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Red Internacional
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COLUSIÓN CMPC-KIMBERLY CLARK. El grupo Matte, el Estado y la propiedad privada

¿Qué hacer frente a la colusión de los grandes grupos económicos? El nuevo escándalo de colusión, esta vez con los pañales, pone en evidencia los límites de pretender resolver esto sin cuestionar el principio de propiedad privada.

Juan Valenzuela

Juan Valenzuela Profesor de filosofía. PTR.

Jueves 22 de diciembre de 2016

El martes 20 de diciembre estalló un nuevo escándalo de colusión: entre el año 2002 y el 2009, CMPC, empresa papelera perteneciente al grupo Matte, en concordancia con la estadounidense Kimberly Clark, se coordinaron con el fin de obtener mayores ganancias controlando los precios de los pañales. Aprovecharon de ese modo su posición predominante en el mercado. Kimberly Clark ya ha sido sancionada en Colombia y está siendo investigada en Perú. Por su parte, el grupo comandado por Eliodoro Matte, ya había estado en el ojo del huracán con la colusión del papel higiénico en coordinación con SCA.

El modo en que ha sido abordada esta situación desde la Fiscalía Nacional Económica (FNE), revela la vinculación estructural entre el Estado y los grandes empresarios. La tesis marxista que define al Estado como una junta que administra los intereses de la clase capitalista, cobra actualidad.

En su página institucional, la FNE declara ser “la agencia nacional encargada de velar por la libre competencia. Como tal, debe defender y promover la competencia en todos los mercados o sectores productivos de la economía chilena”. Pero en la práctica este órgano estatal ha actuado como un escudo del monopolio.

CMPC se autodenunció el 2015, pero la FNE no sólo no incluyó la colusión de los pañales en el requerimiento por colusión presentado contra la papelera a propósito de la colusión con el papel higiénico. Además, mantuvo en reserva esta información, sustrayéndola a la opinión pública.

En un comunicado, la FNE declaró que “conforme a la normativa vigente no se refiere a investigaciones en curso”. Es decir, su intención es preservar oculta a la mirada de las masas el desarrollo de la investigación. ¿Por qué ese cuidado? ¿No es acaso la colusión un robo?

Tengamos en cuenta que la FNE –acorde a lo declarado en su página institucional- “se encuentra sometida a la supervigilancia del Presidente de la República a través del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo. La dirección del servicio corresponde al Fiscal Nacional Económico, quien ejerce tanto la jefatura superior como la representación judicial y extrajudicial de la FNE”. Es decir, hablamos de una institución estatal cuyas funciones son relevantes para el poder ejecutivo, que debe supervigilar, es decir, estar al tanto de sus movimientos.

Pero este “entramado estatal” no está por sobre la clase capitalista, es más bien su instrumento. El grupo Matte constituye una parte del sector hegemónico al interior de la clase dominante. El tamaño de la Papelera es grotesco. Lo expone el economista Hugo Fazio en Los mecanismos fraudulentos de hacer fortuna (2016), CMPC es una empresa multilatina, con presencia en ocho países del subcontinente y que comercializa en 45 mercados. Conviene tener en cuenta que un 11% de las acciones de la empresa están en manos de las AFP.

Las relaciones de Eliodoro Matte se extienden hasta la Iglesia. Es un fervoroso financista de los Legionarios de Cristo. Y fue parte de la represión al movimiento obrero que en la década de 1970 se había revelado contra el poder empresarial. En 1973, CMPC actuó en coordinación con Carabineros y la inteligencia de la dictadura para secuestrar y desaparecer a 19 trabajadores de Laja y San Rosendo, acusados de “conflictivos”, como consigna un estudio de Javier Rebolledo.

La conducta de la FNE ¿no es acaso un tipo de subordinación reverencial ante este gran poder económico? ¿No es acaso un ocultamiento con el fin de no terminar de demoler la imagen de un gran poder económico exponiéndolo al escarnio público? La FNE no apostará a eso, pues implicaría horadar la credibilidad del empresariado en la sociedad. Eso podría abrirle espacio a una intensificación de la lucha de clases en Chile.

Vemos que el régimen político –lo que otros denominan Estado de derecho- está estructurado de tal modo de permitir que el Estado realice más óptimamente su función de proteger la propiedad privada capitalista, lo que no se separa de preservar una imagen legítima del empresariado en la sociedad. El régimen y el Estado podrán avanzar en castigar a tal o cual empresario aislado pero eso no puede terminar con la colusión pues la vinculación del Estado con los capitalistas es estructural. Los casos de corrupción y financiamiento de grandes empresas a políticos del régimen que estallaron al menos desde inicios del 2015; el trato flexible con Longueira y Compagnon; son algunas muestras de esta complicidad estructural entre el empresariado, la Nueva Mayoría y Chile Vamos.

El diputado Gabriel Boric del Movimiento Autonomista, en cuanto se hizo pública esta información, publicó en Twitter "La papelera (CMPC) nos está dando buenos motivos para volver a pensar en posibilidad de expropiación. ¿Se podrá tener debate serio al respecto?". Consideramos que sí. Efectivamente es necesario instalar este debate en serio. Pero la cuestión es la siguiente, qué significa discutir esto en serio.

A nuestro modo de ver, el punto de partida para un debate serio es el siguiente: es imposible acabar con la colusión sin cuestionar el principio de propiedad privada. Es decir, sin un contenido político anticapitalista.

Pero expropiar a un sector como lo es el grupo Matte para poner la Papelera al servicio de la comunidad, no será factible por medio de una actuación en los marcos del régimen político, ligado estructuralmente a los intereses empresariales, como lo demuestra toda la actuación del FNE. Sólo será posible si los trabajadores de CMPC en alianza con miles y millones se organizan y constituyen comités para controlar la producción, haciendo públicos a la comunidad los registros contables de la empresa y los verdaderos precios de los productos, y pelean a través de los métodos de la lucha de clases por la expropiación sin indemnización de la Papelera. Es una discusión que debemos dar en serio.


Juan Valenzuela

Santiago de Chile

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