Hoy tendrá lugar una nueva cumbre sobre el Clima de las Naciones Unidas. Mientras tanto los datos del aumento de los gases de efecto invernadero llegan a niveles record. Las medidas para reducir la emisión de estos gases son limitadas. La crisis económica de trasfondo nubla las posibilidades de revertir la tendencia.
Mariano Saleh @duroms
Martes 23 de septiembre de 2014 12:35
Solo queda un recuerdo de aquel tratado firmado en 1997, llamado “Protocolo de Kyoto”, donde los países firmantes se comprometieron a reducir el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero (el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O)) en un 5 % con respecto a los niveles de 1990. Estos gases en la atmósfera funcionan como un “termo” aumentando la temperatura terrestre. El último reporte de la Organización Meteorológica Mundial informa del aumento de los gases de efecto invernadero. Alerta también sobre el hecho de que el océano disuelve un cuarto del CO2 emitido, acidificando el medio con su consecuente reacción en los organismos que lo habitan.
La generación de electricidad está basada mundialmente en la quema de combustibles fósiles, alrededor de un 80 % depende de esa fuente de energía, y se calcula que esta actividad es un tercio de la producción de gases de efecto invernadero. Lejos de abonar un miedo infundado o visiones catastróficas que adoran los fundamentalistas ecologistas, la emisión de estos gases es preocupante en la medida en que la propia naturaleza no da a basto a sanear (recordemos que el CO2 es lo que “respiran” los vegetales).
Revolución shale versus revolución de renovables
Si bien el alto costo del gas y petróleo y el rápido agotamiento de reservas comenzaba a sacudir el esquema de producción capitalista, hoy el shale (gas y petróleo acumulado en rocas de esquisto) le permite una sobrevida. Las mejoras tecnológicas permitieron un boom en esta técnica de extracción mediante el abaratamiento de los costos. EE. UU. es el principal consumidor de petróleo y gas del mundo, y por estos días está pasando de ser un importador a exportador de gas, lo que presiona a la baja los precios mundiales de gas y petróleo. Estiman para 2016 comenzar a exportar gas licuado a Europa y Asia.
Sólo un puñado de países se plantea sustituir la generación termoeléctrica por las llamadas “fuentes renovables”, con Alemania a la cabeza, quien llegó al 28% de su energía producida de origen solar, eólica y biomasa. Aún posee más del 40% de su generación por lignito, el carbón más contaminante y con menos eficiencia. Sumado al plan de retirar la energía nuclear para 2022, el cual se aceleró luego del accidente en Fukushima en 2011, hace difícil por el momento reducir el nivel de emisiones que por el contrario se vio un aumento. La “retirada nuclear” le trae problemas adicionales a Alemania, que recurrió a la construcción de centrales de combustibles fósiles para cubrir los momentos en que la fuentes renovables no generan, cuando no hay viento o no brilla el sol.
En Alemania se debate fuertemente sobre el plan llamado Energiewende, que significa “revolución energética”. Al ser la energía eléctrica un sistema privado bajo reglas de mercado, los estados tienen que apelar a estímulos, subsidiando a los que instalen fuentes renovables y garantizando un precio mayor por energía entregada. Estos subsidios se trasladan a las facturas de los consumidores. Los primeros en chillar contra este sobrecosto de la energía fueron las empresas que dicen tener que competir en un mercado con China. El Gobierno de Angela Merkel eximió a las principales dos mil firmas de este impuesto.
En un contexto de crisis económica, los planes de sustituir combustibles fósiles por alternativas libres de gases de efecto invernadero son mínimos y a veces nulos. China optó por la energía nuclear y tiene planeado construir veinte nuevas centrales, y a su vez se dedicó a construir celdas fotovoltaicas a muy bajo precio, contribuyendo a bajar el costo de instalación de nuevas centrales en Alemania. Pero es nada comparado al crecimiento del carbón, el cual aumentó más en esta década que en los últimos cuarenta años, principalmente por China que hoy consume la mitad del carbón a nivel mundial, conllevando graves problemas de salud en las ciudades.
Muchas conferencias, pero el mercado dirige
Así, llegamos a esta nueva Cumbre sobre el Clima de las Naciones Unidas. Este domingo 21 de septiembre se desarrollaron movilizaciones masivas en todo el mundo para advertir sobre el cambio climático. La ONU quiere limitar el calentamiento global a dos grados centígrados respecto a la época preindustrial. Pero muchos científicos afirman que, vistos los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero, las temperaturas habrán aumentado al final del siglo XXI en más de cuatro grados respecto a esa época.
Se acumulan las conferencias, reuniones, congresos por el cambio climático pero el mercado sigue determinando la fuente de generación a nivel mundial, y la más económica, en términos monetarios, siguen siendo los combustibles fósiles. En un reciente informe de The Economist se analizan múltiples factores para determinar el costo/beneficio de la reducción de emisión de gases según su fuente. Habitualmente se utiliza el llamado “costo nivelado", que es la inversión de capital inicial sumado al costo de operación durante su vida útil. Para las “energías renovables” hay que agregarle el costo por cubrir la demanda en momentos en que las fuentes renovables no entregan energía (por ejemplo, cuando no hay sol). Este faltante de energía se debe cubrir con centrales de combustibles fósiles que ingresan rápido al sistema. En base a este cálculo global de las emisiones generadas se calcula que la energía eólica cuesta 25.300 dólares por MW al año más que el carbón, la energía hidroeléctrica es 156.800 dólares por MW al año más barato que el carbón, la nuclear es $ 261.300 más económica que esta. Y el gas Ciclo Combinado es $ 476,600 más barato. El ranking: gas CC, nuclear y la energía hidroeléctrica son todavía más rentables en la reducción de emisiones que la eólica y la solar.
Lo cierto es que mientras algunas economías se pueden permitir el pasaje a fuentes de baja emisión de CO2, lo que hay es un traslado hacia países menos exigentes como China e India, quienes aumentaron su generación fósil para cubrir la creciente demanda de la producción industrial, y para mantener los bajos precios de las mercancías es necesario mantener un bajo costo de la energía, por lo que el cambio climático tendrá que esperar.