Ponencia presentada en el Foro: "Hacia la abrogación de la reforma educativa", convocado por la CNTE.
Lunes 20 de agosto de 2018
A los maestros y maestras no nos pueden decir que no luchamos contra el gobierno y el régimen actual.
El magisterio combativo enfrentó persistentemente la reforma educativa de Peña Nieto y los partidos del Pacto por México, punta de lanza de las demás reformas estructurales, que significaron un duro ataque a los derechos y conquistas de los trabajadores y el pueblo por órdenes de los grandes empresarios y los organismos financieros internacionales.
En el 2013, convocados por la CNTE, maestros y maestras de diversos estados del país instalamos un plantón en el Zócalo de la Ciudad de México, que fue brutalmente desalojado por la Policía Federal con la complicidad del gobierno perredista de Miguel Ángel Mancera. En el 2016, durante el paro indefinido realizado en los estados donde dirige la Coordinadora, miles salimos a las calles en la Ciudad de México respaldados por los padres de familia, que cerraron las escuelas de sus hijos en defensa de la educación pública.
Pero la reforma se impuso a sangre y fuego. Con despedidos, presos, muertos, maestras ultrajadas, 43 normalistas desaparecidos por las fuerzas represivas del estado y la masacre de Nochixtlán, que se cobró la vida de 11 pobladores que apoyaban la lucha magisterial. No perdonamos, ni olvidamos.
Exigimos castigo para los represores, libertad a los presos políticos, presentación con vida de los desaparecidos y reinstalación de todos los maestros y maestras cesados por luchar.
Los charros del SNTE, encabezados por Juan Díaz de la Torre, avalaron la reforma. Las dirigencias burocráticas de las demás organizaciones sindicales se encargaron de mantener al movimiento aislado.
Las reuniones de “articulación” con líderes supuestamente opositores al gobierno pero sin ningún compromiso serio para movilizarse y la lucha concentrada en algunos estados no fueron suficientes para contrarrestar la ofensiva contra el magisterio a nivel nacional.
La estrategia de llevar al movimiento una y otra vez al callejón sin salida de la negociación en Gobernación, antes que buscar fortalecerlo desde abajo y extenderlo al resto del país, llevó a su desgaste y fue impotente para triunfar, a pesar de la voluntad combativa de miles de maestros y maestras.
La dirigencia de la CNTE replanteó su política, enfocándola en una “iniciativa ciudadana” para lograr modificar la reforma, apelando a la buena voluntad de los “legisladores progresistas”. Pero el fracaso de esta iniciativa demostró, una vez más, que no podemos confiar en los representantes de los partidos del régimen y sus instituciones.
Es así que AMLO, quien nunca convocó a sus bases a apoyar activamente al movimiento, comenzó a tener política para ganar el apoyo electoral del magisterio, prometiendo que en caso de ganar la presidencia cancelaría la reforma educativa. Entre la base magisterial y sectores de la misma CNTE, como en amplios sectores populares, se fortaleció la idea de que la solución a sus demandas podía venir, ya no de la lucha, sino de un cambio de gobierno mediante las elecciones. Aunque formalmente, de acuerdo con sus principios históricos, la CNTE se declaró independiente de todos los partidos del régimen en su último Congreso Nacional.
La elección del 1° de julio expresó el enorme hartazgo popular contra Peña Nieto y los partidos del Pacto por México. A la vez, representó un gran desvío del descontento popular hacia la confianza en la salida electoral, en los marcos del podrido régimen político de la “alternancia”. Muchas maestras y maestros esperan que el próximo gobierno cumpla con sus promesas.
Sin embargo, a partir de su triunfo, la política de AMLO ha sido reconciliarse con los empresarios, enemigos del magisterio y la educación pública, e incorporar a su equipo a personajes de la “mafia en el poder”. Así, postuló como próximo Secretario de Educación al tecnóctrata priísta Esteban Moctezuma. A su vez, éste pretende colocar en una subsecretaría al reaccionario Gilberto Guevara Niebla, verdugo del magisterio desde el INEE, quien pronto declaró que no se se debe dar marcha atrás con la reforma educativa.
Si bien Moctezuma anunció que se desvincularán las evaluaciones docentes de la permanencia en el empleo, ha también planteado que pretende mantener distintos aspectos sustanciales de la reforma, como las propias evaluaciones burocráticas, las escuelas de tiempo completo y el examen de oposición, que les niega el derecho al trabajo a los egresados normalistas.
A mismo tiempo, no dice una palabra sobre los planes privatizadores como Escuelas al CIEN, ni cuestiona las políticas de la OCDE para la educación y, sobre todo, guarda silencio sobre el destino del Nuevo Modelo Educativo que mientras tanto se impone en las escuelas, degradando aún más la educación pública y amenazando la estabilidad laboral de miles de maestros. Modelo que coincide con el acuerdo entre AMLO y los empresarios para la contratación de jóvenes como aprendices, sin derechos laborales y con “salarios” que saldrán del erario público.
Así, la promesa de AMLO de cancelar la reforma cada vez está más en entredicho. A cambio se propone una consulta para construir un “acuerdo por la educación con calidad y equidad”, con la participación de los grandes empresarios y los charros sindicales, los mismos que impulsaron y avalaron la reforma educativa y fueron cómplices de la represión contra el magisterio. Lo que hace recordar los foros institucionales con los que Nuño y Peña Nieto avalaron la reforma actual.
Pero el 1° de julio el pueblo de México votó esperando un cambio, que incluye la cancelación de la reforma educativa y no podemos conformarnos con menos. Por el contrario, tenemos que ir por más.
Una transformación profunda de la educación pública requiere, por ejemplo, grupos reducidos y, para ello, más salones, más escuelas y más maestros; infraestructura escolar segura frente a los fenómenos naturales, con materiales y equipamiento suficiente para el desarrollo integral de niños y jóvenes; plazas automáticas y basificables para los egresados normalistas; horas dentro de la jornada laboral, remuneradas, para evaluar, planificar, dar y tomar asesorías, etc.; periodos alternados de actualización y frente a grupo, remunerados; estabilidad laboral, salarios dignos que aumenten de acuerdo a la inflación y plazas de tiempo completo para todos, con jornadas de trabajo de seis horas, cinco días a la semana, para maestros y padres de familia.
Todo esto supone, desde luego, un aumento sin precedentes del presupuesto educativo, cuyos recursos podrían salir del no pago de la deuda externa y de impuestos progresivos a las grandes fortunas, pero eso implica atacar los intereses de los grandes empresarios y el imperialismo, algo que el virtual presidente electo no está dispuesto a hacer.
Por eso, para frenar la implementación del NME y las evaluaciones punitivas, reinstalar a los maestros cesados, lograr la cancelación total y definitiva de la reforma educativa y conquistar la educación que merecen los hijos del pueblo trabajador, debemos apostarnos a la organización desde las escuelas, a la unidad de nuestras filas y con los padres de familia, para ganar en las calles todas nuestras demandas, con una política independiente del próximo gobierno, los empresarios y el charrismo sindical.
Las maestras y los maestros de México tenemos la palabra.