, las importaciones desde el país asiático alcanzaron más de 11 mil millones, un gigantesco aumento de 961%. Así el saldo comercial fue de casi 6 mil millones de dólares negativo para nuestro país.
Con estas cifras, los 2,3 mil millones de dólares que ingresaron al Banco Central por el “swap” apenas alcanzan a cubrir un poco más de un tercio de ese déficit comercial.
Es decir, China está financiando la compra de una proporción de sus propias mercaderías por parte de nuestro país.
En su mayoría se trata de bienes industriales: electrónicos, textiles, etcétera. Por el contrario, el principal producto exportado por Argentina es soja.
En Latinoamérica el patrón que se desarrolla es similar: las cuatro principales mercaderías vendidas al país asiático son cobre, hierro, soja y petróleo. En el contenido del intercambio se expone otra ventaja para China.
Nueva división internacional del trabajo
Con la crisis mundial iniciada en 2007/2008 China comenzó a acrecentar aún más su importancia regional al mantener su crecimiento a tasas elevadas (aunque ahora en desaceleración).
Actuó así como contratendencia a las grandes economías en crisis y permitió sostener en niveles elevados la demanda de materias primas favoreciendo al crecimiento de Latinoamérica.
Las burguesías regionales intentan presentar el desarrollo de las relaciones con China como una forma de contrapesar el peso de los yanquis y pretenden construir una alternativa al imperialismo.
No obstante, la gran mayoría de los resortes estratégicos siguen en manos de las grandes empresas de potencias imperialistas como Estados Unidos, Alemania, Francia y España. Además, por el momento China no cuestiona el orden imperialista.
Mientras tanto, nuevos lazos de dependencia se van tejiendo con la potencia emergente. Pero no es una relación de pares. América Latina asume el rol de proveedor de materias primas y espacio para el desarrollo de los negocios e inversiones del país asiático.
Más recientemente, frente a la caída de los precios de las materias primas y la desaceleración de las economías latinoamericanas, China está actuando como una válvula de aire ante los desequilibrios económicos. Otorgó financiamiento a Ecuador y lo mismo haría con Venezuela, que tiene su economía en zona de riesgo por la caída del precio del petróleo. En Argentina el “swap” contribuyó a descomprimir, aunque sea contingentemente, la presión cambiaria.
Esos “swap” son una forma que tiene China de expandir su influencia geopolítica: acuerdos similares firmó con Corea del Sur y el Banco Central Europeo, entre otros.
Un gran conocedor de las relaciones con el gigante asiático, el Doctor Eduardo Daniel Oviedo, al referirse a las relaciones de Latinoamérica con China, decía dos años atrás: “Estos países tienen dos opciones: aceptar el modelo chino, de la nueva división internacional del trabajo, y de ser meros exportadores de materias primas, o modificar sus políticas e intentar entrar en un proceso de desprimarización y venderle a China productos con mayor valor agregado.”
La primera opción es la que está gobernando la relaciones sur-sur tan promocionadas por los gobiernos latinoamericanos.
El factor China está adquiriendo una importancia cada vez más grande para las perspectivas de la economía argentina. Frente al accionar pragmático de la burguesía local que busca asociarse para conseguir un poco de financiamiento en épocas de escasez de divisas, China va logrando sus objetivos estratégicos conquistando fuentes de provisión de materias primas. En este curso, y más allá de los debates sobre la posibilidad de conquistarlo, el gigante asiático va alimentando sus pretensiones de alcanzar el estatus de potencia imperialista.

Pablo Anino
Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.