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Red Internacional
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CAPITALISMO Y CORONAVIRUS. El hambre, otro gran negocio para el capitalismo durante la pandemia

La alimentación también es un gran negocio para las grandes superficies comerciales, que acaparan productos y así, en base en a la necesidad alimenticia de la población, inflan los precios en beneficio propio.

Jorge Calderón

Jorge Calderón Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza

Martes 7 de abril de 2020

Llevamos varias semanas que todo el mundo habla de los desastrosos efectos negativos que la actual pandemia está teniendo y va a tener en todos los aspectos. Para ello se recuerdan otras grandes pandemias mundiales como la Gripe Española de 1918, o la aún más lejana Peste Negra de 1347, la más mortífera de la historia.

En una época no tan lejana, hace menos de un siglo, eran habituales los llamados motines de subsistencia o del pan. Se trataba de una forma de protesta popular común en Europa desde el siglo XV al siglo XIX, en la que una multitud buscaba asegurarse el abastecimiento suficiente de alimentos básicos (fundamentalmente pan) a un precio asequible.

En tiempos de malas cosechas y por lo tanto de esta escasez de este producto básico o de otros, como el arroz, maíz o la patata, muchos comerciantes o personas de la nobleza y el clero, solían hacer acopio de este, para especular con el precio del producto y venderlo a “precio de oro”. Por eso, muchos de estos motines, solían acabar con el especulador de turno ajusticiado por el pueblo, al descubrirse que este tenía un almacén lleno de trigo, arroz, etc., mientras sus vecinos y vecinas se morían de hambre.

Especulación capitalista sin limites

Hoy en día, en países imperialistas más desarrollados, como el Estado español, se siguen repitiendo prácticas especulativas inhumanas como las antes descritas. Según denuncia El Salto en un artículo del pasado sábado 29: “Un día antes de que se declarara el estado de alarma, las grandes superficies hicieron acopio de toneladas de verduras para almacenarlas en cámara, disparando los precios en las subastas de las plazas de abasto”.

Según explica el artículo, estas grandes superficies comerciales compraron todos los alimentos perecederos, como frutas y verduras, ya que ellas tienen la capacidad de acumularlo y guardarlo durante días en sus grandes naves frigoríficas. Esta capacidad, sin embargo, no lo tiene el pequeño comercio de barrio que debe comprar el producto al día. La consecuencia de esto es que, los precios de estos han aumentado un 100 % o 200% en pocos días. Esta especulación sin frenos y totalmente horrenda es consecuencia de la lógica capitalista, de búsqueda del beneficio privado sin fin.

La realidad especulativa que denuncia este artículo no existe para el actual gobierno del PSOE y Unidas Podemos. Reciénteme, el Ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha afirmado que al gobierno solo le constan dos sectores en los que por la crisis del coronavirus haya habido un aumento especulativo de precios: el de las funerarias y el de los productos sanitarios. Parece que este ministro, recordemos líder también de Izquierda Unida, no se quiere enterar de la especulación alimentaria que se está produciendo en el país.

Por el control obrero de toda la industria alimentaria

Vemos como el afán de lucro capitalista no se detiene ante nada y es capaz de hacer negocio, incluso con lo más básico, como es la alimentación y la necesidad de las capas más vulnerables de la población. Y todo a la vez que explota cada vez más, a los trabajadores más precarizados de este sector, como recientemente han denunciado en este diario, los trabajadores y trabajadoras de Alsea-Zena (un gigante hostelero del que forman parte conocidas cadenas de restauración como Vips, Burguer King, Domino´s o Starbucks).

Por todo ello hoy es más necesario que nunca defender el control obrero de todo este sector, como defienden también los delegados de CGT de Zaragoza y Barcelona en, Telepizza otra de las grandes cadenas de comida rápida.

Como primer paso, se deberían poner en marcha Comités de control de precios por parte de todos los trabajadores y trabajadoras, y por supuesta también, de los vecinos y vecinas de los barrios. Para ello los sindicatos y asociaciones de vecinos, tendrían que ser una parte central de los mismos. Estos comités deberían controlar los precios, a través de una tasación popular, con uniformidad de precios en barrios obreros, para que todo el mundo puede acceder a estos alimentos básicos.

Solo de esta forma podemos saber realmente el valor real de los productos, y no el IPC irreal que nos dice el gobierno y la patronal, y que nadie se quede fuera de poder comprarlos. También, estos organismos, serían los encargados de la organización de un régimen de trabajo, en sectores básicos, con condiciones dignas y puesto, como decíamos, al servicio de distribución de alimentos de personas vulnerables.

En la situación de crisis mundial en la que estamos, defendemos como única solución, este control obrero, tanto de la industria agroalimentaria, dedicada a envasar y refinar los productos del campo, como de los centros hosteleros y de venta alimenticios. Solo si estas empresas son intervenidas por el Estado y puestas bajo control democrático, por parte de los trabajadores podrán garantizar esta serie cuestiones básicas ya expuestas.