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Red Internacional
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Movimiento Estudiantil. El “mea culpa” que no quieren hacer las dirigencias de la CONFECH

En el último CONFECH las directivas hicieron un “mea culpa”. Pero apuntan sus dardos a razones menores que no explican el retroceso del movimiento estudiantil. Tratan así de quitarse responsabilidades de encima.

Dauno Tótoro

Dauno Tótoro Santiago

Martes 13 de septiembre de 2016

Una nueva sesión plenaria de la CONFECH se llevó adelante en Magallanes el pasado viernes 9 de septiembre. Uno de los debates que cruzó la discusión fue el problema de la “deslegitimización” del movimiento estudiantil, reflejada en la baja considerable en las encuestas de los niveles de apoyo a las marchas, y a la reducida convocatoria conseguida en la última movilización contra el endeudamiento, de hace dos domingos atrás.

Las principales dirigencias de la CONFECH explican el debilitamiento objetivo del movimiento estudiantil por diferentes motivos: desde el escaso compromiso a la hora de convocar, pasando por la falta de reflexión en torno a las condiciones de la organización, hasta por el problema de la “violencia”.

El problema de la violencia

Es en este último punto donde es necesario detenerse. Es que es cierto que hechos particulares como el ingreso a la Iglesia de la Gratitud Nacional, generaron importantes controversias y debates. Pero no es posible que las direcciones del movimiento estudiantil responsabilicen al problema de “la violencia” de unilateral.

Porque, mientras hablan de la violencia en general, no fueron capaces de realizar una defensa férrea a los cientos de estudiantes a nivel nacional que han sufrido persecuciones, expulsiones y sumarios. Y con declaraciones como “no se puede apoyar ningún mecanismo que dé pie a la violencia”, como dijo Carlos Vergara, de la FEUV y militante de la UNE, lo que hacen es facilitarle el camino a la política criminalizadora, orquestada por el gobierno y los rectores, y que saltó a la luz particularmente en la Universidad Alberto Hurtado, con casi 300 expulsados.

Y frente a toda esta situación, que muestran una línea política de castigar política, financiera y académicamente a los estudiantes, las dirigencias de la CONFECH poco y nada han hecho. Desde la ACR vemos que es necesario levantar una fuerte campaña nacional e internacional de ser necesario, en solidaridad y defensa de los expulsados o de los sumariados por motivos políticos, prácticas autoritarias que deben ser terminadas de una vez por todas por parte de las autoridades universitarias.

Qué estrategia para qué movimiento

Pero el debate anterior no es el problema medular en el debate de por qué actualmente el movimiento estudiantil se encuentra debilitado en relación a los meses pasados.

Es que las dirigencias de la CONFECH explican, además del problema de la violencia, por un doble motivo, el momento complejo del movimiento estudiantil. Primero, se refieren a problemáticas de corte más bien administrativo-organizativo. Entiéndase por esto: “falta de compromiso al convocar”, “no respetarse las síntesis en los puntos de prensa”, “los días de convocatoria”.

Y junto a esto, agregan un segundo elemento: “los procesos de movilización intensos”, que los consideran como una de las problemáticas en su mea culpa al asumir la pérdida de legitimidad social.

Con esos argumentos esconden el problema de fondo: su dirección política no entregó una orientación de acción clara al movimiento estudiantil, y lo llevó a la desorganización. Ejemplos de estos hay varios, como las subidas y bajadas de las mesas prelegislativas o “de diálogo”, o la línea de incidir en una reforma neoliberal en un Parlamento de políticos corruptos financiados por los empresarios.

O también la bajada de las movilizaciones el año 2015, cuando eran decenas de miles de profesores los que luchaban en las calles, y en lugar de apostar a lugar ambos procesos, el en ese entonces bloque de conducción, decidió bajar las paralizaciones para llegar a acuerdos con autoridades y negociar demandas internas, cuestión que se comprobó fue un error.

A su vez, el defender su línea política de incidir y de hacer lobby parlamentario, los llevó a hacer que las asambleas de base discutieran una y otra vez las mismas pautas de discusión, hasta que estas mismas se fueron desgastando y vaciando, debido a que se debatía permanentemente sobre lo mismo, sin que las dirigencias entregasen una salida clara.

Pero no sólo eso. Sino que además, el método de dirección que han llevado adelante, lleva al desencanto prematuro de los estudiantes de base con la organización estudiantil. Es que las asambleas de base, como vemos, tienen poco peso y no son determinantes. Lo que pesa son los plenos y las plenarias CONFECH, compuestas por representantes electos anualmente, que pueden hacer y deshacer, sin que la base pueda revocarlos. No existe un mandato directo de las asambleas a sus dirigentes.

Esto facilita que el movimiento estudiantil quede bajo los lineamientos de las dirigencias, y el peso de las discusiones de la base sea menor.

Entonces, la estrategia de incidir en el Parlamento, de utilizar la vía del lobby, de poner el debate en los términos del Parlamento, se condice con una estructura orgánica poco democrática, en el sentido de que la base no cumple un papel preponderante, sino que al contrario, es un número que, en la calle, le permite a las dirigencias negociar mejor posicionados tal o cual indicación a la reforma, utilizando el movimiento como un mecanismo meramente de presión.

Muy por el contrario, desde la ACR, creemos que la “pérdida de legitimidad social” del movimiento estudiantil tiene que ver con una conducción indecisa, que llevó finalmente una línea política de incidencia en una reforma promulgada por un gobierno y un Parlamento tremendamente cuestionados, y que no supo utilizar los “métodos de movilización intensos” a su favor.

Porque el problema no es el método en sí. Para ciertos momentos las tomas y los paros son necesarios. Y para hacer frente a la reforma eran claramente necesarios. El problema es que las dirigencias no les entregaron coherencia y conducción política claras, y terminaron por desgastarse. Y ahora, sin siquiera sonrojarse, culpan al método en sí mismo.

En el marco de un gobierno profundamente deslegitimado, el movimiento estudiantil podría a ver mantenido su papel de principal opositor al régimen político, y se abría fortalecido enormemente con alianzas importantes, con, por ejemplo, los docentes movilizados el año pasado, el movimiento feminista por el aborto legal y gratuito este año, o el movimiento No + AFP.

El problema entonces, no es del método (la toma o el paro), ni el mayor o menor compromiso para convocar a marchar (¡menos todavía la fecha de la marcha!), sino que el problema radica en la orientación y en la estrategia para el movimiento estudiantil.

Así, las dirigencias hacen un “mea culpa”, pero responsabilizan al método del paro o a razones secundarias, desconociendo su propia responsabilidad.

Ahora, en este momento complejo, es necesario fortalecer y democratizarlas instancias orgánicas de organización, al mismo tiempo que ligamos al estudiantado con otros movimientos y luchas de los trabajadores, las mujeres o el mismo pueblo Mapuche, para así ganarnos aliados fundamentales.

Al mismo tiempo, se debe cambiar radicalmente la estrategia política, avanzar en la confianza de las fuerzas del estudiantado, y apuntando también a la política interna de las universidades, con demandas como el fin al subcontrato, o la elección universal de autoridades unipersonales. Elementos claves, que pueden darle nuevas fuerzas al movimiento estudiantil.


Dauno Tótoro

Dirigente del Partido de Trabajadores Revolucionarios (Chile), y ex candidato a diputado por el Distrito 10.

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