A dos años de que fuera presentado el Plan Alianza para la Prosperidad, se reúnen los mandatarios del llamado Triángulo Norte -Guatemala, Honduras y El Salvador- con el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, para tratar los avances y profundizar el acuerdo imperialista en la región.
Sábado 27 de febrero de 2016
Los jefes de Estado de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén; Guatemala, Jimmy Morales y Honduras, Juan Orlando Hernández se reunieron con el vicepresidente Joe Biden en Washington para afinar y avanzar en el programa del Plan Alianza para la Prosperidad, en donde inicialmente se destinaron 1.000 millones de dólares en 2014.
Los fines principales destacaban la necesidad de frenar la crisis abierta por la afluencia de niños migrantes no acompañados a los EE.UU., así como dinamizar el sector productivo, mejorar la seguridad nacional y desarrollar el acceso a la justicia y fortalecer las instituciones en esos países. Actualmente, el acuerdo abarcará una política centrada en “combatir el tráfico de personas, continuar esfuerzos para fortalecer la seguridad fronteriza y facilitar el regreso” de indocumentados deportados desde EE.UU., se explicó en una conferencia de prensa.
Aunque se espera que los respectivos planes de cómo utilizar los recursos para desarrollar dicho plan sea presentado por cada mandatario, Biden recordó a los mandatarios la importancia de frenar la emigración ilegal, para lo cual el Congreso estadounidense aprobó recientemente 750 millones de dólares.
“Para que podamos convencer al Congreso este año, con suerte, de que se apruebe otros 750 millones de dólares, vamos a tener que seguir dando pasos juntos, asegurar una serie de cosas, y una de las importantes es tener menos migrantes embarcados en un viaje peligroso a Estados Unidos”, declaró el vicepresidente.
Una mediadora afín en tema de migración
La guatemalteca Norma Torres es parte del Congreso estadounidense desde enero de 2015 por el Partido Demócrata, asumiendo los fines imperialistas que dicho espacio ha venido sosteniendo y profundizando para los países centroamericanos.
Como producto de la reunión sostenida por Biden y los mandatarios centroamericanos, se ha creado una primera instancia de coordinación y “vigilancia” la cual encabezará la mencionada congresista, cuyos objetivos redoblan la injerencia imperialista para los países del Istmo centroamericano.
En una reciente entrevista al diario Prensa Libre, la congresista ha manifestado “querer trabajar para los migrantes”, para lo cual la política estadounidense es puntual. Con la creación del Grupo de Asuntos Centroamericanos en la Cámara de Representantes, espacio bipartidista en donde confluirán 33 miembros; entre demócratas y republicanos, la tarea se concentrará en “afinar cómo podemos enfocar la política de los Estados Unidos en la región” mencionó Torres. Es decir, un grupo de vigilancia de recursos destinados por Estados Unidos cuyos fines deben ser cumplidos en materia de migración, cuyo tema ha sido central en la política de Obama no sólo para esta región, sino para el resto de Latinoamérica, siendo clave para el desarrollo y cierre de las elecciones en puerta.
Contradicciones en medio de la expoliación
Los representantes de los gobiernos centroamericanos han asistido a escuchar las directrices políticas, económicas y sociales bajo el dictado imperialista. Junto a la burguesía local y los empresarios, se han dedicado a precarizar aún más las condiciones de vida del pueblo centroamericano, en donde los niveles de pobreza aún se mantienen en tasas alarmantes.
Según el último informe rendido por la Organización Internacional del Trabajo 2014-2015, dio a conocer que los salarios reales en la región crecieron tan sólo un 0.8%. Mientras que en tema de desempleo, las cifras del Fondo Monetario Internacional para el tercer trimestre de 2015 son; para Guatemala un 4,2%; Honduras con el 4,5% y El Salvador 5,5%. Lo que para el gobierno de Obama y los congresistas estadounidenses reflejan cifras, realmente son millones de personas cuyas condiciones estructurales en sus países los orillan a emprender el peligroso camino hacia EE.UU., que además es marcado por el sometimiento a trabajo forzado, criminalización y muerte.
En contraste, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ha brindado un reciente reporte en donde se indica un repunte para la economía centroamericana y de República Dominicana para el 2016, con un crecimiento estimado regional del 4,1%. En el caso de El Salvador alcanzará una tasa menor del 2,5%. Sin embargo, si estas estimaciones se sostienen será superior a la alcanzada en los últimos cinco años.
Dicho crecimiento presenta varias debilidades -como son el bajo desarrollo industrial y altos costos en el sector eléctrico que se mantiene en 18,2 centavos de dólar por kilovatio hora consumido, mientras que para el resto de países latinoamericanos es de 15,6 centavos y en EE.UU., es de sólo 7,1 centavos-, pero encuentra su cauce dinamizado por la inversión extranjera directa (IED) y el aumento de los ingresos por las remesas procedentes de EE.UU.
La reunión en la Casa Blanca ha sido tan sólo un preámbulo para encaminar estas cifras. Sin embargo, queda todavía el interrogante sobre el papel que jugará sobre el actual tablero político, el pueblo trabajador, las mujeres y la juventud para frenar los planes del imperialismo estadounidense en la región. Hasta ahora hemos visto cómo la movilización social en algunos de esos países, los ha enfrascado en importantes crisis políticas, por ello es fundamental avanzar en la organización independiente e imponer la agenda de los de abajo.