Luego de ser secuestrados los participantes compiten por ganar un premio de 45 600 millones de wones.
Jueves 30 de septiembre de 2021 12:43
La serie El juego del calamar se ha vuelto tendencia en la plataforma de Netflix en los últimos días. Esta ficción coreana, del género survival drama, narra la historia de un grupo de 456 personas que son llamadas a participar en un “juego”. Luego de ser secuestrados y, sin saber mucho al respecto, los participantes compiten por ganar un premio de 45 600 millones de wones.
Dirigida por Hwang Dong-hyuk, pertenece a un grupo de producciones del género survival drama: Alice in borderland (2020), El hoyo (2020), Circle (2015), y, más paradigmáticamente, Battle Royale (2000) en donde un grupo de personas participan en “juegos” para poder sobrevivir.
Es usual que en este género exista una idea: si se pone al ser humano en situaciones extremas, entonces se nos mostrará lo que el ser humano es verdaderamente. Sin embargo, me parece que es completamente lo opuesto: las situaciones extremas de estos survival dramas impiden que sus participantes actualicen sus potencias más humanas (la solidaridad, la ternura, la empatía). En realidad, más que hablarnos de lo que es el ser humano, nos muestran la capacidad deshumanizante de estos sistemas de muerte.
Como lo señala el director Hwang Dong-hyuk, El juego del calamar fue escrita como:
“una alegoría o fábula acerca de la sociedad capitalista moderna, algo que representase una competición extrema, un tanto como la extrema competencia de la vida.”
Por lo que, habría que pensar en qué sentidos la serie habla acerca de la capacidad deshumanizante de nuestra sociedad o, lo que es lo mismo, en qué sentido todos estamos jugando versiones de El juego del calamar.
SPOILERS A CONTINUACIÓN
Capitalismo y pobreza estructural
La narrativa de la serie se centra en Seong Gi-hum, un hombre de 47 años en bancarrota absoluta. Vive con su madre a la que le roba dinero para satisfacer su ludopatía en las apuestas de caballos de carreras. Su vida está inmersa en una deuda impagable que le conlleva firmar a la venta de sus órganos a la mafia coreana.
Sin embargo, su situación no es muy distinta a la de otros coreanos, pues como se apunta en el último episodio: “Corea, (es el) 2º país con más deudas familiares. La deuda familiar del país aumenta rápidamente y supera el promedio mundial.” (Ep. 9) Por lo que la situación que viven los participantes no es especial o exclusiva, sino estructural (recordemos la abismal diferencia entre clases sociales que se desarrolla en la película Parásitos (2019)). La condición de posibilidad de que existan “jugadores” en El juego del calamar es el capitalismo y la pobreza estructural que produce.
La ilusión de la elección
La organización elige a los participantes que “jugaran” El juego del calamar. Este proceso de selección consiste en una investigación-espionaje de la población coreana que vive situaciones de pobreza extrema. Sin embargo este proceso de elección, que se realiza de manera detallada y controlada, contrasta con la (in)capacidad de elección que tienen las personas que son invitadas a participar. En realidad fueron elegidos porque socialmente se les despojó de todo y, por tanto, pueden servir como despojos humanos, como “caballos de carreras”.
Desde una manera simplista de ver la situación se podría decir que: las situaciones de extrema precariedad empujan a los participantes a arriesgar su vida a cambio de la capacidad de cambiar su situación de vida. Sin embargo, un análisis crítico debe dar cuenta que esta “decisión” no debe enfocarse desde una perspectiva individualista.
La organización de El juego del calamar seleccionó cuidadosamente a aquellas personas a las cuales su extrema situación de vida y la posibilidad de morir en un juego no se diferencian mucho entre sí. El alto porcentaje de personas que “eligieron” retomar el juego (“La tasa de reingreso es del 93%” (Ep. 2) da cuenta de esta “decisión” imposible: luego de ser despojados de opciones en su vida, aceptar participar parece la mejor opción.
En realidad, los participantes sólo “eligieron” entre dos sistemas de muerte, que sólo se distinguen en grado pero no en naturaleza. La capacidad deshumanizante del sistema de muerte de El juego del calamar es posible debido a que ya estructuralmente el capitalismo realizó un proceso continuo y controlado de deshumanización. Podríamos decir que El juego del calamar continúa este proceso de deshumanización por otros medios. Elegir participar sólo es la ilusión de elegir.
Procesos de deshumanización
Si, como menciona Hwang Dong-hyuk, El juego del calamar es una alegoría del capitalismo, entonces habría que reflexionar la efectividad que tiene el sistema de reclutamiento y de permanencia del juego en analogía con nuestra sociedad.
Es decir, ¿Cómo es posible que durante 32 años participaran 14,592 personas y en todos los años siempre hubiese un ganador? O lo que es lo mismo, ¿por qué siempre las personas “eligieron” continuar jugando? Y, más importante para nosotros, ¿Cuál es la analogía entre El juego del calamar y la sociedad capitales?
Ya se mencionó el proceso minucioso de selección de la clase más baja y del despojo de oportunidades que realizó el sistema capitalista. Sin embargo, entre estos procesos y la objetivación radical de considerar a los participantes como “caballos en la pista” (Ep. 9) hay varios procedimientos de enajenación y deshumanización.
El proceso de reclutamiento, realizado a través del juego ddakji, consiste esencialmente en enajenarte de tu dolor y de tu cuerpo. Si te vuelves ajeno a tu cuerpo y a su dolor a cambio de dinero, se asumirá en los hechos que “puedes usar tu cuerpo para pagar.” (Ep. 1) Ya en las instalaciones, se procede a una apología del secuestro y encierro a los participantes a través de la desacreditación y a responsabilizar a los participantes de “participar en este juego por voluntad propia”
“Todos los que están aquí viven al límite, con deudas que no pueden pagar. […] Pero, como saben, jugamos un juego y les dimos dinero como prometimos. Así que ustedes confiaron en nosotros y se ofrecieron a participar en este juego por voluntad propia. […] ¿Volverán a sus vidas horribles de ser perseguidos por sus acreedores? ¿O aprovecharán la última oportunidad que les ofrecemos?” (Ep. 1)
En el primer juego, Luz verde, luz roja, donde los participantes se les dispara si se mueven cuando la muñeca los mira. Se efectúa un proceso de enajenación a la muerte ajena y a su situación. Sólo aquellas personas que no se inmuten a los disparos, a la muerte de los participantes y que acepten que no hay otra opción más que jugar, podrán ganar. Entre el segundo y tercer juego la organización provoca una pelea, “Les dieron menos comida a propósito para provocar una pelea. Eliminan a los débiles antes del próximo juego. Es parte del juego.” (Ep. 4) Esto conlleva una desconfianza entre los participantes, lo que implica la deshumanización a los demás participantes pues se les ve como un peligro latente.
En el tercer evento, El juego de la cuerda, los participantes tienen que llevar a sus últimas consecuencias su enajenación a los otros jugadores. Tirar de una cuerda para tirar al vacío a los contrincantes: asesinar o ser asesinados. Mientras que en el cuarto juego los participantes tienen que competir a muerte (en un juego de canicas) contra aquella persona a la que le confiaron entrar en su equipo. Todo residuo de empatía o solidaridad que quedase tendría que ser desechado para poder sobrevivir.
Por último, en el juego que da nombre a la serie, es necesario deshumanizar al otro participante. En este juego, donde se permite “cualquier tipo de violencia”, la enajenación al otro se lleva al extremo. Ya no es un asesinato mediado por un instrumento (como en El juego de la cuerda), sino que se tiene que asesinar por mano propia, directamente. Por supuesto, el personaje principal recurre a “evadir” algunos de estos procesos de enajenación, pero su caso es insólito y sólo es posible por múltiples excepciones, como la que realiza el organizador Oh Il-nam en el juego de la canicas.
Capitalismo, vips y caballos de carreras
El juego del calamar muestra la enfermiza conclusión que la división abismal entre clases que la sociedad surcoreana produjo. Este juego fue creado para combatir el aburrimiento (“¿Qué podemos hacer para divertirnos?” (Ep. 9)) de personas groseramente opulentas, llamadas vips en la serie. Es decir, se finanza un sistema de muerte por mero entretenimiento.
La objetivación y deshumanización a los participantes es obscenamente directa, el líder de la organización menciona: “Te gustan las carreras de caballos, ¿no? Ustedes son caballos, caballos en la pista.” (Ep. 9) El juego del calamar expresa en una ficción radical de la abismal diferencia entre clases que produce la sociedad capitalista; la competencia que viven los participantes es la alegoría a la cruel competencia que viven las personas desposeídas del mundo.
Aún sin saberlo todas las personas estamos viviendo El juego del calamar.