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Palestina. El fútbol palestino y la solidaridad internacional

Sostener la pasión por el fútbol en Palestina es un combate cotidiano que ha visibilizado su situación y logrado solidaridad internacional.

Santiago Montag

Santiago Montag @salvadorsoler10

Miércoles 24 de julio de 2019 00:31

El fútbol es la pasión más popular del mundo. Un deporte que lo practican con alegría millones de personas, desde los más pequeños, hasta los más viejos. Que lo disfrutan por la tele, o yendo a la cancha, hinchando por su equipo favorito esperando con ansiedad verlo anotar un gol. Una pasión que nos acompaña toda la vida.

En Palestina, esta pasión, tiene un contenido muy distinto, sostenerla es un combate cotidiano. Desde 1967 las fuerzas israelíes mantienen ocupadas las regiones de Cisjordania y un bloqueo en Franja de Gaza, cercada como si fuese un campo de concentración gigante con un asedio militar. Miles de palestinos en los campos de refugiados dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir bajo el silbido de los misiles israelíes. Incluso, la zona de Cisjordania fue declarada por un estudio de la Universidad de Berkeley, como la región con más gas lacrimógeno vertido sobre la Tierra. Bajo esas condiciones disfrutan de la esencia del fútbol que puede practicarse con una pelota y un arco armado con escombros en el suelo. Una forma de disfrutar de las capacidades humanas que para los palestinos se transformó en una trinchera de resistencia.

Por eso, el Estado de Israel busca constantemente quebrarlos. Prohíbe sus torneos, detiene, tortura y asesina jugadores, y árbitros, a varios les han disparado en las rodillas o pies. Bloquea los pasos fronterizos para que no puedan entrenar, retiene a las selecciones masculina y femenina sin dejarlos competir en torneos internacionales.

Además, con sistemáticos bombardeos han convertido en polvo las casas de sus familiares y amigos. Como sucedió en la última gran ofensiva, “Operación Escudo Protector”, en 2014 que se cobró la vida de más de tres mil palestinos, entre ellos 550 niños, y 32 atletas de diversas disciplinas. En esa ocasión, un misil cerraría los ojos del mejor medio campista de la selección palestina, Ahed Zaqout.

Sin embargo, a través del fútbol han logrado conseguir solidaridad internacional visibilizando la situación que viven cotidianamente. Una situación de la cual la FIFA no ha tomado cartas en el asunto.

Los Aida Celtics

El campo de refugiados de Aida (Aida Camp), en Cisjordania, se encuentra en la primera línea de la expansión e incursión israelí. Tiene 7.000 metros cuadrados, y es el hogar de 6.000 palestinos. Allí juegan a diario al fútbol, con algunos espectadores sentados en banquitos de madera. Alrededor se eleva una muralla de 3 metros de altura con torres de vigilancia donde se apostan cientos de soldados israelíes vigilando cada movimiento de los jugadores. Esa muralla divide a los niños palestinos de un gran espacio abierto donde solían jugar. Está rodeado por una gran cantidad de asentamientos, considerados ilegales por el derecho internacional, que Israel construyó para expandir su dominio territorial sobre Jerusalén. El ejército, en sus incursiones, ataca sistemáticamente los centros donde se reúnen, entrenan y aprenden a jugar fútbol, no hay un sólo lugar seguro. Ni siquiera si se convierten en grandes jugadores están a salvo, son blancos “privilegiados” del ejército.

Un francotirador del ejército israelí le disparó a Mohammed Khalil del Al-Salah FC, un equipo de Franja de Gaza en ambas rodillas en abril pasado, derrumbando su carrera deportiva. En 2009, el delantero de la selección palestina Mahmoud Sarsak fue encarcelado y torturado por Israel durante tres años sin cargos ni juicio. Emprendió una huelga de hambre de 96 días antes de ser liberado, en medio de las llamadas de Amnistía Internacional, Noam Chomsky y el exjugador francés Eric Cantona, entre otros, para que lo liberaran. En Gaza, Sarsak, fue recibido como un héroe, y se convirtió en un símbolo de la represión al deporte palestino.

En ese contexto, nació un equipo con los colores verde y blanco, el “Aida Celtic”, inspirado en el Celtics FC de Glasgow, Escocia que ha expresado repetidas veces su apoyo a Palestina. Ahora lo está haciendo nuevamente con una iniciativa en nombre del Centro Lajee, un centro cultural para jóvenes en el campo de refugiados, que dio como resultado este equipo de Medio Oriente con fuertes vínculos con uno de los equipos más conocidos de Europa.

Los Celtic FC y su apoyo a la libertad de Palestina

El equipo escocés tiene una larga trayectoria de apoyo a los pueblos oprimidos del mundo. Han sido criticados históricamente por politizar el deporte, por llevar su solidaridad a lugares donde el deporte es un acto político.

En 2016 la hinchada desafió a la UEFA durante el torneo “Scottish Champions” donde se enfrentaban al equipo israelí Hapoel Be’er Sheva en la clasificación de la Champions League. El organismo rector del fútbol europeo, amenazó al club con graves sanciones si aparecían símbolos políticos, ya que el antecedente había sido una pancarta que mostraba al huelguista de hambre irlandés Bobby Sands que portaban los de la “Brigada Verde”, el ala izquierda de la barra brava del equipo.

En el partido contra el equipo israelí, los fanáticos, encabezados por la Brigada Verde, armaron miles de banderas palestinas. Fue un acto de solidaridad de los más espectaculares del deporte del siglo. Siendo la bandera palestina un símbolo mundial de resistencia para todos los pueblos oprimidos.

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Por este acto de “rebeldía”, el club fue multado por la UEFA y la hinchada, en vez de recaudar fondos para pagar la multa, lanzaron #MatchTheFineforPalestine. Se recaudaron £ 176,076 (poco más de US$ 232, 518) para ser repartidos entre el Lajee Center y la organización benéfica Medical Aid for Palestinians.

Este apoyo está íntimamente ligado a la historia del club. En 1887 fue fundado por un sacerdote católico, para recaudar fondos para los pobres migrantes irlandeses en Glasgow, quienes escapaban de la pobreza extrema y sufrían hambre, producto de años de crisis por la Gran Hambruna y las relaciones rotas con Inglaterra a partir de 1870 en la disputa por la Autonomía. La comunidad irlandesa (mayoritariamente católica) fue discriminada por una Escocia presbiteriana que era hostil a la afluencia masiva de migrantes provenientes del Mar de Irlanda. Los irlandeses, a través del Celtic pronto tuvieron un club de fútbol que alcanzó el nivel deportivo de cualquier otro en Escocia, e incluso Europa. Fueron el primer club británico en ganar la Copa de Europa en 1967.

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El hecho de haber sido un pueblo oprimido dejó una huella en los Celtics que jamás olvidarán, por eso las banderas palestinas han sido símbolo de resistencia en el estadio durante décadas. E incluso, la historia de Glasgow tiene raíces estas luchas internacionales. John McClean y Red Clydesiders que apoyaron la Revolución Bolchevique de 1917 o los muchos glasgowianos que se unieron a las Brigadas Internacionales contra Franco en España en la década de 1930, o en la década de los 1970 los sindicalistas que dieron refugio a los refugiados chilenos que huían de Pinochet.

El apoyo de la Brigada Verde al Aida Celtic y a la lucha palestina por la autodeterminación continúa esa tradición. Una lucha heroica que necesita de esta solidaridad internacional para romper el ahogo brutal. El fútbol les permite sentirse libres.


Santiago Montag

Escribe en la sección Internacional de La Izquierda Diario.

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