A punto de abordar hacia Cuba, Mariana Aylwin fue notificada que no podría viajar al ser declarada como “inadmisible” por el Gobierno restauracionista de la isla. Ni lerda ni perezosa, se lanzó a una dura campaña reaccionaria en tres sentidos.
Nicolás Miranda Comité de Redacción
Miércoles 22 de febrero de 2017
¿A qué iba?
Como se sabe, se juntaba con parte de la oposición pro-imperialista agrupada en la Fundación Oswaldo Payá que otorgaba un galardón a… ¡Patricio Aylwin, su padre fallecido hace meses!, otorgado por sus acciones en defensa de la democracia (fue parte de la ofensiva en los ’90 con Vaclav Havel pidiendo la restauración de “la democracia” en Cuba).
Un galardón ofrecido a una persona fallecida, ¿no tiene aire a creación de un incidente?
Además, en otras ocasiones, como la misma Mariana Aylwin admitió, sí pudo ingresar a la isla: “Fui a Cuba en visita oficial en 2002 cuando era ministra; y así también vino el ministro de Educación de Cuba a Chile”.
¿Campaña democrática o campaña reaccionaria?
Mariana Aylwin enseguida declaró que “así son las dictaduras”.
Y hubo un clamor democrático de todos los personeros del régimen.
El Gobierno llamó a consulta a su embajador, y anunció que pedirá explicaciones. La DC emitió un comunicado diciendo que “… esta arbitraria decisión importa inferir un agravio inaceptable a la memoria de don Patricio Aylwin y a su propia hija … expresa su condena más enérgica y demanda de la Cancillería de Chile, elevar ante el régimen cubano su formal protesta rechazando tan repudiable conducta … El partido Demócrata Cristiano, formula fervientes votos por la recuperación de la democracia , la libertad y el respeto de los Derechos Humanos en Cuba y en América Latina”.
Detrás de ellos, todos hicieron gárgaras democráticas: Piñera, Lagos, Ossandon, la prensa del régimen.
¿Se trata de una campaña democrática?
Hay democracias y democracias. Como decía Lenin: “Si no hemos de burlarnos del sentido común y de la historia es evidente que no podemos hablar de ‘democracia pura’ mientras existan diferentes clases; solo podemos hablar de democracia de clase … La historia conoce la democracia burguesa, que reemplaza al feudalismo, y la democracia proletaria, que reemplaza a la democracia burguesa” (La revolución proletaria y el renegado Kautsky).
La democracia que defienden es la democracia para ricos. La misma que en Chile, hace pocos días, expulsó a un periodista italiano por informar de las manifestaciones sociales. Por no mencionar las denuncias de montajes contra estudiantes y pueblo mapuche, la militarización de hecho de La Araucanía, entre muchos otros hechos que lo prueban.
Esto no exime las brutalidades del régimen burocrático cubano. Tras la definición de Lenin, Trotsky discute el desarrollo del estado ruso tras la revolución: por distintas causas (reflujo del ascenso revolucionario mundial, agotamiento del proletariado, encumbramiento de una capa social burocrática) deviene en un “estado obrero burocráticamente degenerado”, porque así como en el capitalismo hay distintos regímenes (por ejemplo, en general, fascismo y democracia burguesa), los hay en los estados obreros. Trotsky plantea que esto abre una dinámica y una disyuntiva de hierro: o bien tiene lugar una nueva revolución que suprima a la burocracia, o bien esta se transformaría en una nueva clase capitalista. Esta revolución, de la que hablaba Trotsky, era política, no social: se haría para suprimir la burocracia manteniendo las conquistas sociales de la revolución.
El pronunciado giro restauracionista (de retroceso al capitalismo) de la burocracia cubana, acentuado con el acuerdo con Obama (que habrá que ver cómo sigue con Trump), obliga a reforzar las medidas represivas por las desigualdades que incrementa, y el desmonte de las conquistas que perviven de la Revolución.
Por eso, ante las contradicciones del régimen cubano, hay dos caminos: la campaña reaccionaria en nombre de la democracia para ricos, o una campaña revolucionaria por la revolución política para extender y profundizar las conquistas de la revolución suprimiendo a la burocracia restauracionista.
La campaña reaccionaria de Aylwin, sirve a tres objetivos.
Los tres objetivos de la campaña reaccionaria de Mariana Aylwin
El primero, sirve a los intereses imperialistas sobre (contra) América Latina, en momentos de aguda crisis de los (restos de los) gobiernos posneoliberales como Maduro, reforzar los derechistas como Macri en Argentina o Temer en Brasil, y hasta ingerir en los caminos restauracionistas en Cuba (controlado por la burocracia, como se perfila, o en manos de las oposiciones a lo familia Paya).
El segundo, tensionar por derecha al Gobierno y la Nueva Mayoría, en la batalla abierta internamente sobre la continuidad o no de la Nueva Mayoría.
El tercero, lograr la unidad por derecha de la Democracia Cristiana, buscando fortalecer a su sector conservador y debilitando a su sector progresista (que en esto no tiene diferencias con Mariana Aylwin de todos modos), cuando la tienda de la flecha roja está dividida políticamente y en una dura batalla interna sobre mantenerse en la Nueva Mayoría o no.
Todos fines muy lejanos de la denuncia hipócrita contra “las dictaduras” (además que la DC apoyó el golpe de 1973) y una muy real de la defensa de la democracia para ricos, y de estos objetivos más inmediatos pero con implicancias de más largo plazo.